Télam, el diario de Yrigoyen y la tormenta que se viene

LA SEMANA PAMPEANA

I – Desencantados una vez más del sueño de ganar un mundial, los argentinos, y los pampeanos volvimos sobre el fin de semana nuestra vista nuevamente sobre el mundo real para comprobar que la semana que pasó dejó las marcas indudables de la tormenta económica que se avecina y amenaza hundir una vez más a nuestro país, pilotada hoy por los mismos que la hundieron ayer (pese a que, como sucede desde hace dos años largos, los titulares de los grandes medios cómplices del desastre y sus socios televisivos, radiales y weberos lo ocultaron o intentaron camuflarlo).

II – En ese intento de camuflaje interviene, en primera línea el “nuevo” Indec, cuyas mediciones de inflación parecen no registrar lo que pasa en las góndolas y sus estimaciones del desempleo son directamente una invención. Los santarroseños lo comprobaron en estos días cuando el organismo se animó a publicar que en la capital provincial y su ciudad asociada Toay se habían creado un millar de empleos en el último año, una mentira tan grande que la simple verificación de la actividad comercial paralizada, del parate en la construcción y de la tendencia creciente de los que aún pueden ahorrar para atesorar o inmovilizar capital, desmiente a todas luces. Desde el gobierno y desde la CGT local salieron a desmentir esa falsedad que, detalló un gremialista en la semana, toma como creación de empleo la simple anotación de un nuevo monotributo, aunque ese monotributo esconda, no la creación de empleo, sino la creciente precarización.

III – En medio de ese intento de esconder la realidad, el gobierno nacional llevó a cabo la mayor purga masiva de periodistas por motivos ideológicos de la historia del periodismo argentino al echar, de un plumazo, a 354 reporteros de la agencia oficial de noticias Télam, dos de ellos de la agencia santarroseña. Este descomunal ataque a la libertad de prensa pasó inadvertido para los grandes medios que lo ignoraron o, en el mejor de los casos, lo presentaron como una parte de la necesaria reducción del déficit fiscal. El propio director de la agencia confesó que los despidos obedecían a la necesidad del gobierno de eliminar la disidencia interna en ese medio oficial y uniformizar la matriz ideológica de los periodistas que allí trabajan. Se trata, nada menos, que del 40 por ciento de la planta de personal del organismo, que afrontará ahora, indican, una reorganización que la haga más a imagen y semejanza de las necesidades políticas del gobierno macrista y menos de las necesidades de los ciudadanos de contar con medios y periodistas que aporten a su derecho a la información.

IV – En realidad, la monstruosa purga que terminará con lo poco que quedaba de Telam como un medio de información de la realidad argentina para convertirla en una simple oficina de propaganda del gobierno de la Alianza Cambiemos, desnuda que la verdadera alianza que mantiene en pie al gobierno no es con los radicales, sino con los dueños de los grandes medios de comunicación con Clarín a la cabeza que encubren cada paso que da el gobierno en su plan sistemático de ataque a los argentinos que lleva adelante desde que asumió en representación, no del 51% que los votó sino del 1% de los ricos y poderosos y sus corporaciones y monopolios. Un gobierno que cuenta con la complicidad de los grandes medios no necesita de Telam, pues tiene en sus manos todo el poder para tomar las medidas más antipopulares que hunden la economía y sumergen a los argentinos y a quienes van a ocultar esa realidad o la van a presentar como el único camino obligado por la “herencia”, el “mercado”, la crisis “global” y no como lo que realmente es, un formidable plan de apropiación de la riqueza y sumersión de las mayorías.
(La liquidación de Telam no es un hecho aislado. Pese a todo el arsenal de medios con que cuenta, el gobierno no quiere voces que adviertan lo que está haciendo y en estos días lleva adelante un plan de liquidación de la empresa propietaria de C5N, el canal de noticias con más audiencia en la Argentina, así como intentó silenciar a periodistas como Víctor Hugo Morales, Horacio Vertbisky y a programas y medios que intentan mantener su independencia).
V – En los años de Yrigoyen, un mito urbano aseguraba que al presidente sus colaboradores le hacían un diario a medida, con buenas noticias y una realidad edulcorada que ocultaba la convulsión social, la recesión económica y la agitación política. El presidente hoy no necesita que sus allegados le hagan un diario a su medida, pues la sofisticación de sus aliados le permite distribuir a todo el país el diario que las grandes corporaciones de medios concentrados le hacen a la medida de sus necesidades personales y políticas. (LVS)