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Sindicalismo sin perspectiva de género

Que el mundo sindical argentino está dominado por la mirada patriarcal no es un secreto para nadie. Alcanza con ver las fotografías en los diarios o las imágenes televisivas de las actividades que despliegan los gremios, a todo nivel y en todo lugar, para reconocer esa falencia que, a esta altura, atrasa el reloj de la historia.
Hace unos años, en el Congreso de la Nación, durante una reunión de la que participó la cúpula sindical argentina -todos varones-, algunas legisladoras señalaron expresamente la ausencia de representantes mujeres; la puntualización tuvo que ser admitida -con sonrisas de circunstancias- por los gremialistas presentes.
La reciente renuncia de la secretaria de Actas del Sindicato de Obreros y Empleados Municipales (SOEM) no es ajena a este viejo problema. Tampoco la denuncia que realizó ante la Unidad Funcional de Género de la policía contra el secretario general de ese gremio.
Hasta el propio motivo de esa controversia tiene innegables vínculos con la concepción machista que predomina en el ámbito gremial: la no desafectación de un integrante de la comisión directiva del gremio a pesar de haber sido condenado por abuso sexual a una menor. La sentencia se conoció hace varios meses y afecta al secretario adjunto, es decir a un integrante encumbrado del gremio.
El relato de la ahora exsecretaria de Actas es revelador. Dijo que viene elevando reclamos desde hace mucho tiempo, y que cuando presentó su renuncia, ante la demora en resolver el apartamiento del condenado, fue amenazada e intimidada por el secretario general en lo que calificó como una «emboscada» de «varios hombres». El titular del gremio desmintió esas expresiones y justificó el no pedido de renuncia alegando que «no podemos condenar a nadie sin pruebas». Sin embargo hace meses que existe una sentencia condenatoria a diez años de prisión al comprobarse el delito.
Este caso viene a mostrar cómo suelen operar algunos entornos gremiales y a explicar por qué motivo es tan escasa la representatividad de mujeres en los niveles de conducción. A esta altura pareciera que no llama la atención un hecho por demás evidente: hasta en actividades laborales que tienen un elevado nivel de trabajadoras mujeres suele haber mayorías abrumadoras de dirigentes sindicales varones. Cansaría enumerar los gremios en donde ocurre este fenómeno que expone como pocos la discriminación de género. En buena parte del gremialismo se le sigue dando la espalda a los avances notables que las mujeres -como otras identidades de género- han venido logrando en nuestro país. En pocas palabras: el «techo de cristal» en este ámbito, como en tantos otros, no es un exceso retórico sino una dura realidad.
Aclaración necesaria: ni todos los gremios ni todos los gremialistas varones tienen comportamientos discriminatorios que pueden llegar al extremo de encubrir o proteger a quienes cometen actos de violencia machista. Pero no son pocos los que caen en estas prácticas que ponen en riesgo la democracia sindical bajo cuyas banderas toda persona, con independencia de su género, vale por igual y puede aspirar al respeto a su dignidad y a los máximos puestos de conducción.