Ríos: el rock se suma a la lucha

Dentro de las particularidades del reclamo de los derechos pampeanos sobre los ríos interprovinciales, único en el país por su magnitud y extensión en el tiempo, siempre se destacó el llamado “Cancionero de los ríos”, una obra artística colectiva de honda raíz popular que, a través de la música y la poesía, abordó en forma original y elocuente la reivindicación de nuestros derechos conculcados.
Por cierto puede decirse que la historia del “Cancionero…” es intergeneracional y reconoce más de medio siglo de existencia. Además su espectro expresivo resulta notable ya que abarca desde la poesía y la música nacidas en el mismo seno del pueblo que sufrió el despojo, hasta las expresiones más elaboradas y trascendentes de los artistas provinciales. No dejó de convocar incluso a autores foráneos que nos brindaron canciones emblemáticas como la “Zamba del río robado”, compuesta por el inolvidable poeta salteño Manuel J. Castilla, impresionado y dolido ante el gran desierto del oeste pampeano y las causas de su generación.
Pero los tiempos y las formas del arte mutan, cambian en función de circunstancias que no pueden analizarse aquí. De allí que resulta digna de destacar la perduración del espíritu de lucha bajo la forma de otras representaciones musicales y literarias que responden a los rasgos culturales de las nuevas generaciones. Hoy es el rock la expresión musical que enarbolan los jóvenes pampeanos para canalizar su demanda de justicia.
Pude gustar más o menos a los mayores pero esa música, gran herencia cultural de los afroamericanos del sur esclavista, capturada en beneficio propio por la gran industria discográfica y exportada a todo el mundo, ancló con fuerza en los jóvenes y se tiñó con los colores locales de vastas regiones del planeta. Ese proceso de mestizaje otorgó al rock ciudadanía universal, como también el jazz y, por qué no, el tango pueden reclamar. Alcanza con ver el fuerte movimiento cultural que generó en nuestro país y la notoriedad que logró más allá de nuestras fronteras.
De allí que el surgimiento de un movimiento llamado, precisamente, “Rock por los ríos pampeanos” no puede dejar de saludarse como un fresco y renovador empujón juvenil a la trajinada lucha de los pampeanos que lleva casi medio siglo de vigencia. La prueba de lo expresado estuvo en la reciente reunión de Música en la Plaza donde, en una actividad organizada por la Asamblea de los Ríos Pampeanos en favor de contribuir a la conciencia sobre esa problemática, fueron actores principales algunas bandas de rock junto a otra de tambores. Además y para que no quedaran dudas se leyó un documento de reclamo por el agua.
La iniciativa es triplemente elogiable: porque proviene de una nueva oleada juvenil, que no tiene mayores inconvenientes en incorporar a sus formas expresivas un serio problema de la provincia; porque es un claro indicador del dinamismo de ese movimiento cultural y porque, sin reñir con las formas originales que exponían el problema, aporta a la memoria popular según los códigos y las motivaciones actuales.