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¿Trasladar la capital?

PUNTO DE VISTA

PABLO TOMAS RICCI
La pandemia del Covid 19 ha traído algunos cambios en nuestra vida cotidiana, al punto que hay quienes dicen que nada será igual cuando esto pase, atribuyéndole a esta enfermedad devastadora la capacidad de tocar tan a fondo al ser humano, como para conducirlo a plantearse vivir de un modo diferente su vida futura. No sé si será así o no, pero lo cierto es que las idas y vueltas de la situación sanitaria en el mayor conglomerado urbano de la República Argentina, -constituído por el llamado AMBA (Area Metropolitana de Buenos Aires), que componen la Capital Federal en su totalidad y el primero y segundo cordón del conurbano que pertenece a la provincia de Buenos Aires- han llevado a plantearme la necesidad de que nuestra sociedad comience a pensar en el traslado de la Capital Federal.
A mi juicio, ello es básico para repensar un país pleno de federalismo. Nuestros constituyentes originales y los que los sucedieron se definieron claramente por un sistema representativo, republicano y federal. Hoy es necesario discernir sobre esta característica de nuestra esencia constitucional, determinando qué implica repensar un nuevo país con connotaciones que hagan indudable al federalismo. En este sentido es que me inclino por discutir cono tarea previa determinar el traslado de la capital. No es mi tarea establecer adónde. Pero una emergencia sanitaria como la que vivimos demuestra en forma palmaria que la concentración excesiva de población produce efectos altamente nocivos.
Si pensamos que el país cuenta con una extensión de casi 3 millones de kilómetros cuadrados, y con 45 millones de habitantes aproximadamente, y el AMBA reúne unas 15 millones de personas que residen en unos 3.000 kilómetros cuadrados, queda claro el desbalance poblacional. La macrocefalia de la Argentina, con una cabeza enorme y un cuerpo raquítico, queda a la vista de quien la quiera observar. El 30% de su población ocupa una porción de territorio muy pequeña, y el resto es un enorme solar despoblado o escasamente poblado.
Nuestra provincia, como otras vecinas, son clara muestra de que la menor cantidad de habitantes aumenta las posibilidades de acceder a un nivel de vida más confortable, con servicios eficientes y adecuados, con acceso a bienes materiales y culturales casi en la misma proporción que en la gran urbe, aunque en otros tiempos, y de gozar de una vida mejor, en mayor contacto con la naturaleza, con condiciones objetivas que permiten un armónico y normal desarrollo y evolución social.

Más federalismo.
La dirigencia política, social, y cultural debiera reunirse a pensar un país diferente, con más federalismo en tanto todos los rincones de su territorio sean objeto del interés de sus habitantes, y las autoridades federales estén ubicadas en uno o varios lugares equidistantes del resto del país. Obviamente que esto requiere de una cuidadosa planificación. No es posible pensar esto en emergencia sanitaria, ni tampoco en emergencia económica. Pero superados o amainados los efectos nocivos de estas situaciones, creo un deber moral del gobierno actual, proponer a la ciudadanía un nuevo paradigma, que represente un país vivible y disfrutable para todos.
Me apena escuchar la reiteración de noticias que informan del aumento del número de contagiados de Covid-19 en el AMBA, producto de la circulación diaria de millones de personas que residen en un lugar y trabajan en otro, del hacinamiento provocado por la pobreza y la marginación, y otras calamidades que me hacen ver a los argentinos que viven allí como personas con menos derechos que los que vivimos en otros lugares. Por eso pretendo que las futuras generaciones puedan crecer en igualdad de oportunidades, y para ello debe cambiarse la capital y promover el despoblamiento gradual del AMBA.

Un desafío.
Se dirá que se requiere de una gran inversión, y lo confirmo. Pero no es necesario realizarla ni en un año ni en dos. Es un proyecto a largo plazo. A mi juicio es «el proyecto» que permitiría refundar el país sobre nuevas bases, más firmes y sólidas. Será cuestión de redireccionar el gasto público, de modificar conductas privadas y públicas que posibilitaron la fuga al exterior de sumas siderales en dólares, de reducir las crecientes desigualdades, y poner la plata donde se debe. Habrá que subsidiar, construir viviendas, ofrecer trabajo y créditos para tentar a los jóvenes y sus familias a iniciar una nueva vida en otro lugar que les permitirá un mejor desarrollo en el futuro. Y como ejemplo simple digo que nuestra provincia podría perfectamente soportar un aumento de su población en un 50% o más, sin perder los valores que tiene en la actualidad. Si otras provincias adoptaran este criterio, serían varios millones los que podrían trasladarse a nuevos destinos.
Esto es solo una idea preliminar que tiene como única pretensión estimular el pensamiento en favor de alcanzar un país más federal, más armónico, con bases más sólidas, más justas y equitativas. Otros países lo han hecho. ¿Seremos los argentinos capaces de hacerlo?. Expongo la idea como un desafío.