¿Realmente no hay alternativa?

EL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL Y EL AJUSTE

El acuerdo con el FMI no trae demasiadas sorpresas: más ajuste y seguir con el rumbo ya trazado por el macrismo. No hay alternativas, dice el gobierno. Pero, ¿es cierto?
Eduardo Lucita*
La carta de intención con el FMI está a la firma. Como era previsible salvo por el monto del préstamo no hay mayores sorpresas. Exige continuar con el rumbo ya trazado por el gobierno pero acelerando el ritmo y la profundización del ajuste. ¿Realmente no hay alternativa?
Fue la ideología del libre mercado del gobierno la que nos metió en esta encerrona, que terminó con que el mejor equipo de los últimos 50 años no diera pie con bola. ¿Quién podría salvarnos entonces? obvio el FMI. A partir de la firma de la carta de intención será quién nos ordene la economía.

Un nuevo blindaje.
La crisis no está resuelta y siguen las turbulencias. El acuerdo firmado con el FMI alcanza un monto excepcional de 50.000 millones de dólares y un plazo de 36 meses, lo que implica que el compromiso alcanza también al próximo gobierno. Un primer desembolso de 15.000 millones y el resto como “precautorio”, por si hubiera nuevas “turbulencias”, más un complemento de 5.600 millones a prestar por organismos internacionales (BM, BID, CAF). En rigor un nuevo un “blindaje” que cubre los vencimientos de deuda hasta el fin del mandato del gobierno Macri.
¿Que contempla el acuerdo? Un ajuste adicional sobre el que ya venía haciendo el gobierno, que alcanzará a 19.300 millones de dólares hasta el 2020, (-3,7% del PBI). Implicará una fuerte reducción del gasto público (-30%), disminución de subsidios (-48%), menores salarios y servicios públicos (-13%), reducción de transferencias a las provincias (-74%), menor inversión estatal (-81%). Solo jubilaciones y otros rubros sociales muestran signo positivo (+7%).
El acuerdo se completa con un cambio de Lebacs (deuda del BCRA) por bonos (deuda del Tesoro Nacional) a plazos más largos y con tasas de interés atractivas para los inversores, en un plazo de tres años, lo que significa que las altas tasas permanecerán un tiempo. Se replantean las metas de inflación con un criterio supuestamente “más realista”, esto es mayor inflación.
Caída de obras públicas, continuidad con los aumentos de tarifas, pérdida del poder adquisitivo de los salarios e ingresos populares, mayor desocupación. En síntesis menor actividad laboral y mayor endeudamiento. Una perspectiva recesiva fuerte está en el horizonte cercano.

¿No hay alternativas?
“Era el FMI o un ajuste brutal” dicen los funcionarios, recurrieron así a la vieja fórmula de Margaret Thatcher: “There is not alternative” (No hay alternativas). ¿Es tan así? Desde esta columna preferimos aferrarnos al conocido lema de una marca deportiva: “Impossible is nothing” (No hay imposible).
Frente al acuerdo con el Fondo desde esta columna pensamos que estamos a tiempo de poner en marcha un programa de emergencia, que no resolverá los problemas estructurales del capitalismo argentino (como tampoco lo hace el del FMI), pero que evita una nueva catástrofe social y abre un curso a un programa realmente transformador.
Hay que comenzar por poner un freno al saqueo de divisas mediante el control de los flujos financieros y los movimientos del capital. Por lo tanto control de cambios y tipos de cambio diferenciados según actividades; administrar las reservas según prioridades productivas; suspender los pagos de la deuda y auditarla. Es urgente desactivar la bomba de tiempo de las Lebacs, transformando en encajes bancarios el 40% en mano de los bancos, el resto canjearlas por otros títulos reestructurando sus vencimientos a largo plazo, garantizando el valor real de los activos en poder de la Anses y pequeños ahorristas.
Es necesaria la regulación estatal de los depósitos y préstamos del sistema bancario para generar oferta monetaria que impulse la producción e inversiones, así como el control estatal del comercio exterior imponiendo que todo el movimiento de divisas pase por los bancos públicos, reponiendo la obligatoriedad de liquidar las divisas de exportación en el mercado de cambios oficial.

Lo que hace falta.
En paralelo se puede atacar el déficit fiscal por el lado de los ingresos y no solo por los gastos del sector público. Reimplantando los derechos a las exportaciones agropecuarias y mineras, segmentándolas. Gravando los bienes suntuarios e imponiendo un impuesto por única vez a las superganancias financieras y a los activos blanqueados que permanecen en el exterior. Revisar los subsidios a las petroleras, las exenciones impositivas y regímenes especiales a empresas y sectores productivos y de servicios. ¿Por qué no pensar en suspender hasta el 2019 los subsidios a los distintos credos confesionales? ¿Porqué no crear un fondo de emergencia con el aporte obligatorio de un mes de sueldo de todo el funcionariado político de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, en los niveles nacional, provincial y municipal?
Finalmente se puede devolver capacidad adquisitiva a los ingresos populares reduciendo el IVA a los artículos de primera necesidad, fijando y controlando los precios, retrotrayendo el tarifazo a noviembre pasado y congelando las tarifas hasta que pase la crisis. Reabriendo las paritarias sin techo y dando un aumento de emergencia a jubilados, AUH y otros planes sociales. Prohibiendo los despidos y suspensiones mientras dure la crisis.
Es solo un listado de posibilidades seguramente incompleto, pero que muestra que hay alternativas. Solo hace falta voluntad política.

*Integrante del EDI (Economistas de Izquierda).