Todo cambio resulta de una cadena causal

Señor Director:
Leí la diferencia de apreciación que se ha producido entre la ministra de Educación y autoridades de Utelpa, a partir del cierre de algunas divisiones en el nivel secundario de la enseñanza.
Mi primera impresión, con respecto a la diferente manera de leer la resolución ministerial, es que ambas partes tienen razón desde las funciones a su cargo.
La ministra basa este accionar en una situación que no he visto analizada ni menos aplicada en algún aspecto práctico hasta ahora. Lo que dice es evidente: la población de La Pampa está envejeciendo. No usa la referencia al envejecimiento como una pérdida. No hace un juicio de valor. Se atiene a los hechos conocidos: por un lado, la constante prolongación de la expectativa de vida; por el otro, la baja del promedio de hijos por pareja.
Ambas son realidades conocidas y pueden deberse, como se ha pensado, a una estrategia de la vida. Digo que esto ha sido pensado y dicho en ciertas ocasiones, como cuando hay una guerra o una epidemia, que producen mortandad y se ha visto que se modifican las relaciones entre los sexos, como si la vida, siempre cuidadosa de su expuesto imperio en este planeta, buscara facilitar el aumento de los nacimientos para compensar la pérdida. Dado que ahora llevamos un largo período sin guerras del tipo mundial (desde l945, 71 años) no es éste el estímulo lo que opera. La paz significa que se pueden atender mejor las necesidades de toda la población, especialmente en alimentación y cuidado de la salud, factores que se conjugan para posibilitar la ampliación de la expectativa de vida. De hecho, en todo el mundo y especialmente en los países con buen grado de desarrollo, esa esperanza ha estado creciendo a un ritmo superior a lo que se recuerde.
Casi con simultaneidad se están produciendo otros cambios en la sociedad humana. El más notorio y pertinente para mi planteo, es la modificación acelerada de la relación de pareja, como parte de un proceso más amplio que modifica el papel y las expectativas de la mujer en el ámbito social. El matrimonio tradicional, con votos “hasta que la muerte los separe”, desciende estadísticamente. La pareja se establece con mayor facilidad que el matrimonio formal, sobre todo porque la mujer modifica su comportamiento desde que va desarrollando el empoderamiento de sus derechos (aunque difiere el grado de esta adquisición o enriquecimiento en su efecto sobre la conducta individual). Sucede que la nueva pareja halla a las dos partes con la misma disposición para desempeñarse en el ámbito público, de modo que el ámbito doméstico tiende a compartirse más, no sin resistencias de algún tipo por parte del varón, aunque también se deriva hacia terceros. El caso es que ambos protagonistas del existir humano sienten creciente presión en el sentido de reducir y demorar el papel biológico. La tasa de natalidad cae y “envejece” la población: la tercera edad se acrecienta proporcionalmente y la primera desciende.
Esta situación repercute en las escuelas, escenario no solamente de la primera edad sino también el de los docentes, en la edad activa.
Operan otros factores. La mayor concentración poblacional en la urbe trae otros efectos y se debe tener en cuenta. Y la pobreza. Vuelve a crecer y también afecta al sector inicial de la clase media (descenso al nivel de pobreza). Los sumergidos tienden también a reducir el número de hijos y además hallan mayor dificultad para atender sus compromisos paternos. La pareja pobre no desconocía el concubinato, pero es la que menos tiende ahora hacia el matrimonio. Finalmente, predomina la mujer que, separada o abandonada, queda a cargo de la prole.
Tal estado de cosas es un desafío al ingenio. Hay y habrá cambios en toda la estructura social. Se trata de afrontarlos con inteligencia y cooperación. Suele ser buena oportunidad para mejorar la educación sin comprometer la ocupación docente.
Atentamente:
Jotavé

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