Tres semanas sin ministro

LA SEMANA PAMPEANA

I – Las dificultades del gobernador para llevar adelante la función de gobierno con un estilo fuertemente centralizado en sus decisiones, se pusieron de manifiesto en la nueva semana de demora que pasó sin que la provincia tenga un nuevo ministro de Obras Públicas. La ausencia se hace más notoria porque, como se sabe, hace años que esa cartera funciona sin secretario al quedar vacante el cargo y nunca cubrirse. Ese estilo de gestión del mandatario le agrega una dificultad más a la ya de por si laboriosa tarea de encontrar un reemplazante a Jorge Varela, funcionario que acompañaba a Oscar Jorge desde sus años de intendente santarroseño.

II – En verdad, si es por buscar ministros, lo que está claro es que candidatos a ese cargo hay muchos en su partido. ¿Quien con un poco de conocimiento técnico no estaría dispuesto a decir sí a un ofrecimiento de esa naturaleza? Pero no son muchos los que dan con el perfil que busca Jorge: cuidadoso de los recursos y fiel ejecutor de sus políticas (por no decir sumiso).
El primero de los aspectos es el que parece desvelar al mandatario y demora su decisión. Es que ese ministerio es la puerta de entrada a un tesoro público de millones de pesos que ávidas empresas constructoras y particulares quieren para sí. Ser ministro de Obras Públicas puede significar muchas cosas de acuerdo al largo de la correa que el gobernador elija para el radio de acción de su encargado.

III – En La Pampa hubo gobernadores que ni siquiera usaron correas para domeñar las ansias de enriquecimiento de sus funcionarios y los dejaron sueltos. El ingenio popular los bautizó con una mezcla de sus nombres y de las empresas que los “auspiciaban”. Cuando se fueron de la función, era fácil reconocerlos. Si compraban campos, o levantaban edificios como hongos, o sus casas pasaban a ser mansiones, o sus viajes al exterior eran más frecuentes, o sus autos pasaban a ser de alta o altísima gama, o si sus hijos aparecían exhibiendo su nuevo estatus y su vida pasaba a ser misteriosamente holgada y su ropa, sus relojes y alhajas chocaban a la vista para quienes los conocieron cuando solo eran uno más de clase media pampa, la sociedad no necesitaba más para saber qué había pasado en el medio.

IV – Así nos fue con esa política de dejar el presupuesto a merced de los depredadores. Jorge lo sabe y sabe también que el horno social no está para comerse de nuevo esos bollos. Lo supo enseguida su antecesor que se preocupó por echar de su gobierno a cualquier funcionario atrapado in fraganti o sospechado públicamente de algún chanchullo. Pese a todo no logró disipar las dudas cuando las obras públicas emblemáticas que había emprendido comenzaron a caerse, literalmente, como el Polideportivo de Ataliva Roca y casi literalmente, como el techo del Megaestadio. La sociedad pampeana, quemada con la leche de los corruptos del período oscuro de los noventa, vio esas vacas y sacó sus conclusiones.

V – Por eso hoy no es fácil para el gobernador señalar un sucesor de Jorge Varela. La mayoría de los que pueden ser candidatos dentro de su partido han participado directa o indirectamente de un clima de corrupción del que fueron actores principales, de reparto o espectadores y ninguna de esas tres funciones posibles en que los encontró ese clima los recomienda hoy para un año electoral donde la obra pública será el pedestal o el cadalso de más de un candidato.
La inauguración tan ansiada de una obra pública pequeña o grande que recomienda a su autor para continuar su carrera política o ascender en la escala, puede ser también el pozo donde se sepulten todas esa aspiraciones. Para muestra basta un botón: el Megaestadio vernista iba a ser el Coliseo de la gestión en los Juegos de la Araucanía (algo así como las olimpíadas lugareñas) y hoy, en cambio, es un grano en las asentaderas de quien lo ideó y para sus aspiraciones de volver a ser gobernador y fue, también, el calvario del ministro Varela.

VI – Todo este debe pasar, y pesar, por la cabeza del gobernador a la hora de elegir y demorar esa elección. Pero tal vez, las dificultades que enfrenta para decidirse son más el producto de los límites que él mismo impuso a su modo de gestión donde el círculo de sus colaboradores es deliberadamente estrecho. Esta reducción, es cierto, le sirve para tener todo bajo su control, pero es un obstáculo serio cuando un imprevisto lo despoja de un ministro y no hay relevo a la vista. (LVS)