Inicio Opinion Reino de mentiras

Reino de mentiras

Jueves santo, el avión Airbus 330-200 de Aerolíneas Argentinas acababa de posar sus ruedas sobre la pista de aterrizaje del aeropuerto de Ezeiza. Trajo un millón de vacunas Sinopharm de China. Y los periodistas del canal de La Nación entrevistaban a un médico. El profesional dijo algo que compite por la medalla de oro en el mundial de la obviedad: «Habría que seguir los consejos de los fabricantes de las vacunas. Para algo se dice que se den dos dosis en esos intervalos».
Los conductores del programa asentían con la cabeza y rápidamente el zócalo disparó: «Gran preocupación, la vacuna china no inmuniza lo suficiente».
Hace dos semanas, en ese mismo medio y en los otros del establishment, había una estrategia publicitaria sobre el proceso de vacunación en Chile. El país vecino tiene inoculado cerca del 40% de la población con al menos una dosis. Esto, por ahora, no ha podido frenar la ferocidad de la segunda ola de Covid-19, ni evitar el aumento de casos y fallecidos, ni la necesidad de tomar medidas restrictivas a la circulación.
Chile avanzó muy rápido en la vacunación. Apostó por la vacuna de Sinovac, que tiene menos demanda en el mundo porque mostró una eficacia del 50% con dos dosis. Al tener menos demanda, es más fácil que el laboratorio, que también produce en Brasil, garantice las entregas. Por supuesto, en el reino de mentiras, nadie contó esta parte del proceso. Esa eficacia -50%- es la que exige la OMS y la que suele tener la vacuna que todos los años los adultos mayores se dan contra la gripe. No se trata de cuestionar la estrategia chilena, en la pandemia nadie está libre del ensayo y error. A lo mejor, inmunizar rápido a gran cantidad de población con una vacuna más endeble es mejor que esperar la llegada de las otras. Nadie lo sabe.
Inglaterra logró bajar de modo excepcional la letalidad del virus vacunando al 45% de la población con una sola dosis de Oxford AstraZéneca. La decisión argentina de poner toda la energía en garantizar al menos una dosis a la población de riesgo se inspiró en el resultado inglés. Por supuesto que ese éxito fue destacado por la derecha, omitiendo que se logró con una sola dosis. Porque, si no, no podrían cuestionar lo que hace el gobierno nacional, alimentando el clima de angustia y confusión, cuyo objetivo es abrirse camino sobre una montaña de muertos por Covid-19.
Patricia Bullrich se la pasó dos semanas diciendo que el problema era que el gobierno nacional centralizaba la compra de vacunas, como si fuera una cuestión económica. Se sabe que el problema es la productividad de los laboratorios. No dan abasto.
En el caso de Estados Unidos, donde al Estado no le tiembla el pulso cuando tiene que intervenir en el mercado, más allá del discurso que venden hacia fuera del imperio, cerraron la exportación de vacunas y de todos los insumos necesarios para producirlas, América First.
El recorrido del discurso de la derecha mediática y política resulta casi enloquecedor. Primero la vacuna Sputnik V no era segura porque la hacían en Rusia. Luego, cuando The Lancet enterró esa línea de acción, se retrasaron los envíos. Entonces empezó la campaña que decía que debía permitirse a las provincias comprar. Se llegó a decir que «mantener relación con el mundo» que había durante el gobierno de Macri habría garantizado más vacunas.
Ahora que llegaron al menos 2 millones y medio en los últimos 15 días, y Argentina se acerca a tener vacunado al 10% de la población, el mismo promedio de la Unión Europea, se cuestiona la decisión de aplicar una sola dosis, por ejemplo con la Sinopharm.
El presidente contagiado de Covid le dio un nuevo impulso a la rusofobia y la campaña del terror.
Las principales víctimas de esta acción psicológica son quienes confían en esos medios y dirigentes. Es una persona encerrada en un cuarto, con los párpados abrochados a las cejas, sin poder cerrar los ojos y mirando todo el día esos canales de televisión. Es La naranja mecánica, una tortura psicológica. Su objetivo: que fracase la campaña de vacunación aunque eso implique acumular cadáveres para debilitar al gobierno y que pierda las elecciones de este año. (Por Demián Verduga para Tiempo Argentino)