Sin la DEA, Evo lucha muy bien contra narcotráfico

AVANCES ECONOMICOS Y SOCIALES DE BOLIVIA

Bolivia viene logrando muchos avances sociales y económicos, pese a las campañas en contra de Estados Unidos. Entre los logros también está la lucha contra el narcotráfico, obtenidos sin el concurso de la DEA norteamericana.
EMILIO MARIN
En un tiempo de vacas flacas para las economías latinoamericanas y de otras latitudes, Bolivia es un ejemplo a tener en cuenta porque en la última década creció su PBI en un promedio del 5 por ciento anual. Este año lo hará en un 4,5 por ciento, para sana envidia de argentinos, brasileños y otros pueblos latinoamericanos azotados por la recesión, los ajustes y el neoliberalismo, amén de la crisis global capitalista.
Y esos logros de Bolivia deben ser más valorados porque la renta petrolera que dinamiza sus finanzas ha caído sensiblemente, al compás del descenso de los precios petroleros y gasíferos. En vez de los 4.500 millones de dólares que le entraban por ese concepto, Evo Morales calculó que en este ejercicio serían 2.600 millones o quizás algo más. En 2005 el país obtuvo por ese concepto apenas 600 millones.
Con la nacionalización de hidrocarburos anunciada desde el 1 de mayo de 2006, a pocos meses de haber asumido en el Palacio del Quemado, el Estado tuvo fondos para financiar planes sociales para los niños y ancianos, mejorar los ingresos de los trabajadores, construir escuelas y viviendas, hacer nuevos caminos, obras de regadíos, refinerías y gasoductos, etc.
De resultas de esa política social llevada adelante por el primer presidente indígena, la proporción de bolivianos pobres bajó del 38 al 17 por ciento. Y sobre esa base se ha propuesto llegar a la pobreza cero en el año 2025, una promesa complicada de cumplir pero que en Morales tiene una ancha base como para creer que luchará por llevarla a cabo (nada que ver con la similar hecha por Mauricio Macri en la campaña electoral de 2015, a la luz de los resultados de 2016).
Uno de los países más empobrecidos del continente, sólo superado en ese aspecto por el súper empobrecido Haití, no se limitó a aquellos avances. Incluso lo hizo en renglones inesperados, como poner en órbita un satélite de telecomunicaciones, que por supuesto llevó un nombre originario, Tupac Katari, aunque fuera lanzado desde una lejana base en China.
Ahora el vicepresidente Alvaro García Linera sumó otro anuncio espectacular. Contrataron a la firma rusa Rosatom para construir en El Alto una central nuclear para diversificar las fuentes de energía y experimentación nuclear con fines pacíficos. Se invertirán allí 200 millones de dólares. El ministro de Hidrocarburos y Energía Luis Alberto Sánchez aseguró que el centro “será el más grande, moderno y eficiente de Latinoamérica”.
Quienes miraban a Bolivia con desprecio y una carga de racismo se van a sentir muy decepcionados porque ese país empieza a ser vanguardia en varios aspectos. Por ejemplo, la preocupación oficial por la vida de su gente se patentiza en el racconto que hizo la ministra de Salud, Ariana Campero, sobre el salvataje de más de 17.000 vidas como resultado de la atención primaria. Dos mil médicos bolivianos recibidos en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) creada en Cuba, más un contingente de médicos cubanos en Bolivia, de 700 profesionales, fueron los artífices de aquel notable ahorro en vidas. ¡Pensar que en Argentina, cuando Cuba ofreció esos servicios, el entonces ministro kirchnerista de Salud, Ginés González García, los rechazó y amenazó con meter presos a los médicos cubanos si venían a operar en Argentina!

