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Tensar la cuerda

La oposición política y mediática se ha empecinado en hacerle las cosas difíciles al gobierno nacional. Sin medir consecuencias se ha lanzado a una suerte de competencia por ver quién suelta las declaraciones más flamígeras en contra de cualquier decisión que adopte el Ejecutivo. Primero se dedicaron a boicotear las medidas de aislamiento social establecidas para afrontar la epidemia de Covid-19; ahora el objetivo es impedir el salvataje de Vicentin por parte del Estado.
A esta altura resulta evidente que ambos temas fueron utilizados por los sectores más refractarios de la oposición para reagrupar -y liderar- las diversas líneas que se abrieron entre macristas, radicales y coalición-cívicos, que venían mostrando posturas divergentes frente al gobierno nacional.
En estas aguas turbulentas pescan mejor las tribus más belicosas, porque tienen el invalorable apoyo de los grandes medios de comunicación porteños que se han dedicado con especial fruición a multiplicar las voces más furiosas. Por ejemplo, las manifestaciones en la modesta localidad santafecina de Avellaneda -sede de la empresa Vicentin- promovidas por su intendente para oponerse a la intervención fueron presentadas por la prensa de derecha como una rebelión patriótica nacional. Y hasta en La Pampa, por increíble que parezca, surgieron expresiones de similar tenor. En este caso fue el diputado nacional macrista el que lanzó la disparatada advertencia de que el Estado podría embarcarse en expropiar empresas provinciales, Pymes incluidas.
Lo que nadie menciona, por supuesto, es la situación financiera calamitosa en que se encuentra Vicentin, los multimillonarios créditos que le otorgó el Banco Nación autorizados por Javier González Fraga cuando ya estaba en cesación de pagos y, menos todavía, su calidad de principal aportante a la campaña electoral de Mauricio Macri. De eso no se habla, es la orden que nadie incumple.
Pero en las últimas horas se conoció una noticia que dejó sin palabras a estos verborrágicos políticos y periodistas: el fuerte crecimiento de contagiados y fallecidos por la pandemia en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Los que promovían la violación del aislamiento social porque, según sus delirantes interpretaciones, afectan la «libertad individual», nada dicen ahora. Incluso guardaron silencio cuando el Presidente de la Nación alertó sobre esta preocupante tendencia y afirmó que la situación en el AMBA ameritaría regresar a la fase 1, es decir, a las medidas de confinamiento más severas. La advertencia tuvo un destinatario privilegiado: el gobierno de la CABA que picó en punta con medidas apresuradas para salir de la cuarentena y ahora se encuentra en una encrucijada.
En tanto los dirigentes opositores más exaltados, los que se ponían en primera fila para denostar toda medida gubernamental, esta vez estuvieron ausentes en los medios y guardaron silencio. Los que más clamaban contra la cuarentena ahora, con las estadísticas sanitarias saltando por los aires, se llaman a silencio. También deberían admitir su parte de responsabilidad por la fuerte presión que ejercieron para terminar prematuramente con el aislamiento. Pero semejante gesto de grandeza está fuera de sus posibilidades.