domingo, 22 septiembre 2019
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Reinas del pasado

Los concursos de belleza para elegir las «reinas» de las fiestas provinciales volvieron a despertar una polémica en las últimas horas. Luego del anuncio oficial de que dos de esas celebraciones tan arraigadas en las comunidades pampeanas no contarán en sus programaciones con desfiles ni elecciones de jovencitas que son juzgadas por sus atributos físicos estalló la discusión. La actual reina provincial del Trigo reivindicó la permanencia de esos certámenes y cuestionó en duros términos a la secretaria de Cultura de la Provincia por promover su eliminación. La funcionaria, en tanto, le contestó explicándole su postura e invitándola a abrazar «causas más importantes para defender».
Más allá de la diferencia generacional entre ambas lo que quedó planteado en el debate es la persistencia de dos posturas que desbordan por mucho las opiniones personales de las antagonistas. Aunque en retroceso, todavía persisten en la sociedad sectores que no se cuestionan la persistencia de estas «actividades culturales» que no hacen otra cosa que degradar la percepción de la mujer. Los enormes avances que en materia de políticas de género se vienen registrando en nuestro país no parecen permear a esta parte de la sociedad que persiste en defender posturas conservadoras que le asignan a la mujer un rol poco menos que decorativo y en donde el concepto de «belleza» encaja a la perfección con esa mirada proyectada desde una concepción patriarcal.
Los movimientos que defienden los derechos de las mujeres, con toda su amplitud y sus numerosas vertientes, han logrado avances incuestionables. Y en esa lucha se han destacado visiblemente las generaciones más jóvenes que han ocupado un rol protagónico a la hora de poner el cuerpo en las movilizaciones multitudinarias que han tenido lugar en todo nuestro país. Esta circunstancia torna más sorprendente el hecho de que en este nuevo debate sea una mujer muy joven la que decide ubicarse en una posición anacrónica.
De todos modos, y acompañando los cambios favorables que se observan en la materia, en nuestra provincia también va avanzando de a poco una toma de conciencia que lleva a observar a las «reinas de la belleza» como un fenómeno que, lenta pero firmemente, va entrando en el pasado.

Una vieja deuda
Las recientes declaraciones del jefe de la Policía provincial a este diario vuelven a ponernos de cara ante una de las mayores deudas de la democracia: la vigencia de las normas jurídicas que rigen el funcionamiento de la institución, aprobadas hace cuatro décadas bajo la última dictadura cívico-militar.
La sola mención al Departamento de Información -una división interna de la fuerza nacida para realizar tareas de inteligencia interior, es decir espionaje, sobre los ciudadanos- debería haber obrado hace mucho tiempo en nuestros legisladores a fin de apurar un cambio imprescindible para su salud institucional. Ahí están los dos juicios de la Subzona 14, con sus condenas ejemplares, para mostrar cómo sirvió la Policía para someter a la población bajo el terrorismo de Estado y el rol que le cupo a aquella ominosa dependencia.
Que hayan pasado cuarenta años sin cambiar la normativa que debe regir nada menos que el accionar de la Policía no habla bien de los sucesivos gobiernos y de las diversas composiciones de la Legislatura provincial que pasaron en este extenso período. Semejante «olvido» aparece muy visible en la columna del «debe» de la democracia pampeana y obliga a una profunda reflexión por parte de nuestra clase política.
Hoy está avanzando la reforma y se espera que la Cámara de Diputados en poco tiempo más deje subsanada esta inexplicable omisión. La memoria de las numerosas víctimas de la represión desatada bajo la dictadura debería guiar a los legisladores para terminar cuanto antes con esta tarea pendiente.