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¿Tú también, Bruto?

La frase del título, que William Shakespeare pone en boca de Julio César cuando es asesinado en las puertas del Senado romano, se ha vuelto universal como una metáfora de la traición por parte de alguien inesperado, como un amigo, por ejemplo.
A dos milenios de aquel suceso, y a cuatro siglos del drama del genial escritor inglés que lo recrea, la exclamación puede reencarnarse y adquirir plena vigencia en la política pampeana de estos días, aunque sin tanto énfasis dramático, pues muy lejos estamos en nuestro tiempo de solucionar las disputas políticas por aquellos métodos romanos, tan expeditivos como impropios del sistema democrático que supimos conseguir. Pero lo cierto es que la última decisión del gobierno nacional sobre Portezuelo del Viento cayó como una trompada en el estómago en el Ejecutivo pampeano y en el justicialismo todo. Porque, a no dudarlo, nadie aquí esperaba algo semejante. De ahí la durísima réplica que mereció por parte del exgobernador Carlos Verna quien, saltando por encima de las reglas y modales que sugieren los usos y costumbres de la cultura política, no dudó en afirmar que «nos cagó un compañero» en directa referencia al presidente de la Nación.
Mezcla de enojo y decepción, la frase transparenta el estado de ánimo que cunde en las filas del oficialismo provincial y que no disimula sentirse traicionado por un gobierno nacional del propio palo. No es secreto para nadie que se trata de un tema muy sensible para todos los pampeanos y muy caro para el propio justicialismo que tomó la bandera de la lucha por los ríos interprovinciales con gran despliegue de energía en los últimos años.
La convicción que había en el seno del PJ de que con la llegada de Alberto Fernández a la Casa Rosada la pelea con Mendoza por el río Atuel (y también por el Colorado) iba a tomar un cariz muy distinto al que tuvo bajo el gobierno de Mauricio Macri -socio político privilegiado de Mendoza durante todo su mandato- se vino abajo como un castillo de naipes. La real-politik mostró su rostro más feo. De golpe, y sin decir agua va, llega esta noticia que nos avisa que este gobierno nacional también considera una prioridad la construcción de una represa que es un lujo asiático en estos tiempos de penurias económicas -agravadas por una pandemia sin precedentes-, y que ni siquiera tiene el respaldo de un estudio de impacto ambiental serio.
El pago, en enero, de Nación a Mendoza de la segunda cuota por Portezuelo del Viento, podía entenderse en el marco de un condicionamiento preexistente. Pero esta decisión de exceptuar del «reperfilamiento» de la deuda del Estado nacional a los bonos para financiar la represa es muy diferente. Y trae al recuerdo aquella promesa formulada por la entonces presidenta Cristina Kirchner sobre el regreso del agua por el cauce del río Atuel.
¿Mendoza tiene más peso político del mucho que ya ha sabido demostrar? ¿Los gobiernos nacionales son impotentes para modificar un estado de cosas a pesar de la flagrante injusticia que contienen?
En los próximos días se sabrá si fue una medida adoptada a conciencia por la máxima conducción política del país o un «error» -o algo parecido, ya se verá la explicación- de alguna de las muchas palancas intermedias que funcionan, no siempre bien, en la enorme maquinaria burocrática del Estado nacional.