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Reacciones en modo grieta

LA POLITICA, LOS MEDIOS Y EL ASESINATO DE FABIAN GUTIERREZ

Ciertos medios y la oposición han construido una alianza en la cual perdió la política, convencida de que el único lugar para ejercerla es frente a una cámara.
MARCOS MAYER
Hay en la oposición un reflejo condicionado: cualquier medida del gobierno está destinada exclusivamente a avasallar las instituciones y garantizar impunidades. Ese modo de funcionamiento lleva a que, frente a distintas cuestiones, Juntos por el Cambio no sea capaz de proponerle alternativas a la sociedad.
Apenas conocido el hallazgo del cuerpo de Fabián Gutiérrez y sin que trascendieran mayores detalles, Laura Alonso se apuró a postular un paralelo con la muerte de Nisman. Poco después Mariana Zuvic declaró que era de sus funcionarios a quien más odiaba Cristina. Algunas horas más tarde, Juntos por el Cambio dio a conocer un comunicado en el que pedía el alejamiento de la fiscal de la causa (sobrina de la vicepresidenta) y el traslado de la investigación a la Justicia Federal.

Ningún argumento.
Alcanzó con esto para instalar sospechas sobre la presencia de la mano de CFK detrás del crimen, sin ningún argumento que le sirviera de base. No hacía falta. Ya la sospecha estaba instalada y no se desvanecerá aunque los autores del crimen confiesen y revelen que los motivos nada tenían que ver con la política. Ya todo se había empiojado lo suficiente, que esa era la idea. Al día siguiente siguió esta línea de pensamiento conspiracional en Clarín con Eduardo Van der Kooy: «El asesinato de Gutiérrez no modifica la causa de los Cuadernos. Sus dichos fueron corroborados. Pero actualiza la oscuridad sobre la trayectoria de Cristina.» Lanata aportó lo suyo en un ejercicio de antiperodismo. Planteó que los asesinos estaban detrás del dinero K y agregó «es lo que creo, es una hipótesis, no tengo información».
¿Aprovechamiento político de una circunstancia oscura, al menos por ahora? Sin dudas. Pero también el indicio de que la oposición funciona con el acto reflejo de la grieta. Lo de Gutiérrez probablemente se vaya desvaneciendo con el paso de los días. Un personaje menor hace rato alejado de la política, aunque su caso se traerá a escena cada vez que se lo considere necesario, como una especie de Nisman devaluado. La cuestión es que operar exclusivamente con la dinámica de la grieta implica renunciar al ejercicio de la política.
Se puede decir que en algunos lugares del mundo se han elegido políticas de distanciamiento social (el único camino a mano para enfrentar la pandemia) diferentes a la argentina y con resultados diversos. Aun en esos países la elegida fue una alternativa entre varias y no sin discusiones dentro de la comunidad científica. Acá la oposición y sus voceros mediáticos y económicos se opusieron a la cuarentena decretada por el gobierno, pero jamás se propuso una alternativa. ¿Apertura completa cualquiera sea la cantidad de muertos? Aperturas parciales ¿pero en qué rubros?

Fogoneadores.
Probablemente no sean alternativas que vaya a escuchar el gobierno, que ya decidió el rumbo a seguir sino que sería una propuesta destinada a la sociedad. O sea, que la oposición plantearía, cumpliendo con su rol, alternativas a la comunidad diferentes a las oficiales. O, cuando se hace alguna propuesta carece de todo sentido, como la del comité de los economistas, a semejanza del de los científicos. ¿Para qué serviría juntar en una mesa a Claudio Lozano con Espert, a Zaiat con Milei o a Prat Gay con Martín Guzmán? La economía, como bien se sabe desde Adam Smith, es cosa de la política, no es una ciencia exacta.
Propuestas en serio, aun discutibles, lograrían evitar el manual de instrucciones de la grieta. La grieta existe (pese al discurso paz y amor de Alberto), pero incluso a nivel de las relaciones personales no siempre es obstáculo para la comunicación, aunque no sea en términos pacíficos o conciliadores. En el mundo de los medios, que son los grandes fogoneadores de la grieta y que hacen desde hace mucho tiempo su negocio con ella, no hay posibilidad de diálogo y de discusión. Porque así esa mercadería no funciona. Alguna vez Carlos Rottenberg le dijo a Majul que su programa era como un supermercado, había que abastecer la góndola con el producto que se demanda, en este caso el anticristinismo militante. Si él, o Leuco, o Lanata dejaran pasar unos cuantos programas sin aludir a CFK se quedarían sin el escaso público que los sigue.

La grieta mediática.
Evidentemente ciertos medios y la oposición han construido una alianza en la cual perdió la política convencida de que el único lugar para ejercerla es frente a una cámara o a un micrófono. Vaya como ejemplo el caso de Carrió, que se ausentaba de casi todas las sesiones de Diputados pero tenía asistencia perfecta en TN. Hay oficialistas que también creen en esto pese al Clío de Kicilof y a la larga tradición del peronismo en el trabajo de base.
Y al entrar en el negocio de la grieta mediática, la política destruye un pacto social, el de lo verosímil, por el cual hay cosas en las que se cree y en otras en las que no y que la diferencia pasa por el razonamiento y el análisis y no por la voluntad de que, pese a cualquier obstáculo, las cosas sean como se quiere que sean. Entonces, se llega sin dilaciones al comando venezolano-iraní en el caso de Nisman o se afirma la larga sombra de Cristina en lo de Gutiérrez. Sin pacto alrededor de lo verosímil no hay sociedad que pueda funcionar y negociar -hasta donde será posible- los conflictos. (Socompa).