Inicio Opinion Se acabó la venta de humo. Llegó la emergencia

Se acabó la venta de humo. Llegó la emergencia

FIN DEL OPTIMISMO ¿INGENUO?

Para 2019 el ajuste será de unos 500 mil millones de pesos y el pago de intereses de unos 608 mil millones. Todo el esfuerzo va al pago de la deuda y no alcanza.
EDUARDO LUCITA*
La corrida cambiaria de fines de agosto transformó la tormenta en un tsunami que dejó expuesta la crisis económico-política que atraviesa al capitalismo nacional, abrió grietas al interior del gobierno y debilitó la figura presidencial.
Confieso que el título de esta nota no es mío. Se lo escuché a Daniel Artana -un economista que no se lo puede tildar de opositor ni mucho meno- en una entrevista radial. Y resultó acertado porque ya pasaron las turbulencias y el clima tormentoso, ahora ya el propio presidente Mauricio Macri reconoció la crisis y lo completó: estamos en emergencia. No es para menos, la crisis pulverizó el acuerdo con el FMI a solo dos meses y días de firmado, hay que recalcular todo y acordar un nuevo programa financiero.
Los hechos del pasado miércoles 29 agregaron desorientación a la incertidumbre gubernamental que se arrastra desde abril pasado. El fallido spot del presidente que anunció un acuerdo no acordado, luego la corrección de Marcos Peña y el agregado de que no había ningún fracaso, finalmente Dujovne que llamó a una improvisada conferencia de prensa para anunciar que… habría nuevos anuncios. Finalmente la directora del FMI, Christine Lagarde, puso orden, «reexaminaremos el acuerdo», lo que llevaría un par de semanas.

¿Dónde está el piloto?
Esa seguidilla de desatinos, en realidad continuidad del derrape que empezó con la conferencia de prensa del 28 de diciembre, desató la corrida ya que corrió el velo y dejó al descubierto que efectivamente Argentina tiene dificultades para afrontar los pagos de la deuda, algo que era negado pocos días antes. La suba de tasas a un 60 por ciento y de los encajes bancarios para frenar el dólar, no lograron más que incentivar la corrida.
Las disputas entre los funcionarios -todos contra Peña, Caputo contra Dujovne, Lopetegui y Quintana que operaban en las sombras, Carrió que tira desde afuera- alentaron rumores de desplazamientos y cambios ministeriales. De la reunión en Olivos se filtraron todos los datos, amagos de renuncias, nombramientos no concretados, reproches varios. Melconian, Saenz, Prat Gay y Lousteau amagaron integrarse al nuevo gabinete, luego rechazaron el ofrecimiento desairando al Presidente que no logró convencerlos. La vulgata periodística habla de vanidades y personalismos, pero se sospecha que hubo diferencias en cómo administrar y controlar la crisis en tiempos de emergencia. Es que comienzan a mostrase grietas profundas en la alianza que sostiene al gobierno.
La comprensión general es que falló el piloto de tormentas y que el Presidente y su equipo perdieron credibilidad y con ello el control sobre los hechos, incluso los que ellos mismos promueven.

La que se viene.
Finalmente este lunes Macri anunció una reconversión ministerial que es solo simbólica, cambios sin cambio -aunque la devaluación de los ministerios de Trabajo, Salud y Ciencia y Tecnología marca una orientación- pero que muestra que cuando la situación exige al gobierno ampliar su marco de alianzas políticas el presidente ha optado por refugiarse en su coto de relaciones personales, una suerte de repliegue a su zona de confort. Más que nada una muestra de debilidad e inseguridad.
Dujovne anunció una profundización del ajuste en curso combinado con mayores ingresos por impuestos a las exportaciones con el objetivo de alcanzar el déficit cero en 2019. Los gravámenes a la exportación son fijos -cuatro pesos por dólar exportado- lo que implica que la inflación o un mayor tipo de cambio los licuan rápidamente y su duración será limitada. Se trata de un programa fiscalista que en una economía cuya actividad ya está en baja empuja a una recesión muy fuerte, tal vez depresión, cuya duración puede ser mayor a la esperada. El documento del Ministerio de Hacienda y Finanzas prevé para este año una inflación del 42% y una caída del PBI de -2,4%, en tanto que para el 2019 la inflación se estima en 27% y nulo crecimiento de la economía. Las estimaciones privadas son peores. Caída de los salarios reales, desocupación, incremento de la pobreza, profundización de la indigencia es lo esperable. El programa es un ataque a los trabajadores en toda la línea.

Siempre la deuda.
Pero el problema no es el déficit fiscal sino la restricción externa. Esto es, no hay dólares, ni se consigue financiamiento para pagar los servicios de la deuda -intereses y renovación del capital- por eso el pedido desesperado al Fondo para que adelante todos los desembolsos previstos hasta el 2021.
Se pone énfasis en el déficit primario cero pero el principal gasto es el pago de intereses de deuda pública. Solo para comparar el tamaño de la emergencia: el ajuste para el 2019 es del orden de los 500 mil millones de pesos, el pago de intereses en ese mismo período, de acuerdo al documento de Hacienda mencionado es de 608.887 millones. Todo el esfuerzo va al pago de intereses y no alcanza. Por eso ha trascendido que en las negociaciones con el Fondo se habla de un refuerzo de emergencia adicional a los 50.000 millones de dólares ya acordados. Mientras la deuda ya alcanza al 75% del PBI, casi el 80% nominada en moneda extranjera.

¿Adónde vamos?
Es evidente que hay un acuerdo político con el Fondo pero faltan los detalles técnicos y definir montos y plazos, también que hay un fuerte apoyo de la administración Trump. Pero nada es gratuito. ¿Qué nuevas condiciones impondrá el organismo internacional? ¿Qué exigirá EE.UU.? En las próximas semanas lo sabremos.
Mientras tanto vale preguntarse: ¿vamos a una explosión descontrolada tipo 2001 o a una degradación a la griega, acuerdo tras acuerdo, recálculo tras recálculo y varios años de caída de la actividad económica? ¿Está terminado el ciclo Macri?

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).