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Renace un viejo debate público

La noticia que publicó este diario sorprendió a la ciudad: el Comando de la X Brigada Mecanizada y la Compañía de Comunicaciones se trasladarán a Bahía Blanca y solo quedará en nuestra ciudad la Compañía de Ingenieros, con lo cual la mayoría de los efectivos militares abandonará la ex Escuela Hogar de Santa Rosa. El impacto de la información se reflejó en los incontables llamados telefónicos que ayer por la mañana se recibieron en Radio Noticias, la gran mayoría de ellos para celebrar la posibilidad de que el edificio vuelva a la jurisdicción local y deje de ser una sede militar para volver a tener una función educativa o cultural. No faltó, incluso, la propuesta de mudar la municipalidad a esa amplia edificación.
El interés parece indicar que buena parte de la sociedad santarroseña nunca terminó de aceptar aquella ocupación «manu militari» -nunca mejor aplicada esta expresión pues el hecho tuvo lugar durante la última dictadura- de un espacio educativo por parte de las Fuerzas Armadas. Los memoriosos recordarán que la misma polémica se vivió hace casi cuarenta años cuando los santarroseños se enteraban que el Cuarto Cuerpo del Ejército se instalaría aquí y se desplazaría la Escuela Hogar a otro edificio, mucho más pequeño y frágil, que se erigió sobre la avenida San Martín.
Claro que en aquellos años de dictadura el debate público no tuvo, ni por asomo, el vigor de los que luego llegarían con la democracia. Algunas pocas voces -LA ARENA entre ellas- se levantaron entonces para objetar aquella decisión con algunos argumentos sólidos. Primero: había terreno de sobra para ubicar la unidad militar en la sede del Regimiento de Toay. Segundo: quitarle el edificio a una institución tan entrañable como la Escuela Hogar, no aparecía como una medida digna de aplauso. Y tercero: a muy poco tiempo del diferendo limítrofe con Chile que estuvo muy cerca de convertirse en un conflicto bélico -y en cuyo desarrollo en nuestra ciudad se realizaron operativos de oscurecimiento- la instalación de un cuerpo del Ejército en el área urbana convertía a la capital pampeana en un blanco militar. Hoy este argumento despertaría sonrisas pero hay que ubicarse en aquellos años en que ambos países sufrían dictaduras necesitadas de maquillar sus pésimas imágenes con «hazañas» de tipo nacionalista. La posterior guerra de Malvinas mostraría que aquel temor estaba ampliamente justificado.
Pero cabe señalar que mucho más notorias y entusiastas fueron, en aquel tiempo, las manifestaciones públicas en favor de la llegada del cuerpo militar, básicamente en el sector del comercio, al entender que su arribo aportaría a la actividad económica local.
Con el retorno de la democracia las muestras de disconformidad volvieron a la superficie a través de sucesivas movilizaciones de vecinos que nunca se resignaron a la apropiación militar del edificio escolar. En distintas etapas esas expresiones se materializaron en peticiones ante las autoridades tanto provinciales como nacionales.
Hoy con esta sorpresiva noticia vuelve a renacer el viejo debate y es de esperar que, ahora sí, se abran puertas y oídos en los despachos oficiales ante la demanda.