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Texas se está recalentando

DOMINICALES

Hacia el final de la película «Thelma and Louise», nuestra heroínas están huyendo de la ley por la carretera desierta, cuando descubren que están ingresando al gran estado de Texas, y un escalofrío les recorre la espalda. Saben que si las atrapan allí, tienen pocas posibilidades de clemencia. Y no es para culparlas: todo el mundo sabe que ese estado sureño tiene el récord absoluto de aplicación de la pena de muerte (hasta se cargaron a un presidente, en Dallas 1963). Como dijo alguien: voy a creer que las corporaciones son personas, el día que Texas ejecute a una.

Clima.
Por estos días, ese paraje mayormente desértico de los EEUU es noticia por los desastres que ha causado una ola de frío polar que azota todo el país. Primero fue un accidente de tránsito masivo, causado por el hielo sobre la calzada en una autopista cerca de Fort Worth. Más de cien vehículos se vieron involucrados, y al menos seis personas perdieron la vida. Como bromeó alguien, hacen las cosas a lo grande.
Ahora el frío provocó una falla masiva en el sistema de distribución de electricidad, con lo que literalmente millones de tejanos y tejanas se quedaron sin energía, y consecuentemente -ya que el sistema de bombas también es eléctrico- sin agua corriente. En un país donde prácticamente nadie usa aparatos a gas, mucha gente se quedó sin ninguna posibilidad de calefaccionarse, cocinar o siquiera descongelar la nieve para beber.
La situación amenazaba con empeorar este fin de semana, con una nueva ola de frío. Y mientras las autoridades culparon del fenómeno a las fuentes de energía renovable (claro está, los molinos eólicos se congelaron, y los paneles solares se taparon de nieve), ya está comenzando a salir a la luz que existió una enorme imprevisión y un notorio mal manejo del sistema energético, que fueron directos causantes del colapso. Los gobernantes nunca planificaron qué hacer en estos casos, porque eligieron no creer que esto podía suceder.

Negación.
No es un dato menor que uno de las principales actividades en Texas es la industria del petróleo, lo cual explica que el discurso oficial -el estado es condenadamente republicano- que repudia la idea de las energías renovables, y niega por completo la existencia del calentamiento global y el cambio climático. Bueno, para el caso, los republicanos niegan principios científicos mucho más antiguos y consolidados, como la Teoría de la Evolución de Darwin.
Llámese «justicia poética» o como se quiera, lo cierto es que esta catástrofe natural que asola a los tejanos, tiene ciertamente su origen en ese calentamiento global que tanto se esfuerzan en negar. Podrá parecer contradictorio -si el clima se está volviendo más cálido, ¿cómo es que hace tanto frío?- pero es un hecho comprobado que la suba en las temperaturas globales ha desequilibrado todos los ecosistemas, entre ellos, ha liberado los vientos polares que estaban encapsulados por las corrientes de viento circulares alrededor del polo norte.
Pero nadie está exento de las fuerzas naturales, y de hecho Texas está expuesta a otros fenómenos no menos devastadores, como los tornados que suben desde el Caribe. El problema no es la naturaleza: son las autoridades que se solazan en su propia ignorancia e incompetencia.

Cancún.
Para el caso está el senador Ted Cruz, una estrella de la política local y nacional, que se hizo notorio últimamente por apoyar sin reservas la cruzada del ex presidente Trump en contra del sistema democrático. ¿Qué hizo nuestro amigo Cruz, mientras sus conciudadanos se morían de frío? No tuvo mejor idea que tomarse un avión a Cancún.
La ironía es que también el senador republicano era un ardiente promotor de la construcción del muro en el límite con México. Parece que el calorcito del país vecino no le disgusta tanto. Lo más lindo de todo es que, cuando fue confrontado con su dudosa conducta como lider político, intentó justificarse echándole la culpa a sus hijas por el viaje.
No está bien solazarse con el sufrimiento ajeno, y no es ése el objeto de esta columna. Es de esperar que los tejanos saquen algunas cuentas sobre lo ocurrido, y reclamen a sus autoridades locales por la pobrísima tarea que hicieron en cuidarlos.
No todo se soluciona con brabuconadas o blandiendo armas. Como bromeó el cómico Trevor Noah: «No tienen palas para la nieve en Texas. Su mejor chance es agarrar sus fusiles de asalto AR-15 y dispararle a cada copo de nieve antes que aterrice: ‘¡Vete de vuelta a Canada, adonde perteneces!'»

PETRONIO