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Tardía disculpa

Tuvieron que transcurrir más de setenta años para que el gobierno de Estados Unidos reconozca y pida perdón a las víctimas de un gigantesco operativo concentracionario. Los hechos ocurrieron después del ataque japonés a la base naval de Pearl Harbour (del que se dice era conocido previamente por los norteamericanos pero no lo impidieron para entrar en una guerra que eliminaría a un rival en el dominio político y económico del Pacífico) cuando el gobierno decidió arrestar a todos los inmigrantes japoneses afincados en territorio de EEUU quienes fueron internados en campos de concentración hasta un tiempo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Esa gigantesca operación implicó el confinamiento de centenares de miles de personas, familias enteras entre ellas.
El hecho, que apenas era conocido fuera de las fronteras norteamericanas donde se localizaban los campos, fue siempre desestimado como «propaganda comunista» pero lo cierto es que ocurrió y perjudicó a centenares de miles de personas, la mayoría de ellos poseedores de la nacionalidad estadounidense. Aunque se trataba de campos de concentración y no de exterminio, como lo eran los similares nazis, mucho de los allí internados murieron por razones de hacinamiento o por enfermedades.
Esta admisión de responsabilidades se ha sumado a otras por causas parecidas que ya habían llevado al país del norte a disculparse públicamente con los nipones. Ahora, con más de siete décadas de retraso, cuando la mayoría de los protagonistas han fallecido sin reparación moral o material alguna, llega este pedido tardío que imita procederes semejantes de otros países. En este caso el suceso permite apreciar que «el país de la libertad» no lo es tanto cuando así le conviene a sus intereses bélicos, que no son pocos, según lo muestra la historia.