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Servicio o negocio

El proceso de licitación para las frecuencias del espectro radioeléctrico 4G va encaminado a asegurar una gran negocio a las grandes compañías multinacionales del sector en desmedro de los operadores locales o provinciales. En perfecta sintonía con el pensamiento neoliberal que caracteriza al macrismo, el gobierno nacional está avanzando en una zonificación del país que asegurará a los grandes jugadores del sistema dejar de lado las «molestas interferencias» que podrían alterar sus lucrativos negocios.
En el nuevo diseño establecido La Pampa comparte una extensa región con San Juan, Mendoza, San Luis y Buenos Aires, con lo cual queda mutilada la región patagónica en donde nuestra provincia se encuentra mejor integrada desde el punto de vista geográfico y demográfico.
Como advirtiera el presidente de la Cooperativa Popular de Electricidad, se nota demasiado que el principal objetivo del gobierno es calmar el malestar por la megafusión del Grupo Clarín con Telecom que mereciera presentaciones judiciales por parte de las otras compañías que plantearon objeciones por abuso de posición dominante. En ese juego de gigantes nadie piensa en las empresas locales, y el gobierno lejos de intervenir para equilibrar la puja de intereses juega sus fichas ostensiblemente en favor de las mega-corporaciones.
En La Pampa se está avanzando en una dirección opuesta mediante la constitución de Empatel, la empresa de telecomunicaciones provincial, en donde el Estado, con participación mayoritaria, las cooperativas y los privados llevarán a cabo una alianza estratégica prácticamente sin antecedentes en el interior del país. Se trata de un modelo que, desde luego, no cuenta con la simpatía del gobierno nacional para quien el Estado debe cumplir un rol pasivo y subsidiario.
Esta problemática también debería estar presente en el debate electoral pues involucra a una actividad estratégica para los intereses del país, y por lo tanto su desarrollo será muy diferente si se la plantea como un servicio o como un negocio.

Economía que atrasa
La apuesta del gobierno nacional a la producción primaria y su falta de interés por desarrollar la industria muestra resultados evidentes. Un informe publicado ayer por este diario reveló que en los primeros cinco meses del año las exportaciones de poroto de soja sin procesar crecieron un 185% con respecto al año pasado, en tanto cayeron las ventas de dos subproductos industrializados de esta oleaginosa: la harina un 11% y el biodiésel un 27%.
La tendencia a la primarización de la economía es uno de los sellos distintivos del macrismo. El proceso de exterminio industrial es una demostración muy clara de esta forma particular de «insertarse en el mundo». El valor agregado -y el trabajo incluído- en cualquier producto industrial es muy superior al que aportan las materias primas en bruto, aunque eso no es un problema que desvele al gobierno.
Pero ni siquiera es novedosa esta forma de entender la economía y, como consecuencia, el desarrollo del país. La actual es la tercera experiencia neoliberal que padecen los argentinos luego de la desplegada por la última dictadura militar en los años setenta, y la de Menem-De la Rúa en los noventa, ambos del siglo pasado. En los tres períodos el mismo dogma económico provocó los mismos efectos, entre ellos una enorme desindustrialización con su secuela de crecimiento del desempleo.
En verdad este debate tiene la misma edad que el país. En tiempos de la Revolución de Mayo, Manuel Belgrano reclamaba que debíamos exportar zapatos en lugar de cuero. Quizás por esa razón, el presidente de la Nación ni pisó el Monumento a la Bandera el último 20 de junio y prefirió encerrarse en un pequeño club de barrio rosarino para hablarle a los alumnos de las «mafias sindicales» que obstaculizan sus planes de desarrollo. Claro que no explicó cuáles son esos planes.