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Rumbo a las elecciones

DE CERTEZAS, EVIDENCIAS, INCOGNITAS Y UN MAR DE DIFICULTADES

La incertidumbre política está despejada. No, en cambio, las dimensiones económica y social que indican que el camino al 27 de octubre es de cornisa y los márgenes de maniobra para después del 10 de diciembre, muy estrechos.
EDUARDO LUCITA*
A esta altura de los acontecimientos en el plano político, y cuando solo faltan 23 días para las elecciones generales, hay al menos una certeza y una incógnita. La primera es que los analistas ya descartan una recuperación de la fórmula Macri-Pichetto que le permita entrar en el balotaje y dan por ganadores a Fernández-Fernández.
Aquí hay que incorporar una evidencia: el crecimiento de la fórmula Lavagna-Urtubey, que algunas estimaciones privadas suponen puede llegar a duplicar la votación del 11 de agosto pasado. Si así fuera, que está por verse, se abre la pregunta ¿de dónde vendrían esos votos? El macrismo quisiera que del peronismo, algo que parece difícil de comprobar, por el contrario todo indica que hay una tendencia a un voto vergonzante de quienes en 2015 y 2017 votaron Cambiemos y ahora se inclinan por Consenso Federal. Esto se ha puesto en evidencia en numerosos programas televisivos y radiales en que los entrevistados y no pocos entrevistadores confiesan públicamente este cambio de preferencias. Se dice es importante también entre los empleados de la banca privada y entre sectores docentes de la provincia de Buenos Aires que están muy desilusionados con Macri y enfrentados con Vidal pero que recuerdan sus peleas con Scioli. Hay que adicionar que al principio Lavagna era el candidato natural del llamado «círculo rojo».

La brecha.
Esto abre la incógnita: ¿la brecha entre las dos fórmulas mayoritarias se estirará o por el contrario se achicará respecto de las PASO? Si esa brecha se reduce será considerada un triunfo por el oficialismo ya que fortalecerá una futura bancada parlamentaria de Juntos por el Cambio, por el contrario si se amplía podría ser una verdadera catástrofe que pondría en riesgo la alianza misma. La elección en Mendoza del domingo pasado pareciera ir en la primera dirección, pero fue una elección totalmente local.
En el plano económico financiero tenemos dos certezas. Una es que el FMI en forma unilateral ha puesto en suspenso las relaciones con el país hasta tanto se conozcan los resultados electorales de 27 próximo. Recién ahí decidirá el ansiado desembolso de 5.400 millones de dólares, lo quiere discutir con el próximo equipo gobernante en el marco de un nuevo acuerdo, veremos con que condicionantes.
Otra es que la economía real sigue en picada. La producción industrial, la construcción, el consumo, el comercio, la intermediación financiera, las transacciones inmobiliarias todas estas variables muestran números negativos, que en algunos casos promedian 12 y 14 meses consecutivos de caída. Solo la actividad agropecuaria muestra datos positivos. La capacidad instalada ociosa promedia entre el 40 y el 50 por ciento según las ramas. Han cerrado miles de empresas y comercios.
Los datos dados a conocer por el Indec correspondientes al segundo trimestre de este año muestran el daño social que el modelo de valorización financiera implementado desde el 2016 está causando. La desocupación llegó al 10,6 por ciento (2.050.000 personas, 250.000 más que un año atrás) y la subocupación al 13,1 por ciento (2.530.000, 420.000 más que en 2018).En total 4.580.000 personas que tienen problemas con el empleo. Los salarios reales cayeron entre el 15 y el 20 por ciento, la mitad de los trabajadores tienen ingresos por debajo de la línea de pobreza.

Más pobres y desiguales.
Una curva de desocupación que crece y una de salarios e ingresos populares reales que desciende no puede más que arrojar un incremento de la pobreza. Así lo muestran los datos correspondientes al primer semestre de este año dados a conocer el lunes. La pobreza llegó al 35,4 por ciento (15.800.000 personas, 3.250.000 más que hace doce meses) y la indigencia al 7,7 por ciento (con un 1.100.000 de nuevos indigentes respecto al mismo período del 2018). Según el economista Claudio Lozano a fines del tercer trimestre la tasa de pobreza sería del 36,7% y la de indigencia del 8,3 (16.500.000 millones de pobres y 3.700.000 de indigentes).
Consecuentemente la desigualdad social se ha incrementado. A junio de este año el 10 por ciento más rico de la población se apropiaba del 31,9 por ciento de los ingresos, mientras que el 10 por ciento más pobre solo recibió el 1,6. La diferencia a favor de los primeros es de 20 veces. El Coeficiente de Gini, que se utiliza para medir la desigualdad por ingresos (cuanto más cerca de 1 mayor desigualdad) arroja que está en 0,434 cuando un año atrás era de 0,422.
No hay dudas, sino certezas, que a diciembre próximo todos estos indicadores serán peores.
Pero si estos son los datos de las dimensiones económico-sociales de la crisis, la dimensión financiera no es menos dramática. Argentina entró en default selectivo -según la nueva categoría al uso- cuando el gobierno decidió «reperfilar» parte de la deuda de corto plazo, postergando sus pagos por tres a seis meses. En forma inédita el macrismo defaulteo deuda tomada por el mismo y además lo hizo en nuestra propia moneda. Pero esto solo pateó para adelante el problema, al que hay que sumarle los vencimientos con el FMI y los de la deuda en bonos, además de las Leliq.

Insolvencia.
Los gurús de la city caracterizan la actual crisis de deuda como de iliquidez, ya que el Estado no cuenta con los fondos necesarios para hacer frente a los vencimientos en los plazos establecidos. Pero en paralelo niegan que haya insolvencia. Sin embargo si el Estado no tiene capacidad de repago ni tampoco una economía capaz de hacer frente a las obligaciones futuras ¿Qué es sino insolvencia?
Salvo la izquierda todas las opciones políticas en pugna están decididas a pagar la deuda, ni siquiera se les ocurre suspender los pagos e investigar las maniobras del central en estos cuatro años que nos costaron miles de millones de dólares.
Así los márgenes de maniobra con que se encontrará el próximo gobierno son muy estrechos y se corre el riesgo de que 2020 resulte nuevamente un año recesivo. Mientras el camino a octubre es un desfiladero cargado de potenciales accidentes.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).