Tuvieron que suspender el partido de la vergüenza

INTENSA CAMPAÑA DE SOLIDARIDAD CON PALESTINA

Las empresas organizadoras están procurando con la AFA reprogramar el match entre Argentina e Israel. Tuvieron que suspender ese partido de la vergüenza.
EMILIO MARIN
El partido de fútbol entre Argentina e Israel tuvo una programación política, con intereses económicos y comerciales. Afortunadamente no pudo ser.
La parte política corrió por parte de Benjamín Netanyahu y Mauricio Macri, grandes amigos desde hace años; ambos van por el andarivel de extrema derecha de los campos de juego a nivel internacional. Incluso el premier del Likud, por sus crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad, podría decirse que marcha por la cancha de atletismo, por fuera del escenario futbolístico.
Netanyahu necesitaba limpiar un poco su sucia imagen internacional por sus crímenes contra los palestinos desarmados de Gaza. Y lo ayudaría la llegada de la selección capitaneada por Lionel Messi en vísperas del Mundial de Rusia. El equipo israelita no participa de él por ser de segundo o tercer nivel.
En medio de tantas acusaciones, tener al equipo de Jorge Sampaoli y al número uno del fútbol mundial sacándose una foto en el Muro de los Lamentos, era una opereta de marketing. El genocida del pueblo palestino gritaría su gol al mundo.
Por eso llamó a Macri para que, moviendo sus piezas en la AFA (Daniel Angelici y Chiqui Tapia), quedara sellado el compromiso de jugar el 9 de junio. No fueron los únicos interesados, plata de por medio.
Y en lo económico estaba la otra pata de ese partido vergonzoso. La israelí Comtec Group, cuyo propietario es Danny Benaim, era la organizadora. Dicen que pagó de adelanto 1.5 millón de dólares a cuenta del total de 3 millones. El otro organizador fue TyC Sports, de triste fama para la población futbolera argentina, por secuestrar los goles antes del Fútbol para Todos y por su asociación actual con los nuevos secuestradores de esa pasión.
Los jugadores argentinos eran básicamente sujetos decoradores del operativo, salvo en alguna medida Messi, quien tiene un contrato con la empresa israelí Sirin Labs, cuyo CEO es Moshé Hogeg, de fuertes lazos con un ex presidente del Barcelona, Joan Laporta, según informó Gustavo Veiga (Página/12, 3/6).
Fuera de otros detalles menores, como el riesgo de lesiones a una semana del debut ante Islandia, ese match era vergonzoso por dos razones.
Primer punto: se disputaría en Jerusalén, con lo que Argentina estaría convalidando la jugada de Donald Trump de adjudicar la Ciudad Santa con exclusividad a Israel, cuando la ONU considera que debe ser compartida por ese país y Palestina, esta última en la parte oriental. EE.UU. mudó su embajada desde Tel Aviv a Jerusalén el 14 de mayo pasado, lo que hizo recrudecer las protestas palestinas, sobre todo en la Franja de Gaza.
¿Quién podría gritar los eventuales goles en el estadio Teddy Kollek, construido por Israel sobre la destruida aldea palestina de Malha?

En medio del genocidio.
El segundo punto, y fundamental objeción para el proyectado juego del 9 de junio, es que desde el 30 de marzo pasado, cuando los palestinos comenzaron a manifestarse en la “Gran Marcha del Retorno” por sus tierras usurpadas por Israel desde 1948, la represión de los israelitas ha sido brutal, en particular contra la población de Gaza.
Hasta el 1 de junio pasado el portavoz del ministerio de Salud de la Franja, Dr. Ashraf Al-Qidra, había informado de 123 muertes y 13.672 heridos. Esa estadística ya está envejecida porque luego fueron asesinados la enfermera de 21 años, Razan al-Najjar, y el joven de la misma edad, Ezz Abdel Hafiz Tamimi, pariente de la adolescente Ahed Tamimi, presa por haber abofeteado a un soldado israelí que allanaba la casa de su familia en la villa de Nabi Saleh. Entre los muertos se cuentan 13 niños y una mujer. También dos periodistas, Yassir Murtaja y Ahmad Abu Hussein; entre los heridos hay 144 periodistas, aunque por supuesto la Sociedad Interamericana de Prensa, CNN y Fox nunca harán un reclamo por ellos.
La decisión de Trump de mudar su embajada a Jerusalén y la represión despiadada de Netanyahu contra los palestinos, factores interrelacionados, hizo que la opinión pública mundial cuestionara severamente al gobierno del Likud. En ese momento, sin importarle, Macri acordó ese partido como cortina de humo para beneficio de Netanyahu, además de dejar ganancias y negocios a Comtec Group-TyCs y la AFA.
En Argentina y muchos otros países se expresó la solidaridad con Palestina y arreciaron los pedidos de “Argentina no vayas”, incluyendo la carta de 70 niños palestinos a Messi, admiradores suyos, rogándole que no les rompiera sus corazones.
En Buenos Aires se manifestó frente a la AFA en el mismo sentido, además de usarse mucho las redes sociales. En el predio de Barcelona donde entrena la selección hubo un grupo de argentinos que concurrió con megáfono pidiendo a los jugadores que no vayan a Israel. La camiseta argentina con pintura roja, símil sangre, fue mostrada allí como símbolo de lo que iba a ser complicidad con Israel. El embajador palestino en Buenos Aires, Husni Abdel Wahed, comparó: “este partido es como que nosotros celebráramos el aniversario de la ocupación de Malvinas, esto sería una agresión al sentimiento del pueblo argentino”.
El 5 de junio se supo que el match había sido suspendido. Ayer Tapia mezcló las razones, mintiendo sobre “amenazas recibidas por los jugadores”. Falso. La campaña solicitaba que no viajaran y explicaba las razones del pedido. Nobleza obliga, los jugadores y Sampaoli tomaron la decisión de no viajar, y el Pipita Higuain lo hizo público. La AFA tuvo que aceptarlo.
Fue un golazo al ángulo, solidario, a tres arqueros juntos que no pudieron evitarlo: Netanyahu, Macri y Trump.