Salarios triturados

Hay que remontarse hasta 2002 para encontrar una caída salarial de la magnitud que se está registrando este año. El informe del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma reveló con toda crudeza las pérdidas que han sufrido los ingresos de los asalariados durante 2018 que en algunas actividades económicas alcanzaron una caída del 17,3% como es el caso de los trabajadores de la alimentación. Los siguen muy de cerca en este ranking ominoso los transportistas (15,2%), textiles (15%), metalúrgicos (13,8%) y construcción (12,7%) entre otros que también vieron caer su salarios en forma dramática.
Con relación al año 2015 los que más perdieron fueron los estatales y los textiles que acumularon una caída real de sus salarios del 25%.
Cuando se observan estos datos calamitosos no quedan dudas acerca de quiénes son los más perjudicados por el modelo económico que implantó el macrismo. Por tal razón resultan provocadoras las declaraciones de los funcionarios del gobierno nacional -el presidente incluído-que en los últimos tiempos han insistido en atribuir a los trabajadores exigencias salariales desmedidas. Peor todavía, en algunos discursos se escuchó decir que los “altos costos laborales” son los responsables del aumento de la desocupación y de la falta de creación de nuevos empleos.
Muy lejos quedaron las promesas electorales de 2015 cuando el macrismo buscaba el voto de los trabajadores argentinos ofreciendo eliminar Ganancias de los salarios, apoyo a las Pymes, “mantener todo lo que está bien” y “pobreza cero” entre otras. Lo que llegó con Cambiemos fue exactamente lo opuesto y las estadísticas lo confirman. Nunca los asalariados perdieron tanto en tan poco tiempo, a niveles solo comparables con la catástrofe de 2001/2002.
Con este gobierno no llegó ni una sola buena noticia para los que viven de un salario o una jubilación. Esta frase se repite invariablemente en toda charla política que tenga lugar en nuestro país porque responde a una realidad que está fuera de toda duda. No hay estudio o encuesta -como esta que se conoció ahora- que no lo confirme.

Los “medios adictos”
En uno de los tantos autoelogios que proclama el presidente de la Nación, dijo ante la Sociedad Interamericana de Prensa, reunida en Salta, que “nunca hubo tanta libertad de prensa como ahora” y que “ya no hay más un gobierno generando medios adictos que manipulen la información a su favor”.
Es curiosa la percepción del jefe de gobierno de su propia gestión, cuando la mención de algunos pocos hechos alcanza para ponerlo en un aprieto. Por ejemplo, son muchos los periodistas que hoy no tienen cabida en la televisión pública ni en la privada. Sus nombres fueron borrados de las programaciones por el solo hecho de haber tenido una participación destacada durante el gobierno anterior. Incluso el actual secretario de Medios se jacta de esa tarea de “limpieza”.
Tampoco habla bien de la salud de la libertad de expresión los miles de periodistas que se han quedado sin trabajo por la crisis económica de la prensa que no goza de las generosas pautas publicitarias que el gobierno direcciona hacia los “medios adictos”, que siguen existiendo y “manipulando la información” en favor de este gobierno. Casi 400 de ellos fueron despedidos de la agencia oficial Télam, en una razzia que no reconoce antecedentes en nuestro país.
Cuando finalizó su discurso, el presidente se retiró esquivando ostensiblemente a los periodistas salteños que querían entrevistarlo. Otra actitud típica: el presidente solo otorga entrevistas a los periodistas “adictos” que le ahorran preguntas molestas. Y en sus conferencias de prensa, cada vez más esporádicas, se nota a simple vista cómo se eligen los que pueden o no preguntar.
Hoy son los medios más poderosos del país los principales aliados de este gobierno, y los que siguen practicando el “periodismo de guerra” para neutralizar toda crítica a su gestión.