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Se vienen los pañuelos naranjas

SEPARACION IGLESIA - ESTADO

La separación de la Iglesia y el Estado, forma parte de una campaña que se profundizó al calor de los debates por la legalización del aborto.
IRINA SANTESTEBAN
Aunque en un principio, los obispos argentinos no jugaron todas sus cartas contra el proyecto que buscaba legalizar el Aborto, cuando la iniciativa obtuvo media sanción en Diputados, redoblaron la campaña para impedir la sanción de la ley. Su trabajo no fue en vano, porque lograron que los Senadores rechazaran el proyecto.

Triunfo pírrico.
Muchos y muchas se sintieron desilusionados/as por ese revés, luego de la vigilia frente al Congreso y en ciudades del interior. Pero el rechazo a la legalización del aborto, fue «un triunfo a lo Pirro» de la Iglesia Católica argentina, la derecha y los sectores más retrógrados.
Primero, porque nuevamente desenmascaró que la jerarquía eclesiástica siempre estuvo en contra de las medidas progresistas, de la libertad sexual o de más derechos para las mujeres y las minorías sexuales. Lo hizo contra la ley de divorcio (1987) y de matrimonio igualitario (2010), lo mismo que con la ley de identidad de género (2013) y antes de Educación Sexual Integral. Todas ellas en reconocimiento de más derechos para las mujeres, las minorías sexuales, los diversos tipos de familia por fuera de la «tradicional» que defiende la Iglesia, etc.
Segundo, porque luego del debate y la votación, la decepción de miles de feligreses con el papel de la Iglesia, hizo crecer un movimiento que venía impulsado por la «marea verde»: la apostasía o renuncia al credo religioso mayoritario.

Asuntos separados.
La consigna «Iglesia-Estado: asuntos separados», fue una de las más coreadas en las vigilias que tuvieron lugar frente al Congreso, en la jornada de 13-14 de junio (Diputados) y en la decisiva del 8-9 de agosto (Senadores).
Ese mismo día, miles de personas ingresaron al sitio web: www.apostasiacolectiva.com.ar y a su página de Facebook, para bajar el formulario y renunciar a la fe católica a la que ingresaron cuando fueron bautizados.
El pañuelo naranja, símbolo de esta campaña, fue parte de las movilizaciones multitudinarias. A la rivalidad verde/celeste, se le sumó el naranja, junto con el primero, obviamente.

Familia y educación.
La Iglesia Católica encontró dos maneras de insertarse en los territorios conquistados por España: el control de las familias y la educación. Las inscripciones de nacimientos y los matrimonios estaban en manos de la Iglesia, y fue un triunfo del naciente Estado, con el Código Civil y la creación del Registro Civil, quitarle esa función. A pesar de ello, hubo resistencia, y durante muchos años con posterioridad a la creación de los registros civiles, las inscripciones de nacimientos se siguieron haciendo a través de las actas de bautismo.
En la educación, en cambio, la fuerte influencia religiosa continúa hasta nuestros días. No sólo por el sostenimiento económico que el Estado argentino brinda a las escuelas católicas, sino porque en ellas, además de enseñar religión, no se cumple con los contenidos curriculares aprobados por el Ministerio de Educación y leyes del Congreso, como la de Educación Sexual Integral.
Una de las causas de la creciente apostasía, es el descreimiento en una institución que argumenta que no hay que propiciar el aborto sino «educar», pero en ninguna de las escuelas católicas se cumple con la ESI! En el mejor de los casos, se imparte una hipócrita «Educación para el Amor» que no tiene nada que ver con la realidad actual que viven los niños y adolescentes, en relación a la sexualidad.

También en las escuelas públicas.
No contenta con la enseñanza que imparte en sus propias escuelas, la Iglesia también se mete en las escuelas públicas, en particular, en provincias donde tiene una fuerte influencia en la población.
El año pasado llegó a la Corte Suprema un amparo promovido por un grupo de madres salteñas, que protestaban contra la enseñanza de religión en escuelas públicas. En diciembre de 2017, la CSJN (con el voto de los jueces Ricardo Lorenzetti, Elena Highton y Juan Carlos Maqueda) declaró la inconstitucionalidad de la ley provincial de educación salteña, que establece que la enseñanza religiosa integra los planes de estudio, se imparte dentro de los horarios de clase y cuyos contenidos y habilitación docente requieren el aval de la autoridad religiosa.

En el poder judicial.
La injerencia de la Iglesia está muy presente en los Tribunales, donde es habitual encontrar crucifijos en los despachos de los jueces. Cuando Carmen Argibay ingresó a la Corte Suprema, hubo una fuerte oposición de la Iglesia y los sectores conservadores, porque ella era partidaria de la legalización del aborto. Además, bregó desde el primer día para que se retiren los crucifijos de las salas de audiencias, para «no condicionar a los testigos». En 2003, el abogado Alejandro Carrió pidió que se retirara la imagen de la virgen del Rosario de San Nicolás del edificio central de los Tribunales, en la ciudad de Buenos Aires, cuestión que provocó protestas de grupos católicos hasta que finalmente fue retirada, ya con la Corte Suprema integrada por Zaffaroni, Petracchi, Argibay, Maqueda y Highton.

Un gasto enorme.
El jefe de gabinete Marcos Peña, reconoció en marzo, en Diputados, que el Estado argentino destina 130 millones de pesos para pagar sueldos a los obispos católicos. Según la ley, un obispo recibe una asignación equivalente al 80% de la remuneración de un juez. Si éste percibe 180.000 pesos, cada obispo recibe de todos y todas los/as que pagamos impuestos), un sueldito de ¡144.000 pesos! Peña, obvio, dio valores más bajos.
Eso sin contar las innumerables propiedades que le fueron otorgadas a la Iglesia en épocas de la dictadura militar, así como subsidios a las escuelas católicas, y diferentes ayudas económicas que recibe para el «ejercicio de su misión». Si bien es cierto que muchos sacerdotes y parroquias realizan tareas de ayuda social, a través de comedores, talleres, etc., esa acción solidaria se hace a través de donativos de la feligresía, otro ingreso que debería blanquearse. Sería muy bueno que además de separar la Iglesia del Estado, esta institución realizara públicos informes sobre los presupuestos que maneja. Recordemos que es una institución que se basa en aquello que dijera Jesús cuando echó a los mercaderes del templo: «Antes entrará un camello por el ojo de una aguja, que un rico al Reino de los Cielos».