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Sobresale la moderación en la oferta política

LA SEMANA POLITICA

Ya se presentaron las alianzas y listas de candidatos. Y de hecho se lanzó la campaña electoral. Por el lado de la demanda popular, prevalece el pedido de soluciones. La oferta electoral, en cambio, tiene el signo de la moderación.
SERGIO ORTIZ
La sociedad de 44 millones de argentinos tiene muchos sectores y clases sociales; es harto difícil sintetizar y más aún simplificar cuáles son sus demandas. Uno es el sentimiento en Puerto Madero y otro el de quienes habitan en villas miserias o en la calle, pasando por los estadios intermedios entre aquel cielo y estos agujeros de la tierra.
Aunque de modo matizado, a una mayoría de personas la está afectando la caída del Producto Bruto Interno (PBI), del 5,8 por ciento en el primer trimestre.
Al margen de sus intenciones macristas, Jorge Todesca en el Indec se ve obligado a difundir estadísticas que dejan mal parado al gobierno del PRO-Cambiemos. Hoy la pobreza afecta al 35,2 por ciento de la población, la desocupación subió al 10,1 por ciento, que en números absolutos significa 2.133.000 desocupados.
Entre quienes están luchando para no caer dentro de esa condición, están los 90 trabajadores del Bauen Hotel. Un fallo judicial les dio una semana de plazo para desocupar el edificio, para devolverlo a los antiguos dueños. Estos empresarios nunca pagaron los créditos del Estado, que les prestó vía Banade. Fueron los empleados quienes hace 16 años pusieron de pie ese hotel porteño, como cooperativa. Ahora acecha la injusticia y el revanchismo patronal, favorecidos por el veto de Mauricio Macri a una ley que hubiera permitido al Estado cobrarse las deudas y blanquear la permanencia de los empleados cooperativizados.
El ejemplo del Bauen permite entender por qué tanto desempleo: pesan las leyes económicas del ajuste y el neoliberalismo, pero también las decisiones políticas del gobierno y el FMI para pulverizar puestos de trabajo.
No se crea que quienes conservaron su empleo pudieron vivir tranquilos. No fue así. El temor de perderlo estuvo rondando sus cabezas como espada de Damocles. Y también porque el ingreso promedio de 28.000 pesos no alcanzó a cubrir la canasta familiar total, inflación mediante.
La equidad o justicia social o como quiera llamársele al emparejamiento de los niveles de vida nunca existió plenamente. Ni antes de 2015 y muchísimo menos después. La dependencia de Todesca actualizó números de esa injusticia flagrante: el 10 por ciento de la población de mejores ingresos gana 21,2 veces más que el 10 por ciento de peores sueldos. La torta se la comen casi toda los ricachones y pocas migajas dejan para los más humildes.

Los reclamos.
Muchos argentinos expresan que la están pasando mal. A veces lo hacen con paros generales de alto cumplimiento, aunque domingueros por el miedo de la dirigencia de la CGT; otras con movilizaciones como las de los mineros de Aguilar en Jujuy; hay marchas y ollas populares de los sectores de trabajo informal y cooperativas; otras veces es un obrero que se acerca al presidente en un acto y le dice públicamente «hagan algo», o las hinchadas de fútbol cantan el hit del verano, otoño, invierno y primavera: MMLPQTP, etcétera.
También lo dicen en las elecciones provinciales, donde el macrismo fue derrotado en casi todos los comicios. Los ganadores no son dechados de virtudes, como los gobernadores reelectos en Córdoba, Tucumán, Formosa, Chubut y San Juan o el nuevo mandatario en Santa Fe. Son dirigentes del peronismo tradicional, con muchos defectos, entre ellos fueron colaboracionistas con Mauricio Macri en buena parte de estos años. De cualquier modo, Cambiemos tuvo que digerir muchas derrotas, con excepciones como la de Jujuy.
Quiere decir que los reclamos sociales no se limitaron a esa esfera, sino que han tenido consecuencias políticas, lastimando la posibilidad de reelección del ingeniero.
Como mínimo, esos sectores populares piden trabajo y emergencia alimentaria, paritarias sin techo, control de precios para bajar la inflación, reactivación económica en base a las Pymes, tierra para las familias campesinas pobres y pueblos originarios, mayores presupuestos para Educación y Salud, más obra pública y planes de vivienda para sectores populares, cese de la usura en préstamos de bancos, baja de precios de medicamentos, ídem con las facturas de servicios que se dolarizaron, defensa de las empresas públicas como Aerolíneas y Ferrocarriles, etcétera.
Esas demandas se hacen sentir en las encuestas sobre las PASO y las elecciones de octubre. En general pinchan las expectativas del macrismo y engordan las chances de lo que la gente percibe como oposición, o al menos con más posibilidades de llegar al gobierno, como el Frente de Todos.
Algunos sondeos de opinión estiman que esa oposición, de los Fernández, estaría 8 puntos arriba de Macri-Pichetto en primera vuelta y casi 5 en balotaje. Esa es «la foto» de hoy, aún admitiendo que en el último mes habría mejorado un poco la imagen positiva del presidente.
Si uno se guía por las declaraciones de aquél en la Cumbre del G-20 en Osaka, el rumbo económico y político sería muy acertado y los primeros resultados positivos ya se habrían producido. Nueva expresión de deseos sobre «brotes verdes», cuando los únicos «verdes» que mantienen alta cotización son los dólares.
«Miente, miente, que algo queda», explica las fábulas del presidente y su co-equiper, Christine Lagarde, también presente en la reunión de Japón.

