Sin mejorías en las relaciones con el G-20 y con Estados Unidos

LA SEMANA POLITICA

Emilio Marín – El vínculo con la superpotencia sigue deteriorado políticamente. Y ese signo negativo es muy probable que se reitere hoy en el cierre del G-20, en Australia. Motivos de más para rediscutir cuál es el lugar de Argentina en el mundo.
Se sabe que la relación con Estados Unidos, donde había cierta expectativa al inicio de la administración Obama, se caracteriza hace un tiempo por el conflicto. Más que unidad y lucha, hay lucha y unidad desde que los “fondos buitres” lograron fallos favorables de la justicia neoyorquina. Y en política, a diferencia de las matemáticas, el orden de los factores altera el producto.
Para quienes apuestan a la recomposición de la amistad con el Norte queda el recurso de aguardar al verano austral, con el vencimiento de la cláusula Rufo, como el ambiente propicio para una negociación con Paul Singer. Para ese tiempo todavía faltan dos meses y en esta tensa situación ese lapso puede ser importante.
Mientras tanto prosigue la tensión. Joaquín Morales Solá, que piensa como washingtoniano, escribió esta semana: “La relación con Estados Unidos, otra brecha que se ensancha”. Celebraba la designación que hizo Barack Obama de Loretta Lynch como nueva procuradora general y jefa del Departamento de Justicia. Citando al fiscal Alberto Nisman, Morales Solá aseguraba en “La Nación” que Lynch fue la fuente del fiscal para el informe donde acusó a Irán de haber sido el responsable del atentado terrorista en 1994 contra la AMIA.
La confesión de Nisman confirma lo dicho aquí sobre ese Informe: sus 600 páginas eran un vulgar “copy and paste” de escritos sionistas y del Departamento de Estado.
Donde se nota más el alineamiento del periodista con la oposición más fanática es en que enfatiza la mayor confrontación con EE UU por la designación de Lynch. No repara en que, desde otro ángulo, la presidenta argentina tiene razón cuando criticó a los que antes la cuestionaban por el Memorando con Irán. Hace un tiempo que Obama y John Kerry negocian con Teherán. O sea que en el tema de conversar o no con el presidente de los persas, tanto Buenos Aires como Washington lo están haciendo. Y eso es preferible a andar planificando sanciones comerciales, acusaciones de terrorismo que no tienen fundamentos y bombardeos.
Es al revés de lo que afirma Morales Solá. A pesar que Obama y Cristina tienen en este momento una táctica conversatoria parecida hacia el iraní Moshen Rohani, las diferencias se mantienen a causa, entre otras razones, del conflicto con los “buitres”.

Pura cháchara.
Ese diferendo con la Casa Blanca se volvió a ver en la cumbre del G-20 en Brisbane, Australia, adonde concurrió Axel Kicillof en representación de la presidenta, que está completando su reposo. La delegación se completó con el canciller Héctor Timerman y otros funcionarios que en otras citas mundiales (en la OEA y Naciones Unidas), acompañaron a Kicillof a exponer la posición sobre la validez de la reestructuración argentina de la deuda externa y, consiguientemente, los derechos soberanos afectados por la intromisión de capitales especulativos de NML Capital, Elliott Management, Aurelius, Dart, etc.
En una cita previa en Australia, preparatoria de la de este fin de semana, los representantes de Argentina propusieron que -cuando se reunieran los mandatarios- debatieran las formas de instrumentar lo votado en la Asamblea General de la ONU en setiembre respecto a las reestructuraciones soberanas. En esa ocasión 124 países, a propuesta del representante de Bolivia, votaron afirmativamente esa moción por la que abogaba el gobierno de CFK.
Sin embargo, en esa antesala de la reunión que culmina hoy, países que cortan el bacalao en el G-20, léase EE UU, Alemania, Reino Unido, Japón y el propio anfitrión, rechazaron el pedido argentino. Y de hecho el asunto no figuró en el documento final. Habrá que ver si hoy se logra perforar ese muro, una tarea difícil por el peso específico del bloque que se opone, bien funcional a los “fondos buitres”.
Con una cuota de refinada hipocresía, adujeron que las cumbres de presidentes no son el ámbito adecuado. Que el tema debe ser discutido en el Fondo Monetario Internacional, como si se tratara de un tópico financiero y no político. La embajadora de Australia en Buenos Aires, declaró que los ámbitos conducentes a tal debate serían “la Iniciativa para los Países Pobres Altamente Endeudados, la Iniciativa Multilateral de Perdón de Deuda, el Club de París, el Banco Mundial y el FMI”.
Con ese panorama a la vista, y aunque al momento de escribir esta columna el cronista no sabe cómo terminará el encuentro de Brisbane, puede conjeturar que la opinión de Kicillof no tendrá mayor éxito. Los presidentes del grupo de poder mundial optarán por comentar una serie de medidas -¡serían 900!- para poder aumentar supuestamente el rendimiento de cada economía del mundo en dos puntos más por año.
Sin resolver los límites legales contra los “fondos buitres”, tal aumento de la torta mundial paradojalmente podría ser festejada por aquéllos, que tendrían más tajadas para embargar y cobrar deudas usurarias.
Lo más probable es que la cita del G-20 discurra como las anteriores, con discursos superficiales y muchas fotos de familia (al ministro argentino lo regañaron los medios concentrados por haber saludado con los dedos en “ve”).
Por eso, al regreso de la delegación a Buenos Aires, sería importante que el gobierno debatiera cuál es la política más correcta de inserción de Argentina en el mundo. Habría que dar vuelta la página de ingenuas esperanzas en el G-20 y retomar la vía de la Unasur, Celac y en todo caso con el BRICS. El ALBA cumple este diciembre diez años, pero la ausencia del país allí hace daño a todos, sobre todo al ausente.

