Trump perdió mayoría en Representantes pero ganó en Senado

EN POLITICA PERDIO MAS DE LO QUE GANO

Las elecciones de mitad de término en EE.UU. concitaron la atención mundial. Sus resultados no son concluyentes, porque tienen algo a favor y algo en contra de Trump.
SERGIO ORTIZ
Para empezar, hay que decir que el grado de participación ilustra que la supuesta mejor democracia del mundo sigue dejando a mucha gente afuera y que mucha gente no está interesada en sus comicios, aún cuando las consecuencias que se derivan de ese voto pese tanto en sus vidas y derechos.
En las elecciones de medio término suele votar menos del 40 por ciento del electorado, 37 por ciento había sido la última vez. Este martes 6, cuando se votaba a los dos años del mandato de Donald Trump esa cota se elevó hasta el 47 por ciento. El aumento existió, pero el caudal no llegó a igualar a la mitad de los votantes inscriptos.
La otra característica se mantuvo y se acentuó: es monumental el gasto de ese sistema bipartidista para dirimir preferencias. Según fuentes, esta vez los republicanos y demócratas dilapidaron 5.000 millones de dólares cada uno en sostener las candidaturas.
Teniendo en cuenta ese nivel de dispendio, así como varios de los candidatos son millonarios y empresarios, además del mismo presidente que no estaba en ninguna boleta pero de hecho estaba en todas las republicanas, es que vuelve a tener vigencia la crítica filosa que Fidel Castro hizo al sistema norteamericano. Lo llamó plutocracia o democracia de los ricos. Tal cual.
Tampoco es un país tranquilo ni seguro. Durante la campaña electoral hubo violencia, como los envíos de explosivos contra Hillary Clinton y otros dirigentes de la oposición, así como una masacre en una sinagoga en Pittsburgh donde murieron 11 personas.
Yendo a los resultados, están reconocidos en sus trazos gruesos, aunque faltan escrutar algunos distritos que no cambiarían el conteo general. Se elegían 435 representantes (diputados), el total de la Cámara, y 35 senadores, un tercio del total, así como gobernadores en 36 Estados y muchos cargos estaduales y locales.
Desde 2011, cuando gobernaba el demócrata Barack Obama, ambas cámaras tenían dominio republicano, acentuada esa mayoría desde las presidenciales de 2016 ganadas por Trump.
Esa realidad parlamentaria tendrá a partir de ahora un cambio y una continuidad. Cambio en la Cámara de Representantes, porque los demócratas triunfaron y gozarán de una correlación favorable de 220 bancas “azules” contra 195 “rojas”. Continuidad porque en el Senado los republicanos mantendrán una leve mayoría de 52 votos contra 45 demócratas y 2 independientes que votan con éstos, caso de Bernie Sanders, el progresista de Vermont que revalidó su curul.
Respecto a las gobernaciones que estaban en juego, también hubo votaciones parejas, pero con leve predominio de los hombres y mujeres de Trump, que ganaron en 19 Estados en tanto sus rivales lo hicieron en 14.
Hasta donde se llevaba escrutado, el total de votos a nivel nacional daba una diferencia de 500.000 sufragios favorable a los demócratas, con algo más de 39 millones de votos para cada uno. La sumatoria de votantes puede haber llegado a 90 millones.

Lo bueno.
Al lograr 222 representantes, superando la mayoría de 218 para funcionar, los demócratas se aseguraron presidir la Cámara, donde pondrán a la anterior titular, Nancy Pelosi. No tendrán más mayoría los conservadores y ultra-reaccionarios que predominaron allí tras la irrupción del Tea Party en 2010 con reflejo electoral al año siguiente.
Esa mayoría opositora puede frustrar algunos de los proyectos delirantes de Trump, como el muro en la frontera con México, que demanda miles de millones de dólares y autorización presupuestaria. Se supone que los opositores no darán esa dispensa a la Casa Blanca.
Y así otros proyectos típicos de Trump pueden verse demorados o impedidos, lo que sería una buena noticia para el mundo. También desde sus comisiones de investigación la cámara baja puede reclamar más audiencias sobre la fortuna presidencial mal habida o fraudes impositivos ya denunciados pero frenados.
Otros aspectos rescatables que dejó la elección fue el alto número de candidatas mujeres, algunas de las cuales ganaron sus bancas como Alexandria Ocasio Cortez, la joven neoyorquina demócrata del Bronx. También que por primera vez dos mujeres musulmanas entrarán por Minessota y Michigan, como Ilhan Omar (refugiada somalí) y Rashida Tlaib (hija de palestinos).
Renovó Sanders, senador centroizquierdista partidario de educación gratuita e impuestos a la banca, y no renovó la representante gusana Ileana Ros-Lehtinen por la Florida, tras 29 años de azuzar la violencia contra Cuba. Su banca pasará a la demócrata Donna Shalala. Esos son también datos positivos.
Este costado de la realidad convierte en una fanfarronada lo de Trump, quien tuiteó “Tremendo éxito esta noche. ¡Gracias a todos!”. No fue un tremendo éxito el suyo. Tampoco se le puede negar la significación de haber conservado la mayoría en el Senado, donde fue reelecto el republicano Ted Cruz por Texas. Eso más su ajustada ventaja a nivel de gobernadores, tiene su valor político y también lo deja más tranquilo contra un posible juicio político o impeachment.
¿Cómo se explica esa relativa buena performance? En que, al margen de las brutalidades cometidas por el presidente en muchos órdenes políticos y diplomáticos en estos dos años, la economía yanqui anduvo mejor, claro que en base a sanciones a China, Irán y Venezuela, y presionando más de la cuenta a Canadá y México en el TLCN y a la Unión Europea. Como sea, bajó el desempleo al 3,7 por ciento y creció el producto el 3 por ciento anual.
“Es la economía, estúpido”, se podría parafrasear a Bill Clinton para explicar que la cosecha de Trump no fue tan mala como hubiera sido de esperar.