Sigue el cepo

La liberación del tipo de cambio provocó una fuerte disparada del valor del dólar que significó una depreciación de la moneda argentina de más del cuarenta por ciento. La medida tiene ganadores y perdedores muy bien definidos. Los grandes empresarios que exportan bienes al exterior están entre los primeros y los asalariados y jubilados entre los segundos. A partir de ahora, por cada dólar que obtienen los que venden su producción en el mercado internacional, recibirán entre catorce y quince pesos. No es el único beneficio que reciben ya que también fueron liberados de pagar las retenciones a las exportaciones. Es bien claro que son los grandes ganadores del nuevo rumbo de la economía macrista.
En situación opuesta están los que tienen sus ingresos atados a un salario fijo: trabajadores y jubilados. Mientras esperan las paritarias de marzo (cuyos resultados el gobierno ya está buscando limitar con figuras como la de la “productividad”), ven perder una enorme porción de sus ingresos por la abrupta subida de los precios de la canasta alimentaria, que es fogoneada por partida doble: trepada del dólar y quita de retenciones.
Así las cosas, el acceso al codiciado dólar es solo “libre” para el que tiene recursos excedentes, es decir, la franja social de mayores ingresos. Los que viven de un salario o de una jubilación, que son la inmensa mayoría de los argentinos, ven que esa “libertad” es una utopía porque ahora ganan mucho menos. Con la trepada abrupta del dólar cayó también abruptamente su poder adquisitivo, y así muchos desprevenidos caen en la cuenta de que para ellos continúa el “cepo”. Aunque ya no por “culpa” del Estado sino del mercado. En síntesis, se trata de la famosa “libertad de mercado” que beneficia a una pequeña -pero económicamente poderosa- porción de la sociedad, mientras que a las mayorías solo les queda la “libertad de aguantar”.