Rutas cubiertas con estrellas amarillas

La dramática secuencia de accidentes fatales en la provincia no registra antecedentes. Los números son tan calamitosos que asombra sobremanera que las autoridades responsables -es un decir- continúen sin inmutarse en sus respectivos sillones. Y más todavía cuando no se han apagado los ecos de los durísimos cuestionamientos que recibió la cúpula del Ministerio de Seguridad por su deficiente desempeño en materia de prevención y combate de incendios rurales.
La ausencia de declaraciones públicas con respecto a estos dos temas de tanta gravedad y repercusión social estaría revelando la falta de respuestas que demanda, en forma urgente, la sociedad pampeana. Que muera más de una persona por día en las carreteras no es un resultado que un funcionario del área de la seguridad pública de cualquier jurisdicción quisiera exhibir en su legajo. Que se queme casi un millón de hectáreas en unos pocos días, tampoco.
No hay más remedio, entonces, que darle la razón a los cada vez más pampeanos que opinan que la de Seguridad es la cartera menos presentable que puede exhibir el gobierno provincial. La estrategia de acumulación política que sostiene la cabeza del ministro en el gabinete está puesta a prueba y todo indica que va perdiendo combustible. Es bien sabido que el funcionario tiene aceptación en una porción del electorado que muestra debilidad por las figuras autoritarias y hasta antidemocráticas. (La condena judicial que pesa sobre su cabeza exime de mayores comentarios al respecto). Sin embargo tensar la cuerda del pragmatismo político podría acarrearle un dolor de cabeza al gobierno cuando la incompetencia ministerial sigue sumando traspiés en temas muy sensibles, con altos costos en vidas humanas y en recursos económicos.
La sucesión de tragedias en las rutas pampeanas habla de un abandono inadmisible de la tarea elemental de controlar la seguridad vial. No es un problema nuevo, pero se ha venido agudizando sin solución a la vista. Y lo peor es que desde muy cerca -hablamos de provincias limítrofes- llegan ejemplos a raudales de comportamientos opuestos en materia de controles viales que aquí se prefieren ignorar olímpicamente. Las rutas de esta provincia parecen ser zonas liberadas para los conductores inconscientes. Quienes las transitan son testigos de esa calamidad. La infinidad de oyentes que llaman a las radios quejándose por la gran cantidad de “irresponsables” al volante en las carreteras pampeanas es un indicativo de que las cosas se están haciendo muy mal. Los resultados catastróficos están a la vista de todos.
La vida no puede tener tan poco valor. Mientras se aguarda la eternamente demorada remodelación de las rutas y su adaptación al crecimiento del tránsito no puede aceptarse resignadamente y como una fatalidad que tantas muertes sigan ocurriendo en las carreteras pampeanas. Es imperioso un cambio en la visión, la planificación y la ejecución de las políticas de seguridad vial en resguardo de la integridad de las personas. Resulta inconcebible que en el mapa accidentológico nacional nuestra provincia, una de las menos pobladas, se destaque por tener las rutas cubiertas con estrellas amarillas.