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Tono plañidero de ladrona

El reciente informe del estado del río Atuel que publicara el Departamento de Irrigación mendocino, y que LA ARENA reprodujera en su edición de ayer, afirma que éste que pasó fue el peor año hidrológico de los 114 que llevan midiendo el caudal de ese curso interprovincial. De acuerdo a sus afirmaciones, el río trae actualmente 15,3 metros cúbicos por segundo y el pronóstico que arroja ese organismo cuyano es del todo pesimista: esta temporada que comienza sólo escurrirá el 67% del volumen medio histórico, un año calificado por el organismo como «pobre».
El tono sombrío del reciente informe contrasta con el optimismo que en julio se publicaba en los medios de esa provincia. Ese mes, el principal diario cuyano aseguraba que los embalses mendocinos estaban a tope y que los ríos tenían caudales inusualmente altos para esa altura del año. Para el Atuel daban 15 metros cúbicos por segundo en pleno invierno, lo mismo que ahora, cuando se supone que la primavera acentúa el deshielo y, por ende, el caudal de los cursos de agua cordilleranos.
También contrasta ese tono sombrío con el pronóstico de Irrigación da para esta temporada que se inicia y que sería sensiblemente mejor que las tres pasadas y más o menos igual o superior que ocho de las doce anteriores. Para decirlo en cifras, solo las temporadas 2008/09 y 2009/10 y las 2015/16 y 2016/17 fueron claramente superiores a la que se espera para este año hídrico que se inicia que se ubica como un año «medio» de los últimos años.
Así las cosas, a los pampeanos se nos plantea claramente la pregunta sobre la confiabilidad de los datos que maneja el Departamento de Irrigación de Mendoza que, bueno es recordar, usurpa la función del comité de cuenca arrogándose como organismo provincial, el carácter de autoridad de cuenca de un río declarado interprovincial por la Corte Suprema.
Una mirada sobre ese informe permite advertir, sin mucho esfuerzo, que el tono plañidero que utiliza parece responder más a la posición mendocina ante la Corte en este tramo final y decisivo de la pelea por el río que a la realidad de la cuenca que, históricamente, se han negado a compartir. Mendoza, como última ratio de su indefendible apropiación del río, dice que el agua no alcanza para La Pampa. Que no hay agua para compartir. Y este informe parece ser el «fundamento científico» de esa posición ante la Corte. (Tan «científico» pronóstico se hace sin datos de la estación nivológica de Laguna Atuel, el dato más importante para estimar el comportamiento del río).
La realidad es que en Mendoza todo parece apuntar a negarle a La Pampa lo que por derecho le corresponde. Si el río es interprovincial, un porcentaje del caudal es pampeano, así de simple, como es en todo el mundo cuando se trata de cursos de agua interjurisdiccionales.
Si el río está en un período de descenso de sus caudales, Mendoza debería estar más atenta a emprender una política tendiente a lograr hacer más eficiente el uso del recurso y terminar con el derroche que la ha caracterizado desde que terminó su obra de robarse el río hace más de setenta años. Pretender influir en la Corte con un tono plañidero confirma, por si hacía falta, que sigue pensándose la dueña del río y que, lejos de aceptar el fallo de la Corte que la obliga a recomponer el caudal pampeano, sigue pensando con su histórica mentalidad de ladrona de agua.