Lucha contra el narcotráfico.
El líder aymara viene cosechando nuevos logros en una materia muy sensible para la salud y la seguridad de los pueblos de la región y el mundo, esto es la lucha contra el narcotráfico.
En cambio Estados Unidos siguió con sus cuestionamientos al país sudamericano; su encargado de negocios Peter Brennan declaró que no se puede considerar que un país es democrático sino impera allí “la libertad”, como si en Bolivia se adoleciera de esa falta.
Eso provocó muchas reacciones en funcionarios bolivianos, contra el modelo de “libertad del capitalismo”. También la polémica se dio en el tema narcotráfico.”EE.UU. carece de respaldo legal y autoridad moral para valorar la lucha desarrollada por Bolivia contra el narcotráfico” replicó el ministro de Gobierno, Carlos Romero.
El ministro subrayó que durante los últimos cinco años el gobierno invirtió más de 400 millones de dólares en el enfrentamiento al comercio ilegal de estupefacientes y logró reducir la superficie de cultivos de coca en un 98 por ciento, documentado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. El área sembrada de la milenaria planta es la más baja desde que comenzó el monitoreo en 2003, mostró el informe de esa Oficina.
A modo de comparación, Romero detalló que en 2010 Bolivia tenía una superficie cultivada de 31.000 hectáreas de coca, que el año asado disminuyeron a 20.200 hectáreas. De ese modo es responsable de sólo el 15 por ciento de los cultivos de coca de la región, mientras que hay más de 60.000 hectáreas en Perú y 48.000 en Colombia.
El contraste también surge de los costos humanos en los tiempos en que la DEA se encargaba de esa lucha en Bolivia. En esos años, anteriores a Evo Morales, hubo un saldo de 60 muertos y 600 heridos por la represión a los agricultores y campesinos bolivianos.
En cambio, la campaña del gobierno asumido en 2006 no dejó ni muertos ni heridos, respetó los derechos humanos de los pobladores del campo. La DEA, así como el embajador norteamericano Philip Goldberg, expulsados en septiembre de 2008, usaban otros procedimientos, violentos, contra los más débiles, como reprochó el ministro Romero, y nunca contra los “peces gordos del narcotráfico”.
El 11 de julio pasado llegaron nuevos datos sobre los éxitos bolivianos contra el narcotráfico. En los primeros seis meses del año la policía logró incautar 102 toneladas de drogas y detener a 1.806 implicados en su tráfico. Así lo reportó la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico de Bolivia (Felcn), al informar que en todo el territorio nacional había llevado a cabo 6.415 operativos, incautando aquellas toneladas de drogas, cinco avionetas empleadas en el traslado de estupefacientes y destruyendo 36 laboratorios de cristalización, 31 de reciclaje y 2.202 fábricas.
El director general de la Felcn, Santiago Delgadillo, recordó que en 2015 habían incautado 144 toneladas de narcóticos en 12.144 operativos, destruido 4.234 fábricas y arrestado a 3.227 personas.

Dos líneas opuestas.
Todas esas victorias sobre el narcotráfico y los intereses económicos y financieros que se mueven detrás suyo, fueron conseguidas apoyándose en sus propias fuerzas, no en la norteamericana DEA, el FBI, el Comando Sur y la embajada “gringa”.
Las relaciones con esa embajada no pueden ser más tirantes. A raíz de la injerencia del encargado de negocios, Peter Brennan, en los asuntos internos del país, Morales manifestó que analiza la posibilidad de declararlo persona no grata y pedir su salida de La Paz, como ya aconteció con Goldberg.
Esas relaciones están muy afectadas y no por culpa del Palacio Quemado. La última gran injerencia ocurrió con motivo del referendo boliviano de febrero pasado, cuando se ponía en consideración la posibilidad de que los actuales presidente y vice pudieran disputar un nuevo período de gobierno cuando termine el actual. No pudo ser porque el resultado de las urnas fue adverso, pero en ello mucho tuvo que ver la operatoria de Brennan, un periodista amigo de la embajada, Carlos Valverde, y las coberturas de la CNN, con Fernando del Rincón, que mintieron sobre un supuesto hijo oculto de Morales con una empresaria detenida por delitos de corrupción. A la postre se demostró que todo era una mentira y un montaje, pero el daño ya estaba hecho y Evo-García Linera se quedaron sin re-reelección.
Volviendo al tema narcotráfico, los modelos de Bolivia y el imperio son contrapuestos. Evo Morales lo subrayó en su último comparendo ante la ONU, al aludir a la responsabilidad de EE.UU. como el mayor mercado consumidor de drogas y el rol de esa demanda en el problema. También preconizó levantar el secreto bancario en general y en los paraísos fiscales para combatir el lavado de dinero proveniente de la droga. Y cuestionó el rol de las bases militares norteamericanas en este problema, a la luz de la mala experiencia boliviana y en otros países.
Si se aspira a combatir el fenómeno tan nefasto de la droga, el modelo boliviano es un muy buen ejemplo a seguir. En la Argentina de Macri, en cambio, se vienen reforzando los acuerdos con la DEA y el FBI, por medio de la ministra Patricia Bullrich, y el Ministerio de Defensa de Julio Martínez y Angel Tello. También lo hacen las autoridades provinciales, caso de la provincia de Buenos Aires cuya gobernadora María E. Vidal designó como jefe de Policía al comisario Pablo Bressi. Según el ex gobernador y actual diputado massista Felipe Solá, cuando preguntó al ministro de Seguridad Cristian Ritondo por qué eligieron a Bressi, que tiene varias denuncias, incluso por cohecho, Ritondo le contestó: “Lo piden la Embajada y la DEA”.
Alguna vez Macri dijo lo mismo cuando explicó por qué había designado como jefe de la metropolitana al comisario Jorge “Fino” Palacios.

Compartir