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Reparación de un daño ambiental

Es una buena noticia que ya se encuentre funcionando a pleno la planta de tratamiento de barros residuales en el punto inicial del acueducto del río Colorado. Las nuevas instalaciones son complementarias de la planta de potabilización del agua que se extrae de ese curso fluvial y se inyecta en el caño que la transporta hacia Santa Rosa y otras localidades de la provincia.
Ahora bien, dicho esto también hay que decir que se trataba de una vieja deuda del Estado pampeano pues esta planta debió haberse inaugurado simultáneamente con toda la obra del acueducto. No es difícil de entender. Este equipamiento permite, como su nombre lo indica, que se traten los desechos que se generan en uno de los procesos de purificación del agua: la extracción del material sólido limoarcilloso que transporta en suspensión el río Colorado y que le otorga el color característico a sus aguas. Las sustancias químicas que se utilizan en ese proceso -sulfato de aluminio entre otras- junto con el barro resultante ahora, con el nuevo tratamiento, son derivados hacia bolsas especiales, en tanto otra parte regresa al cauce del río con contenidos minerales mínimos, por debajo de los límites establecidos en la normativa vigente. De tal modo, ahora comenzó a reducirse sustancialmente el impacto ambiental negativo del procedimiento de potabilización del agua que consumimos miles de pampeanos.
Los lectores de este diario observaron más de una vez en sus páginas noticias acerca de los reclamos de la provincia de Río Negro en virtud de este problema. Hace muchos años que la jurisdicción vecina venía exigiendo la incorporación de este equipamiento porque los efluentes que regresaban al río desde la planta potabilizadora no estaban tratados adecuadamente y provocaban efectos contaminantes. Si se recuerda que la localidad de Río Colorado, con su extensa área bajo riego, se encuentra aguas abajo de Pichi Mahuida, el lugar de emplazamiento de la toma del acueducto, se comprenderá de inmediato la inquietud del Estado vecino.
La fuerte caída de los caudales del Colorado en los últimos años no hacía más que agravar este problema: con menores volúmenes de agua circulando por el cauce se retarda el proceso de dilución y asimilación de los efluentes de la planta potabilizadora que, sin el actual tratamiento, volvían a incorporarse al río.
Ahora La Pampa puede decir que ha hecho los deberes y que solucionó un viejo déficit ambiental que data desde la puesta en marcha del acueducto. Si se quiere, otra muestra más de los múltiples inconvenientes que trajo aparejada esa megaobra que, hoy se sabe, se llevó a cabo sin las especificaciones de un proyecto porque lo único que estaba disponible al momento de su construcción era un anteproyecto. Las frecuentes salidas de servicio hablan de las fallas constructivas que hoy seguimos padeciendo los pampeanos, especialmente en la temporada estival.
De todos modos, y a pesar de esas circunstancias, hoy corresponde destacar este avance porque también habla de la conciencia que ha ganado a gobernantes y gobernados en una provincia que ha sufrido como pocas gravísimos daños ambientales provocados por decisiones tomadas en otras jurisdicciones.