Son pocas y en los lugares secundarios

MUJERES EN LOS SINDICATOS

La escasa participación de las mujeres en las estructuras sindicales marca la permanencia de una discriminación de género, que contradice leyes y discursos sobre la igualdad entre trabajadores y trabajadoras.
IRINA SANTESTEBAN
La política y los sindicatos fueron tradicionalmente “cosa de hombres”. Las mujeres fueron durante siglos relegadas al ámbito de lo doméstico, al cuidado de la familia y de los hijos. El derecho de las mujeres a votar en Argentina, recién se dio en 1952, 40 años después de la sanción de la ley del “sufragio universal”, que no lo era porque dejaba afuera a la mitad de la sociedad. Es que a principios del Siglo XX, las mujeres no ingresaban al “universo” de la política, un ámbito que era exclusivo de los varones.
Aunque no había aparentemente impedimentos para la participación de las mujeres en la política, era tan notoria la discriminación femenina, que a fines de los años ’80 comenzó a debatirse una ley para establecer un cupo obligatorio en las listas de candidatos a cargos legislativos. En 1991 se sancionó la ley 24021, que estableció en un 30% el porcentaje mínimo de candidatas mujeres para la Cámara de Diputados. En Senadores, ese sistema recién se incorporó con la reforma constitucional de 1994.

Ley con “trampa”.
A poco de ser implementada, la ley tuvo que ser reglamentada, pues las listas eran confeccionadas relegando a las mujeres a los últimos lugares, con lo cual sus posibilidades de ser electas eran prácticamente nulas. Así, se estableció que el porcentaje del 30% debía ser colocado de tal modo que cada dos candidatos varones, como mínimo, debía ubicarse una mujer, mientras que uno de los dos primeros lugares de la lista debía estar ocupado también por una mujer.
Así, mediante una “discriminación positiva”, la ley estableció un mínimo para la participación de las mujeres en las listas de candidatos para cargos legislativos.

“Fifty, fifty”.
Actualmente se debate en el Congreso un proyecto de ley que pretende llevar ese porcentaje al 50%, iniciativa que ha recogido adhesiones y críticas, incluso desde las propias mujeres. Es que algunas representantes políticas estiman que no se justifica una ley de este tipo, y que las mujeres deben “demostrar con capacidad” que son dignas de ser ubicadas en puestos expectantes como candidatas.
Quienes así opinan, por desconocimiento o por ideas, niegan las causas de la subordinación de la mujer en todos los ámbitos: familiares, laborales, sociales, políticos, etc. Es que, aún vigente la ley de cupo, el porcentaje del 30% de participación de las mujeres en ambas Cámaras del Congreso, recién se alcanzó a mediados de los años 2000, casi 20 años después de sancionada la norma.

Sumisión y desigualdad.
Histórica y culturalmente, la mujer ha sido considerada en un lugar de sumisión al varón, sea en la estructura familiar, sea en la sociedad. Esa situación respecto al rol de la mujer se ha modificado sustancialmente, tanto en el ámbito doméstico, como en el mundo del trabajo y la política. Pero todavía persisten estereotipos, conductas, legislación, actitudes, prejuicios, etc., que es necesario modificar con leyes y políticas públicas.
Negar esta situación, es negar la realidad. La desigualdad en el trabajo, en las remuneraciones, en la educación, incluso en el tratamiento que se da a mujeres y varones en la publicidad, etc., nos muestra que la “perspectiva de género” es necesaria para lograr, finalmente, una sociedad con iguales oportunidades y derechos.

Sindicatos machistas.
Si la desigualdad entre mujeres y varones persiste en la política, mucho más se da en las estructuras sindicales, ámbito machista por excelencia.
Según el informe de la Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo, llamado “La Participación Femenina en las Comisiones Directivas de las Organizaciones Sindicales”, publicado en agosto de este año, y realizado sobre una muestra de 25 sindicatos, las mujeres que hacen carrera en los gremios, ocupan preferentemente las secretarías de la Mujer, de Acción Social, de Turismo o de Tesorería. En ninguno de los casos analizados hay secretarias generales o adjuntas mujeres, y sólo en uno, una mujer en la secretaría gremial. Esos tres lugares, son los más importantes en toda organización sindical, son los que representan al gremio, los que discuten el convenio colectivo, los que llevan la “voz cantante”.
De esta forma, el papel de subordinación que histórica y tradicionalmente tuvo la mujer en la sociedad, se ve reflejado en los sindicatos, otorgando a las mujeres cargos para las tareas “menores”, para las actividades que se consideran más “femeninas”, por ejemplo, el cuidado de los demás, al ocupar las secretarías de Acción Social.

