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Retraído, no retirado

A seis meses de haber dejado la Casa Blanca, Donald Trump busca reposicionarse en el centro de la escena política. Sin redes sociales que hagan eco de su discurso, y en medio de las investigaciones de la Justicia de Nueva York a su emporio por posibles delitos fiscales, decidió contraatacar con sus característicos golpes de efecto. La semana pasada anunció desde su club de golf que demandaría a Facebook, Twitter y Google por suspenderlo indefinidamente de las plataformas digitales. Días después se presentó ante los sectores más duros de la base republicana en Dallas.
Son pocas las veces que Trump se muestra en público tras abandonar la presidencia el pasado 20 de enero. Apenas sale del complejo que posee en Mar-a-Lago, en las playas de Florida, pero el domingo voló hasta Texas para asistir a la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) e insistir en que le robaron la elección. La misma idea que justificó el asalto al Capitolio fue ovacionada por el público de Dallas, que pareció confirmar al exmandatario como el candidato natural republicano en 2024.
Aunque aún no lo diga de manera oficial, Trump está en campaña. «A esta altura todo indica que quiere ser candidato. No hay nadie que le compita por el control del Partido Republicano», dice Ernesto Calvo, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Northwestern, Chicago. Sostiene además que el líder republicano sabe llevar los problemas legales y que ejerce un liderazgo comparable al de Ronald Reagan en los ’80. Parte de su plan para regresar a la Casa Blanca implica consolidar la identidad del partido según los lineamientos del trumpismo. De cara a los comicios de medio término del año que viene «apoyará a algunos candidatos como propios y se opondrá a otros que son vistos como moderados o no leales», afirma Calvo.
En un claro guiño a los votantes cubano-estadounidenses del sur de Florida, Trump exigió al actual presidente Joe Biden, mano dura con el gobierno de Cuba. En ese sentido, el sociólogo Silvio Waisbord asegura que a los republicanos siempre les funcionó apelar al anticomunismo. «Trump le da otra envergadura a ese discurso y trata de correr a los demócratas con Cuba», subraya.
Para el investigador de la Universidad George Washington, sencillamente Trump nunca se retiró. «Si no es el rey de la escena política republicana, es el que va a favorecer al próximo candidato presidencial. Su aparición en Dallas es una respuesta al proceso legal que se le viene encima y la forma de fortalecer su liderazgo», dice Waisbord, que ata la suerte de Trump a su capacidad de impedir el surgimiento de una candidatura alternativa. Una interna competitiva restaría los millonarios recursos que requiere toda campaña presidencial.
La polarización sigue siendo el combustible que alimenta su estrategia, al tiempo que critica la política migratoria de Biden, celebra a los gobernadores que boicotean las medidas sanitarias federales y lidera la ofensiva para limitar el derecho al voto a través de las legislaturas estaduales. Biden aseguró el martes pasado que el ataque a los derechos electorales en los estados de mayoría republicana representa la mayor amenaza a la democracia desde la guerra civil y responsabilizó, sin nombrarlo, a su antecesor: «En EE UU, si uno pierde, acepta el resultado y respeta la Constitución». Entiende que si no se quiebra la mutua dependencia entre Trump y los dirigentes republicanos, cualquier esfuerzo por alcanzar consensos es una batalla perdida. (Patricio Porta, Tiempo Argentino).