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Triste aniversario, feas conclusiones y muchas contradicciones

LA SEMANA POLITICA

Ayer se cumplieron 26 años del atentado contra la AMIA. Directivos de la entidad sacaron pésimas conclusiones de ese hecho. Y el coronavirus no dio tregua, pese a lo cual, contradictoriamente, el AMBA fue flexibilizado.
SERGIO ORTIZ
Con puntualidad, ayer desde las 9 y 53 horas, -en rigor desde días antes- los directivos de la AMIA recordaron el hecho luctuoso de veintiséis años atrás.
En Pasteur 633 murieron 85 personas y fueron heridas otras 151. El amplio espectro de las víctimas denota que ese atentado, si bien fue enfilado políticamente contra la mutual judía, tuvo de blanco al pueblo argentino, al margen de sus creencias religiosas o no.
Los actos terroristas son repudiables, pero hay algunos más repudiables que otros. Cuando los dos aviones conducidos por extremistas que enlodaron la religión musulmana se estrellaron contra las Torres Gemelas, en el mundo hubo muchos que se alegraron de la caída de un símbolo del imperio. Otros, sin alegrarse, íntimamente lo vieron con simpatía.
En cambio no se conoce ninguna postura favorable al atentado en el Once. Execrable por donde se lo mire: por atentar contra una mutual, por hacerlo en la calle, por la hora que aumentó las víctimas, etcétera.
A diferencia de los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura militar-cívica, los muertos de la AMIA no tuvieron justicia. En el otro caso, bien que con demora y superando intentos políticos y jurídicos de brindar impunidad, se logró juicio y castigo para muchos de sus responsables y autores mediatos (más para los que vistieron uniformes y muchísimo menos entre quienes calzaban trajes o sotanas).
Esa diferencia entre una justicia que no llegó y otra que acudió, aunque demorada, radica en que en el bombazo en la AMIA se falló en identificar a los autores. Se falseó deliberadamente la cuestión para inculpar injustamente a Irán y Hezbollah.
Eso no fue casual ni inocente. Pareció copiado de las malas artes del almirante Emilio Massera cuando en la ESMA hizo fotografiar bajo una bandera de Montoneros a las dos monjas francesas secuestradas en 1977 en la Iglesia de la Santa Cruz. Entre los escombros de la AMIA sembraron piezas de una Traffic para ocultar otra similar, empleada para llevar los explosivos y acusar a un funcionario de la embajada de Irán. Fue como plantar la bandera de la República Islámica: vinieron los agentes del Mossad y la CIA a descubrirla junto al motor y otras pruebas puestas para acusar a inocentes.
No hubo justicia por el encubrimiento por parte del gobierno del hoy senador momia a punto de volver a casarse a los 90 años, de su SIDE, de jueces como Galeano y fiscales como Mullen, Barbaccia y Nisman. Este último andaba de putas con los fondos de la UFI AMIA en vez de investigar. El nulo resultado no es fruto de la falta de colaboración de Irán sino de la pésima justicia y aún peor agencia de inteligencia locales que obedecieron al falso libreto de Israel y Estados Unidos. No querían saber la verdad de lo ocurrido, simplemente demonizar a Irán. Así fueron los nulos resultados.

