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Solo el miedo los hizo reflexionar

La noche del domingo, los argentinos que estaban sentados frente al televisor tuvieron la ocasión de observar la asombrosa transmutación que afectó a buena parte de los periodistas que por esas horas estaban desarrollando sus programas. Y es que, súbitamente, esas figuras rutilantes de los canales de noticias cambiaron sus discursos y pasaron de cuestionar con su habitual ferocidad las medidas sanitarias establecidas por el gobierno nacional a defender los cuidados ante la pandemia e incluso, por increíble que parezca, a recomendar a la población que adopte todos los recaudos necesarios para defenderse de la propagación del Covid-19.
¿Qué fue lo que provocó semejante portento?, la muerte de Mauro Viale. El deceso, producto de una infección con el temible virus, obró el milagro de cambiar, inesperadamente, el discurso de tantos comunicadores que desde los púlpitos televisivos no han parado de cuestionar, en los términos más belicosos y en nombre de las libertades individuales, las campañas de cuidado social lanzadas por el gobierno. De repente, todos ellos, cambiaron sus fieros gestos y gritos destemplados por rostros compungidos y tonos calmos de voz no solo para hablar de la muerte de un colega sino también para aconsejar a la población sobre la «necesidad de cuidarse», «de no oponerse a la vacuna», «de hacerle caso a las autoridades sanitarias» y expresiones por el estilo.
La sobreactuación, el oportunismo, la sensiblería, la búsqueda del impacto emocional sin reparar en los recursos empleados, incluidos los golpes bajos, está en el ADN de nuestra televisión. Sería impensable no encontrarlos a diario en casi toda la oferta televisiva a la que estamos expuestos. Pero lejos se está aquí de cuestionar el dolor que, legítimamente, despertó el fallecimiento de alguien tan conocido y con tanta trayectoria en el ambiente televisivo. Lo que se intenta señalar es que tuvo que llegar la muerte de alguien cercano para que cesaran los discursos enceguecidos e irresponsables que convocaban a desobedecer las pautas de cuidado social destinadas a evitar la propagación del virus.
Es imposible saber hoy si este cambio de actitud continuará o si, pasado el impacto de esta triste noticia, las cosas volverán a ser como antes. Lo que sí quedó expuesto en forma dramática es el miedo que muchos periodistas estrella sintieron esa noche ante una muerte tan cercana. La sensación de impunidad que les otorga -a muchos de estos individuos obnubilados por las luces de la fama- la pertenencia al olimpo mediático, de pronto no fue el escudo impenetrable que creían poseer.
Quienes se habían mostrado insensibles ante una pandemia tan devastadora desautorizando hasta el insulto a los especialistas que alertaban sobre el peligro, sembrando a los cuatro vientos desconfianza contra las vacunas o incitando a movilizaciones sociales solo atinaron a cambiar de actitud cuando le tocó a uno de ellos. Hasta entonces las miles de muertes lejanas y anónimas les habían resultado del todo indiferentes.
El «periodismo de guerra» mostró tener un alto precio también para quienes lo practican; y pasó factura.