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Se suman las dudas al proyecto Portezuelo

El tráfago de estos días en que el coronavirus preocupa al país y al mundo, acaso no ha permitido considerar con la debida importancia la opinión sobre Portezuelo del Viento por parte de Tomás Ulzurrum, un ingeniero civil especializado en hidráulica. Esa opinión -publicada nada menos que por un diario del sur mendocino (obviamente representante de los intereses de aquella zona) expone sus dudas sobre la viabilidad del proyecto, basándose en la poca rentabilidad que produciría en caso de llegar a concretarse, además de otras consideraciones para nada desdeñables.
No se trata de la opinión de un recién venido al tema: un lustro atrás operó como Jefe de Inspección del Proyecto Presa y Central Portezuelo, por lo que su opinión es fundada. Su evaluación de Portezuelo del Viento, al margen de la necesidad de un estudio de impacto ambiental en el resto de la cuenca, considera los efectos negativos que tendría la obra, tales el caso de la infiltración en el área pasible de ser regada y la alta evaporación de la zona a recorrer por los canales, incrementada por los frecuentes vientos fuertes del área; también por la irregular topografía que deberían atravesar, elementos todos que incrementarían los costos de la obra. Sorprende, además, el detalle que, al menos hasta hace dos décadas, los estudios topográficos en buena parte se basaban en los mapas del por entonces Instituto Geográfico Militar, inadecuados por su gran escala para una obra que requiere detalle.
La opinión del profesional coincide con la antigua postura de La Pampa (y ahora del resto de provincias de la cuenca) sobre el desvío de esos caudales, el escurrimiento del río y el manejo del dique por parte de la provincia de Mendoza.
Con las palabras del ingeniero Ulzurrum queda refrendado que el principal objetivo mendocino respecto a Portezuelo del Viento no es su pretendida regulación del principal afluente del río Colorado, con una dudosa producción de energía, sino la construcción de un muro que facilite el desvío de caudales hacia la cuenca del Atuel, donde las posibilidades cuyanas crecen a través de la turbinación en El Nihuil y el aprovechamiento de vastas extensiones pasibles de ser regadas con los caudales desviados.
El ingeniero también hace hincapié en el alto costo del agua que llegaría por el trasvase y la falta de uso correcto en el agua existente en el río Atuel en la actualidad, incluyendo sustracciones no autorizadas, una circunstancia que ha causado en las últimas semanas complicaciones manifiestas al gobierno mendocino.
Considerando el problema en una perspectiva amplia quedan en evidencia dos posturas: por una parte el cambio de opinión de las provincias de Río Negro y Buenos Aires, que han desechado la anterior referencia acerca respecto a que Portezuelo del Viento les sería beneficiosa; por la otra la contumacia mendocina en su política, desmentida ahora por una incuestionable opinión técnica. La misma también explica, al menos parcialmente, la actitud mendocina -totalmente fuera de lugar- en la última reunión del comité de cuenca.