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Se completa el recambio en el PJ

Ahora sí el traspaso del mando es completo. El gobernador Sergio Ziliotto será el próximo presidente del Partido Justicialista pampeano con lo cual ese espacio político retoma una vieja tradición partidaria que en los últimos lustros había sido dejada de lado: el que tiene los votos tiene el poder, tanto en la esfera del gobierno como en el seno del partido.
Las declaraciones del actual titular del PJ, Rubén Marín, asumiendo que el gobernador tendrá el respaldo necesario para sucederlo en el máximo cargo partidario desencadenó una ola de expresiones de apoyo en el mismo sentido por parte de diputados, intendentes y otros dirigentes, entre ellos el vicegobernador Mariano Fernández.
Quien no se expidió públicamente hasta ahora es el exgobernador Carlos Verna, pero no hace falta recordar que fue él quien ungió a Ziliotto para sucederlo en el sillón del Centro Cívico, por lo tanto no es demasiado difícil conjeturar que su pulgar apuntará hacia arriba.
Se completa de esta forma el proceso de recambio generacional que había comenzado el año 2018 con la decisión de Verna de no ir por la reelección, decisión que sorprendió a todos porque reveló en esa circunstancia, nada menos, que estaba padeciendo una enfermedad. Eran los días en que también se comunicaba que, por primera vez, las elecciones en La Pampa no coincidirían con las nacionales. Y, de hecho, nuestra provincia inauguró la larga serie de elecciones provinciales con un temprano comicio en mayo, que comenzó un ciclo de triunfos justicialistas en casi todo el país a lo largo del año, una jugada de ajedrez que posicionó fuerte al PJ pampeano en la escena partidaria nacional.
Esta transición generacional se desarrolla en un clima de tranquilidad en el seno del PJ, aunque todavía resuenan algunos ecos del ruido que provocó el relevo de Espartaco Marín al frente del bloque de los diputados provinciales. Sin embargo se está muy lejos de aquellos recios enfrentamientos internos que se vieron en tiempos en que era gobernador Oscar Jorge y surgía su propia línea interna -en abierta confrontación con el vernismo y el marinismo- de la que hoy casi no existen rastros, al menos visiblemente.
El retiro de la «vieja guardia», determinado inexorablemente por la biología, encuentra al sucesor enfrentando una pandemia nunca vista en la provincia, el país y el mundo. Esta contingencia lo ubicó, a muy pocos meses de asumir y cuando no había terminado de acomodarse en el cargo, ante una exigencia nada menor y con muy alta exposición pública.
En este rol prematuro de piloto de tormentas, si logra capear el temporal, el saco de jefe del peronismo le vendrá muy bien para alinear tras de sí a un partido que mantiene el invicto electoral desde el retorno de la democracia, pero que ha sufrido también, en estas casi cuatro décadas, fuertes luchas intestinas que en algunos momentos lograron agrietar el barco.
Después de casi dos décadas -Verna nunca quiso ponerse oficialmente al frente del partido, quizás porque con el poder que logró construir no lo necesitó- un gobernador vuelve a la conducción del PJ. Como para ratificar aquella sentencia: «el que gana conduce, el que pierde acompaña».