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Reivindicación de lo público

Dos noticias, en apariencia inconexas, publicadas ayer por este diario dan cuenta de un proceso alentador que está viviendo nuestro país, quizás oscurecido hoy por la sorpresiva y contundente irrupción del Covid-19. La rescisión de los contratos de obras públicas realizados durante el macrismo bajo el sistema de Participación Público Privada (PPP) y la posibilidad de que el Banco de La Pampa se convierta en el agente financiero del Estado puntano expresan una idea rectora común.
La marcha atrás con el modelo PPP es una buena noticia. Ese engendro ya había fracasado en Europa dejando un tendal de deudas siderales que debieron ser afrontadas por los Estados. Se trata de un sistema que, como todo producto «made in neoliberalismo», privilegia las finanzas por sobre la producción. En este caso las grandes empresas constructoras -multinacionales muchas de ellas- se hacían cargo de las obras viales licitadas, de su financiamiento y, como frutilla del postre, de la futura explotación de las autopistas. Todo cotizado en dólares, con tasas de interés altísimas y, por supuesto, con el Estado como garante del negocio de los privados. El derrumbe estrepitoso de la economía que provocó «el mejor equipo de los últimos cincuenta años» dio por tierra con ese negociado. La decisión del actual gobierno nacional de desactivar definitivamente ese sistema y de llevar a cabo un plan de obras públicas por fuera de tal modelo, implica un alivio para las cuentas públicas y una recuperación del rol del Estado en la materia.
Con relación al anuncio del gobernador de San Luis de contratar al BLP como agente financiero de su provincia, significa un reconocimiento a la banca pública pampeana y a sus gobiernos que no cedieron a las presiones para privatizarla. Como se recordará, en la década de los noventa del siglo pasado tuvo lugar la segunda ola neoliberal en nuestro país -la primera llegó con la dictadura- con su secuela de privatizaciones ruinosas. En esos años la mayoría de las provincias se desprendieron de sus bancos públicos y hoy están pagando caro aquella aventura. La Pampa fue una de las pocas provincias que no cedió a los cantos de sirena privatizadores y hoy tiene un banco oficial solvente que respalda las políticas económicas del Estado. No puede decir lo mismo San Luis, de ahí que este sorpresivo anuncio viene a ser una suerte de tardío reconocimiento de un error y, a la vez, una reivindicación del rol que cumplen los bancos públicos.
En ambas actividades: la obra pública y la financiera, aparece hoy una revalorización del Estado como agente activo. No es un hecho menor en un país que suele caer periódicamente en la trampa de los proyectos de la elite económica, convenientemente maquillados con globos de colores. Este duro aprendizaje político debiera consolidarse para evitar nuevas frustraciones y dolorosas experiencias que se pagan con pobreza, desempleo, destrucción del aparato productivo y endeudamiento externo. Una cosa es el Estado como promotor del bienestar general, y otra muy distinta el Estado al servicio de la acumulación del capital. Si no se aprende esto viviremos condenados a repetir la historia.