¿Cuál reforma?
No conformes con acusar sin pruebas a Teherán, esos círculos sionistas redoblaron sus falsas acusaciones cuando el gobierno K firmó en enero de 2013 un Memorando de Entendimiento con Irán. En el período macrista de lawfare y con jueces como Claudio Bonadío y fiscales como Germán Moldes, se reabrieron causas cerradas por la justicia para volver a acusar a CFK, a su excanciller Héctor Timerman y otros políticos. Aseguraron que al firmar aquél acuerdo con Irán su intención fue encubrir el atentado a la AMIA. Y peor aún, se incurrió en el delito de «traición a la patria».
Muchos de esos acusados fueron a la cárcel, Timerman murió de cáncer y de angustia y Cristina se salvó raspando, por sus fueros. Estos sufrimientos deben sumarse a la sangre derramada en Pasteur 633, pero las cúpulas de AMIA y DAIA no lloraron ni una lágrima de cocodrilo por Timerman y esas víctimas.
En este 26 aniversario el titular de la primera entidad, Ariel Eichbaum, volvió a acusar a Irán e Hezbollah como autores del atentado, sin ninguna prueba. También se quejó de que no hay avances en la causa de la muerte de Nisman, que calificó de «asesinato», sin elementos para desmentir un evidente suicidio.
Los mismos que embarraron la cancha, admitieron la injerencia de potencias extranjeras en el encubrimiento del atentado, hicieron falsas denuncias, aceptaron que se pagara con fondos reservados a detenidos para acusar falsamente a otros de ser la «conexión local», reabrieron causas para perseguir a rivales políticos, etcétera, ¡ahora se quejan de la falta de justicia en la causa AMIA! Cosecharás lo que siembras…
Quizás lo más grave de este aniversario es lo que directivos y abogados de la AMIA han planteado como reclamos legales. Por caso, exigieron una nueva ley antiterrorista mucho más amplia que la votada bajo gobierno kirchnerista. Esto podría ampliar la esfera de las agencias de inteligencia que hoy distan mucho de estar democratizadas, con tantos agentes que actuaron bajo el mando de Gustavo Arribas y Silvia Majdalani.
También pidieron se reforme el Código Penal para crear el «juicio en ausencia», un despropósito para entendidos en Derecho y no sólo garantistas.
Apoyaron al erróneo criterio de Alberto Fernández de mantener a Hezbollah en el registro de organizaciones terroristas donde la introdujeron las administraciones Macri-Trump. Y reclamaron acciones enérgicas contra este partido legal libanés. Ya lo hicieron Macri y Patricia Bullrich, cuando – tras una denuncia de la DAIA – detuvieron en marzo de 2019 a los hermanos musulmanes Abraham Salomón acusados de terrorismo porque uno había viajado al Líbano…
AMIA y la DAIA son pésimas consejeras para el gobierno de los Fernández en materia política y judicial. Esas entidades se atribuyen el mérito de reformas como la figura del arrepentido, el agente encubierto por causas de terrorismo y el testigo de identidad reservada. Las causas que hoy investigan el espionaje de la AFI macrista demuestran que esas reformas fueron una porquería. Una inundación del sótano podrido de la democracia y las cloacas de Inodoro Py.
Finalmente un dato duro, sin consideraciones políticas. Se dice que el atentado a la AMIA fue el más grave de la historia argentina. Error. El más grave fue el bombardeo gorila a Plaza de Mayo, en junio de 1955: 308 muertos.

Contradicciones.
El miércoles 15 fue hasta ahora la peor jornada de la pandemia porque hubo un récord de 82 muertes. El viernes se batió la marca de nuevos contagios, 4.518 casos, con 26 nuevas muertes.
Así las cosas, hasta ayer el país registraba 119.301 contagios y 2.204 muertos, la mayoría de los cuales en el AMBA. Allí las camas de terapia intensiva ocupadas está en el 64 por ciento.
El daño que viene haciendo la pandemia está en aumento y se está entrando en el famoso «pico» de contagios.
Por eso luce como contradictorio que el viernes el presidente AF, con la compañía de Horacio Rodríguez Larreta, su amigo, y Axel Kicillof, hubiera comunicado una flexibilización de las condiciones vigentes en ese sector. Por caso, las industrias de 35 municipios bonaerenses que no estaban funcionando fueron habilitadas para abrir. ¡Hasta los runners podrán correr en CABA, incluso sin barbijos!
La consigna larretista de que hay que aprender a convivir con el virus, pero con responsabilidad, parece una mala copia del gobierno sueco, que fracasó alevosamente.
Especialistas recordaron que, además de otros factores preocupantes, el frío invernal será un condimento extra a favor del virus.
En ese marco, el cronista discrepa respetuosamente con las decisiones del trío de Olivos. Y tiene dudas sobre las razones que motivaron esa flexibilización. ¿Fue para atender la situación de sectores populares necesitados de salir a la calle para conseguir una changa porque con la cuota del IFE no alcanza?
¿O más bien fue una respuesta amigable a la presión de las cámaras monopolistas del G-6, invitados especiales y contradictorios en Olivos el 9 de Julio?
No sólo la lucha contra el coronavirus está entrando en una fase decisiva. También sucede eso con la negociación de la deuda externa, que por diferencias entre lo mucho ofrecido por el gobierno y lo muchísimo que pretenden BlackRock y Monarch, va a seguir después del 4 de agosto.
En esa negociación AF busca una ayuda de Trump, el Tesoro yanqui y el FMI, donde Washington talla como el socio mayor. Eso pesó en el cálculo oportunista que impregnó las posiciones de Argentina en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, el miércoles 15 en Ginebra. Allí el delegado argentino compartió el injusto informe de la Alta Comisionada Michelle Bachelet contra el gobierno de Nicolás Maduro, acusándolo de violar los DDHH.
Ante las protestas que esa postura pro-estadounidense generó en sectores progresistas, el presidente forzó un reportaje con Víctor Hugo. Allí se puso otra vez al medio, cuestionando a Maduro pero reconociéndolo como el mandatario legítimo.
«Fue una vergüenza la postura contra Venezuela», dijo el relator de los goles con el «ta ta ta». Prescindiendo del VAR, fue un planeado gol en contra del arco venezolano y latinoamericano. Massa y Solá, los dos líneas, corrieron felices hacia la mitad de la cancha, dándolo por bueno.