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¿Sindicato policial?

EL EJEMPLO DE EEUU NO ES EL MEJOR PARA SEGUIR EN ARGENTINA

Los gremios policiales norteamericanos defienden a sus miembros violentos, obstaculizan las investigaciones y las reformas, y hacen lobby en favor de la derecha.
MARÍA CLARA ALBISU
En la década de 1960, en Estados Unidos se reconoció a las fuerzas de seguridad el derecho a la agremiación. Desde entonces los sindicatos policiales norteamericanos emprenden negociaciones colectivas y funcionan como cualquier otro sindicato. De acuerdo a una investigación de la Universidad de Chicago, realizada en el estado de Florida, la sindicalización policial se tradujo en un aumento del 40 por ciento en casos de violencia institucional.

Garantía de impunidad.
Mientras que el nivel de sindicalización se redujo a la mitad desde 1980 en EEUU, en el caso de los gremios policiales aumenta cada año. Menos del 12% de los trabajadores norteamericanos están sindicalizados, en cambio los policías representan el 33% de los trabajadores organizados del sector público, por arriba del segundo oficio más organizado, el de los maestros. El principal factor, de acuerdo a los especialistas, es que sindicalizarse constituye una especie de «póliza de seguro» para un policía. Una que garantiza su impunidad y lo protege de las consecuencias de sus actos.
La Universidad de Oxford concluyó en 2018 que los convenios colectivos de las policías están directamente relacionados a los abusos de la fuerza contra ciudadanos. Es que los gremios policiales no se limitan a discutir salario y condiciones: además defienden agresivamente los derechos de sus miembros investigados por violencia institucional y corrupción.
Un informe de Reuters estableció que la mayoría de los convenios policiales incluye cláusulas que aseguran la eliminación automática de sanciones disciplinarias de los legajos de sus miembros, transcurridos determinados plazos, lo cual dificulta la separación de agentes con historia de abusos y violencia. Además, muchos convenios establecen límites de tiempo muy cortos para que un ciudadano pueda presentar denuncias por abusos o mal desempeño contra un policía.

Lobby político.
Además los sindicatos son actores de peso en el plano político. Su poder de lobby les permitió desarmar numerosas iniciativas de seguridad democrática. Los sindicatos policiales son uno de los grupos más activos en la oposición a reformas de justicia y seguridad, particularmente aquellas atinentes al uso de la fuerza y la represión.
Los sindicatos policiales son históricamente instituciones de raíz conservadora, muchas veces involucradas en movimientos políticos de ultraderecha. La Unión de Asociaciones Policiales, por ejemplo, apoya y financia la reelección de Donald Trump. Un dirigente gremial, Bob Kroll, es el orador predilecto del Presidente, y estrella invitada en algunos de sus actos. Kroll comanda el gremio en Minneapolis, la ciudad donde un policía asesinó a George Floyd en mayo de este año.

Líderes blancos.
Luego del asesinato de Floyd, la sociedad norteamericana se volcó a las calles para protestar por la violencia policial. Parte de la reacción devino en el reconocimiento de cómo los sindicatos policiales contribuyen al odio racial. Un dato clave: según un análisis del sitio web The Marshall Project, incluso en los distritos con mayoría de población afroamericana en su policía, los líderes gremiales son blancos. De acuerdo a un relevamiento, el 92% de los policías blancos cree que en EEUU no hay injusticia racial, y el 67% de los oficiales piensa que los crímenes y abusos policiales contra ciudadanos negros son «incidentes aislados».
Unos días después de que fiscales de Minneapolis imputaron al oficial que mató a George Floyd, Bob Kroll denunció al gobierno local por «perseguir a los policías» y amenazó con medidas de fuerza. Algo similar había ocurrido en Nueva York en 2014, 2015 y 2019 a partir de otros casos. Paradójicamente, durante la retención de tareas propiciada por el sindicato de policías en 2014, se observó una baja en los índices criminales de la ciudad.
Recientemente, gremialistas policiales no dudaron en calificar como «terroristas» a quienes protestaban contra los asesinatos de George Floyd y Breonna Taylor, incluyendo a diferentes agrupamientos obreros que formaron parte de las manifestaciones.
Como respuesta al rol de la policía en los últimos meses, el movimiento Black Lives Matter y varios sindicatos pidieron a la AFL-CIO, la central de trabajadores más grande de EEUU, la expulsión de los sindicatos policiales de su seno. Además gremios de distintos oficios señalaron que es imposible convivir en una central obrera con aquellos que se felicitan por reprimirlos.

Fallo de la Corte.
En Argentina, aunque hay consenso sobre la necesidad de mejorar ingresos y condiciones de trabajo de los policías, su sindicalización continúa siendo objeto de discusión. Aunque ninguna norma la prohíbe, de acuerdo a la OIT es necesaria la autorización del Estado para permitirla. En Argentina continúa rigiendo la excepción. Un fallo de la Corte Suprema ratificó este criterio en abril de 2017 y se pronunció en contra de la sindicalización de la policía bonaerense. Algunos especialistas, como el actual Ministro de Seguridad de Santa Fe, Marcelo Saín, abogan por agremiar a los policías, con ciertos límites al derecho a huelga, considerando que hacerlo «podría contribuir a la democratización» de los cuerpos de seguridad. Otras voces postulan que la sindicalización puede tener efectos negativos en una sociedad que tiene aún muy frescas en su memoria las experiencias autoritarias.

Asociaciones.
Aunque los sindicatos policiales no estén autorizados, es equivocado decir que hoy los policías argentinos no están organizados. En la mayoría de las provincias operan diferentes asociaciones que bregan por sus intereses corporativos. Conducidas en gran parte por policías exonerados y jubilados, estas asociaciones «civiles» llevan adelante una agenda de reclamos y son, de cierta manera, interlocutores de los diferentes Ministerios de Seguridad provinciales. Elevan petitorios, organizan propuestas y nuclean y contienen a muchos policías en actividad y a sus familias en iniciativas de acción social. Cumplen, en algunos aspectos, el rol social de un sindicato. Sin embargo, también están vinculadas a la defensa a ultranza de los policías del gatillo fácil y en varias provincias, a la de sus miembros acusados de crímenes de lesa humanidad.
Mientras tanto, en materia de relaciones con el movimiento obrero, las fuerzas de seguridad continúan cumpliendo en todo el mundo un rol no muy diferente al que representaron el 1° de mayo de 1886, cuando comenzó una huelga motorizada por anarquistas en Estados Unidos. Los «mártires de Chicago» fueron ejecutados por enfrentarse a la feroz represión policial a la revuelta obrera. En muchos países, los trabajadores conmemoramos este hito celebrando el Día Internacional del Trabajador. La policía estaba del otro lado. (Extractado de El Cohete a la Luna).