Gato por liebre.
Un giro en sentido latinoamericanista y tercermundista, altamente recomendable, tendrían pocas posibilidades de desarrollo si se afirmara la candidatura de Daniel Scioli al interior del FPV-PJ. Todo parece indicar que avanza paso a paso hacia las PASO, valga la redundancia, para consagrarse allí como quien vestirá de naranja al oficialismo en 2015.
No se trata sólo de las encuestas que lo ubican primero con 26 por ciento en la intención de votos, por sobre Sergio Massa y Mauricio Macri. Eso tiene su peso en las decisiones políticas en este tiempo de imposición de datos mediáticos y marketineros. Y sino que lo diga Martín Insaurralde, que luego del casorio con la vedette Jesica Cirio alcanzó un nivel de conocimiento del 100 por ciento en la población bonaerense, a la par de Scioli y Massa.
Scioli está aprovechando bien ese liderazgo, saliendo reiteradamente de su ámbito provincial. Este sábado fue a Córdoba y antes estuvo en otras provincias. Está en campaña, a pesar de que los docentes provinciales le hicieron un paro masivo reclamándole un bono de fin de año, la apertura de las negociaciones para 2015, repudiando el recorte de dos puntos en la partida para Educación dentro del Presupuesto provincial.
Junto a ciertos líderes kirchneristas que lo van avalando como su presidenciable, casos del intendente de Villa María, Eduardo Accastello, y el subsecretario de la Presidencia, Gustavo López, hay algunos rumores de que ese aval habría sido tomado o estaría a punto de serlo, por la presidenta.
En el sitio El Destape, del periodista económico Roberto Navarro, de C5N, que normalmente coincide con los lineamientos del gobierno nacional, se publicó que Máximo Kirchner hizo un asado en Olivos, invitando a varios intendentes del conurbano y a los líderes de La Cámpora. Allí habría blanqueado el apoyo de su madre a Scioli y dado instrucciones para que ese aval empiece a ser digerido y propagandizado por corrientes más amplias del Frente para la Victoria-PJ.
La especie no fue confirmada, pero tampoco desmentida. Si un acercamiento entre Cristina y el ex motonauta ya terminó en acuerdo en 2011 para la gobernación, incluyendo a Gabriel Mariotto como vice y reservando para la Casa Rosada la mayor parte de los diputados nacionales por esa provincia, ¿por qué no se podría repetir esa historia?
Aquel arreglo no está confirmado. Por ahora son rumores con cierta verosimilitud. Los lastimados políticamente son los otros seis, siete u ocho precandidatos que quedarían desairados por una opción cristinista de ese tipo. En ese caso sería muy improbable que los no preferidos resolvieran ir de todos modos a las PASO. Podrían abandonar la carrera.
Entre los que rezan para que ese arreglo Cristina-Scioli no sea cierto está Jorge Taiana, que realizó un acto en la simbólica Federación de Box y propuso un movimiento de Luche y Profundice. Su idea es que el kirchnerismo debería avanzar con medidas aún no especificadas pero de contenido popular, para completar las tareas pendientes de esta década (los complacientes creen que casi todo fue hecho y muy bien hecho).
“No somos todos iguales; no nos vendan gato por liebre”, dijo el ex canciller en ese acto arropado por una corriente corrida más a la izquierda, de Seamos Libres, de Pablo Ferreyra (legislador porteño, hermano de Mariano Ferreyra). Esa advertencia de Taiana pareció un tiro por elevación a Scioli, al que los kirchneristas más obedientes de los planes trazados en Olivos ya empiezan a vender como si fuera carne de rica liebre y aún de vizcacha.