Cupo sindical femenino.
La ley 25674 es la que estableció, en el año 2002, el cupo sindical femenino, en un 30% de los cargos electivos en comisiones directivas y otros órganos de dirección de los gremios. Pero el artículo 1º, establece que esa representación proporcional estará “en función de la cantidad de trabajadoras de dicha rama o actividad”.
Quiere decir que los sindicatos que representan rama de actividades laborales con poca dotación de trabajadoras, no están obligados a respetar ese cupo, sino el que se derive del porcentaje de mujeres que trabajen en las empresas cuya representación ejercen.
Según el informe citado, de los 25 sindicatos relevados, cinco no tienen ninguna mujer en su cúpula directiva nacional: la Federación Argentina de Trabajadores de Industrias Químicas y Petroquímicas de la República Argentina; la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmontadores de Algodón y Afines de la República Argentina; la Unión de Sindicatos de la Industria Maderera de la República Argentina; la Unión Obrera Metalúrgica, y la Unión Tranviarios Automotor.
Y tomando el conjunto de los 25 sindicatos, las mujeres ocupan el 18% de los cargos de secretarios, subsecretarios o prosecretarios, en sus comisiones directivas.
En una situación muy diferente está el STIA (Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación), que tiene un 40% de cargos ocupados por mujeres. Claro que se trata de una industria que ocupa preferentemente a mujeres, así y todo, la mayoría de los cargos sindicales está ocupada por los varones.

CGT sin cupo.
En cuanto a la participación de las mujeres en las centrales obreras, la más machista es la CGT, que en su nueva conducción, de 35 cargos, sólo dos son ocupadas por mujeres; y ninguna en su triunvirato dirigente. El ministro de Trabajo Jorge Triacca, al momento de certificar las nuevas autoridades, les reclamó el cumplimiento de la ley 25674, de cupo femenino en los sindicatos. No fue nada serio, sino sólo para incomodar a los “popes” sindicales, que en ese momento amenazaban con realizar un paro contra las políticas económicas del gobierno de Mauricio Macri.
Como esa medida ha sido desactivada, la cartera laboral no volvió a insistir en su reclamo para que las trabajadoras estén representadas en la CGT.

Mujeres sindicalistas.
El fin de semana pasado se realizó en Buenos Aires el Primer Encuentro de Mujeres Sindicalistas organizado por la Corriente Federal de Trabajadores que encabezan José Palazzo, de la Asociación Bancaria, y Héctor Amichetti, de la Federación Gráfica Bonaerense.
Más de 400 mujeres participaron del Encuentro, que encabezaron dos secretarias generales: Vanesa Siley (Judiciales) y Alejandra López (Sadop-docentes), ambas de sindicatos de la ciudad de Buenos Aires.
Entre las oradoras estuvo Alicia Castro, ex secretaria general de la Asociación de Aeronavegantes, quien fuera también diputada nacional y embajadora en Gran Bretaña durante el gobierno kirchnerista. Alicia fue una de las pocas mujeres que ocupó un lugar preponderante en los palcos de la CGT, como integrante del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), durante las movilizaciones contra el gobierno menemista, en los años ’90.

Discursos masculinos.
A pesar del avance de la perspectiva de género tanto en la política como en el sindicalismo, los palcos y los discursos de las principales movilizaciones obreras, siguen estando predominantemente a cargo de los dirigentes varones. Y no se trata sólo de una ausencia de mujeres que hablen a la par de sus compañeros de militancia, hacen falta voces que levanten las reivindicaciones propias de las mujeres trabajadoras: la desigualdad en el salario, la precariedad laboral, la doble/triple jornada que todavía recae sobre las mujeres, la violencia de género en el trabajo y en la vida cotidiana, los femicidios, etc.
En el Encuentro de Mujeres Sindicalistas, Alejandra López (Sadop) se pronunció por profundizar en los sindicatos una “identidad de género”, y por plasmar la temática de las reivindicaciones de las mujeres trabajadores en las agendas sindicales.
“Si bien sostenemos que ha habido avances en la perspectiva de género, no es suficiente”, porque no se toman los derechos de las mujeres como una temática preponderante, ni se asume la perspectiva de género en la formación político-sindical de los y las militantes de los gremios.

Por sindicatos igualitarios.
El camino hacia la igualdad de representación en los sindicatos, es aún más duro que el que se está transitando en la política. Es que los estereotipos de género son muy fuertes, y la cultura patriarcal ha establecido que al frente de una organización sindical, nacida para luchar por los derechos laborales, debe estar un dirigente varón.
Cambiar eso es tarea de mujeres y varones, trabajadores y trabajadoras, para transformar a las organizaciones sindicales en herramientas de cambio, de conquistas de derechos, que nos incluyan a todos y a todas.

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