Tarifazo: la trampa de los tibios

La oposición legislativa en el Senado logró, como se esperaba, un dictamen favorable a la aprobación del proyecto de ley contra los tarifazos en los servicios públicos que llegó a ese cuerpo con media sanción de la Cámara de Diputados. El proyecto impulsa retrotraer las tarifas a noviembre del año pasado y congelarlas para morigerar el brutal impacto de esta política de subas progresivas y astronómicas en el precio del gas y la electricidad que propicia el enriquecimiento de las empresas, descargando el costo de esa maniobra sobre los ya castigados salarios de los hogares argentinos.
El dictamen es, claramente una derrota para el oficialismo que ni siquiera pudo frenar con el antirepublicano recurso de anticipar el veto presidencial para esa decisión del Congreso. Pero es algo más que una derrota legislativa. Si sólo fuera eso, aislada de sus connotaciones, podría reducirse a una simple cuestión episódica. Pero el oficialismo sabe que es mucho más que eso. Y por eso descarga toda su artillería mediática para boicotearla.
Uno de esos ataques a la unidad opositora contra la salvaje política tarifaria de Cambiemos incluye en papel principal a gobernadores justicialistas que, en estos días, han salido a proponer una solución “intermedia” entre las pretensiones opositoras y la intransigencia oficialista. Se trata de una propuesta impulsada por el “dialoguista” gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey de bajar los tarifazos reduciendo el IVA del 21 al 10,5%. Esto es, mantener intacta la ecuación económica de distribuidoras y transportadoras de gas y electricidad y, en cambio, hacerle pagar el pato de la reducción del precio de las facturas al Estado, esto es, aumentando el déficit y reduciendo los ingresos públicos vía reducción de impuestos que se traducirán directamente en menos calidad de servicios nacionales y provinciales (el IVA es un impuesto coparticipable) de salud, educación, vivienda, desarrollo social, etc. etc.
La propuesta parece salida del recetario del macrismo pues apuesta a bajar el déficit mientras baja impuestos a los sectores más concentrados y favorecidos de la economía. Como hizo con la reducción de retenciones a sojeros y mineras, o la eliminación de Bienes Personales, o la reducción de alícuotas para el ingreso de importaciones que, además, atentan contra la producción y el trabajo argentino y aumentan el déficit, esta propuesta de Urtubey hace que sea el Estado el que aporte con reducción de impuestos la solución que deberían llegar de una política tarifaria que tenga como primer elemento el bienestar de la población y no el negocio de las empresas.
Inmediatamente de conocido el dictamen de mayoría opositora, las usinas mediáticas hicieron circular que Cambiemos aceptaría la propuesta de Urtubey como una forma de acuerdo y para no congelar las tarifas.
Se trata, a todas luces, de una trampa impulsada por el gobierno con la complicidad de los “tibios” de la oposición, los que parecen estar más cómodos con el gobierno de Cambiemos que con el partido al que dicen representar.
La semana dirá si el dictamen opositor que quiere retrotraer las tarifas sobrevivirá a las presiones que, a partir de ahora, desplegará el oficialismo para abortarlo, y evitar que sea aprobado el miércoles que viene. Quiere evitarse el costo político de vetar una medida que, más allá de su intención inmediata de congelar las tarifas, contiene en su interior el germen de un acuerdo opositor que, proyectado en términos electorales, amenaza las veleidades reeleccionistas del régimen de Ceos que hoy nos gobierna.