Si hay una misión que cumplir en la existencia

Señor Director:
El papa Francisco es uno de los personajes del mundo que interesa seguir en su desempeño.
Ahora ha estado en Polonia, país de férreo catolicismo, con un sesgo tradicionalista, lo que permite presumir que Francisco provoca resistencia, especialmente en las altas jerarquías de esa iglesia y clases ricas. Uno de los temas que forman parte de su prédica dominante, la suerte de los migrantes, es de los más resistidos por el gobierno y los sectores más tradicionalistas. Polonia se niega a aceptar la cuota de migrantes que propone la Unión Europea y forma parte de un grupo de países que advierten que pueden dejar la Unión si se insiste en imponerles que acepten una cuota de migrantes, máxime si se trata de personas que se han formado en el islamismo. Francisco no omitió el tema y propone que se lo considere con mayor apertura espiritual.
En una importante reunión con juventudes polacas mantuvo el discurso que ha repetido desde su visita a Brasil. A los jóvenes polacos les dijo que “no vinimos a este mundo a ser suplentes o a vegetar cómodamente” y que los jóvenes tienen un papel en la construcción de un mundo más justo. “No vinimos a este mundo a vegetar, a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que me adormezca, Al contrario, hemos venido a dejar una huella”. Condenó a los teleadictos “embobados en el sofá de la felicidad” y propuso formar una cadena humana estrechando las manos, esto en la parte de su mensaje referido a la multiculturidad, “que no es una amenaza sino una oportunidad”. Está claro que este modo de entender la responsabilidad personal y el momento mundial, tan claramente expuesto por Francisco en una Polonia cuyo gobierno y sus tradicionalistas tienden a cerrarse a lo diferente, puede haber desagradado a muchos. Sin embargo, lo que el papa quiere comunicar es que no hay alternativa a la disposición de convivir con el diferente. Europa tiene hoy este problema, porque de hecho su población se ve incrementada por los migrantes, que son gente muy castigada por sus circunstancias, pero que también tiene conciencia de sus derechos y hace presente a los europeos actuales que puedan creerse criaturas de un solo origen, que lo cierto es que la población de las naciones surgidas en la modernidad fue la mezcla de una enorme diversidad de pueblos, llegados desde oriente y el norte en oleadas sucesivas, como se nota muy claramente en España y también en Italia, donde se han conservado tradiciones tribales que hoy, en la península ibérica, generan el reclamo de mayor autonomía, que es un modo de priorizar su cultura originaria o, al menos, de utilizarla como argumento para aumentar la tendencia a la secesión.
Cuando vemos en los espectáculos deportivos, principalmente el fútbol, la presencia de tantas personas de color y de rasgos diferentes, se nos hace patente que Europa en su etapa de colonización generó los motivos para que los dominados y empobrecidos tiendan a aceptarse como ciudadanos de las antiguas metrópolis. ¿Con qué derecho pueden ser rechazados? ¿Acaso el europeo respetó las tradiciones y creencias de quienes poblaban los territorios que llegaron a dominar en Oriente y en América? Por otra parte, se advierte que la resistencia actual del europeo a los migrantes tiene menos que ver con las creencias que con la disputa por los puestos de trabajo, pues el Viejo Mundo no ha podido salir de la crisis estallada en 2008. Los ejes del poder y la riqueza se han desplazado.
En este esquema de situación o estado de cosas cobra sentido la prédica papal, cuando ya no plantea la expansión incontenible del cristianismo (equivalente al argumento excluyente con que se expandió el islamismo). El papa católico, cristiano, cree que ahora vivimos otro momento de la historia y que de lo que se trata es aceptarse con los diferentes (que no son tan distintos) para enfrentar juntos el desafío real de nuestro tiempo.
Atentamente:
Jotavé

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