Examen del Fondo.
La claridad sobre las necesidades de la mayoría de los argentinos, muchas con carácter de urgencia, no se traduce en una coincidencia similar respecto a con qué políticas se pueden alcanzar tamaños objetivos.
La gente siente que tiene el bolsillo roto y la heladera vacía, y que necesita resolver esas y otras necesidades imperiosas. Sin embargo no sabe con claridad cuáles son las formas de lograrlas.
No es su culpa. La mayoría del universo político que va y viene en componendas electorales, según aconsejen las encuestas y la habitual rosca, con honrosas excepciones, no ayudan a ver los programas básicos y posibles soluciones. Menos aún se puede esperar que aporten alguna luz los medios concentrados y monopólicos, hasta ahora colaboracionistas del gobierno responsable de la crisis. Del sindicalismo ya se ha opinado: entre los Agustín Tosco y Raimundo Ongaro de ayer, capaces de jugarse la vida por sus bases, a los Héctor Daer y Carlos Acuña de hoy, cancerberos de su clase, media un abismo.
Los dramas de pobreza, endeudamiento y privatización del poder político en manos de los CEOs de grandes empresas y bancos son hoy más graves que los del año 2001. Se abren los cielos para American Airlines y se acuerda con la Unión Europea abrir más a sus monopolios nuestra economía reprimarizada y la del Mercosur.
La lógica aconsejaría que el gobierno por venir el 11 de diciembre lo haga munido de un programa más profundo que el vigente entre 2003 y 2015. Y que ese gobierno sea acompañado por una movilización mucho más potente que la de la «década ganada», que empezó en la Plaza de Mayo y fue derivando a los Patios de las Palmeras.
Sin embargo, lo que la oposición hoy ofrece al «mercado político» es lo contrario de aquellas soluciones necesarias. La idea predominante sería que esos gobiernos demasiado radicalizados y antimonopólicos, sectarios, y ahora no se puede dejar afuera «a ningún argentino», como dijo Alberto Fernández. Dejando de lado a la francesa Lagarde y al ecuatoriano Durán Barba, los dirigentes de Cambiemos son argentinos, al menos de nacimiento y con DNI. ¿También a ellos alcanza el llamado unitario?
Puede ser que antes de 2015 el gobierno K hubiera tenido algunos despistes puntuales de sectarismo. Pero no fue sectarismo la justa pelea contra las patronales sojeras y el monopolio Clarín, el intento de reformar la justicia y las condenas judiciales a los genocidas. Empero, para el candidato presidencial de Todos la ley de medios fue una locura, igual que la reforma judicial. Coherente con eso, tampoco comparte la idea de Mempo Giardinelli de favorecer otro sistema de justicia ni la de Dady Brieva, de una Conadep para investigar a los periodistas cómplices de la entrega.
La pista clave la dio el candidato en el cierre de su discurso en la Asociación Bancaria, cuando enfatizó que cuando fuera presidente iba a meter presa «a la palabra venganza».
Cuando las Madres, Abuelas e HIJOS pidieron castigo a los genocidas no las animaba la venganza. Si los abuelos estafados por la reforma previsional piden juicio y castigo a Macri y Pichetto, no será venganza. Si los familiares de los 44 muertos en el ARA San Juan quieren cárcel para Macri y Oscar Aguad, eso tampoco será venganza. Si los familiares de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel claman por castigo a Patricia Bullrich, eso no puede tacharse de venganza. Si los amigos de Milagro Sala, Fernando Esteche, Daniel Ruiz y Luis D’Elía plantearan juicios a Macri, Claudio Bonadío y Gerardo Morales, tampoco será venganza.
Esas cosas se llaman Memoria, Verdad y Justicia. Y son las que no se anima a mencionar ni proponer la oposición; menos aún en sus diálogos «con profundo respeto» con los dos enviados del FMI en su cuarta inspección in situ. Además de que eso es obsecuencia, así se blanquea al Fondo como doble poder en Argentina.