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Tras nuestro pasado

Nuestra provincia, de a poco, va abriéndose camino en una actividad no demasiado vigente hasta los últimos años: el turismo. Aunque no son demasiado manifiestas en nuestro territorio lo que suelen llamarse «bellezas naturales» (o acaso no son demasiado accesibles), La Pampa parece inclinarse hacia el turismo histórico, que apunta hacia una tendencia poco frecuente de revaloración de lugares más significativos por la actividad humana que por la estética convencional del paisaje. Por cierto que en ese aspecto nuestra provincia es muy rica en antecedentes antropológicos a nivel nacional y aun americano.
Centro geopolítico que se mantiene hasta hoy, en la perspectiva histórica la provincia aparece como una obligada área de tránsito entre las dos vertientes de la Cordillera, pobladas por parcialidades que se hicieron recuerdo y ejemplo en la memoria popular a través de cuatro siglos de avance del hombre occidental sobre estas tierras. De hecho hay una épica todavía no debidamente valorada en cuanto a su promoción turística, como ocurre en otros países.
De allí que el último sitio elegido por los organismos oficiales para promoción de un turismo tan singular como incipiente sea digno de mención. Se trata de Cerro de los Viejos, en el sureste provincial, un lugar muy poco conocido para el común de los viajeros. Por cierto que no para los arqueólogos que, con paciencia y dedicación para revivir una cultura que acaso se mida en milenios, lograron desentrañar un paisaje físico y antropológico que se ubica en el lugar, marcado especialmente por las manifestaciones de la piedra.
No se trata, por cierto, de una expresión del relieve sobresaliente sino de su significación dentro del panorama cultural de las pampas. Hace varias décadas, este diario publicó no pocos artículos en los que se informaba sobre esta zona de interés cultural y alentaba la profundización de los estudios, iniciativa que avalaban las impresiones de Rodolfo Casamiquela, un destacado investigador de las manifestaciones culturales de la región pampa-patagónica. La particularidad del sitio también la subrayaban algunos estudiosos de la toponimia e historiadores de la época contemporánea, que destacan inesperadas presencias en el lugar.
Acaso el rasgo más destacable de este emprendimiento turístico sean los carteles guía destinados a situar al visitante. Los indicadores apelan a las nuevas tecnologías digitales y no solamente nominan sino que también ejemplifican a través de imágenes dinámicas la relevancia del lugar a medida que se lo transita. Es una nueva forma de motivación para el visitante, poco común en otros lugares turísticos del país.
Podría decirse que el lugar se abre ahora a dos formas turísticas: una interna, dirigida a pobladores de otros lugares de la provincia interesados por esa «otra pampa, tan ajena a la del este provincia. La otra orientada hacia la actividad didáctica, pensada para los diversos niveles educativos como una forma de promover el conocimiento y la conciencia provincial.
Un solo detalle cuestionable aparece en este singular emprendimiento: el acceso a la localidad tiene lugar a partir de la ruta nacional 154. Desde esta carretera asfaltada hay que transitar unos 50 kilómetros de caminos de tierra, sujetos a los avatares climáticos y un tanto desalentadores para quienes deseen conocer el sitio. Es de suponer que el tiempo y el interés turístico superararán ese inconveniente.