Un desafío para el mito del empleo público en La Pampa

PUNTO DE VISTA

Por Roberto Daniel Rodríguez *
Siempre se afirmó que en La Pampa hay un número excesivo de empleados públicos. En esta nota, expongo números veraces que prueban que dicha afirmación es infundada, sentando además las bases para la reflexión.
Durante años, sobre todo en épocas de privatizaciones y recortes, se ha planteado que el Estado es demasiado grande, que la cantidad de empleados públicos es excesiva y que es la base de la ineficiencia estatal.
Para el gobierno de Cambiemos es una de las principales banderas del ajuste, lo que había sido apuntalado por la consultora contratada por Macri, la “The Boston Sconsultin Group”, que sugiriera cambios en la estructura estatal marcando la necesidad de un recorte del 10% de empleados, y lo mismo hizo el propio FMI.
Dado que he seguido en detalle la evolución de los datos relacionados con el tema, traigo una serie de números que invitan a no creer en todo lo que nos dicen, y a reflexionar más en profundidad sobre el modelo de Estado que queremos.

Fuentes.
Las fuentes de información son heterogéneas, y dificultan tanto la disponibilidad de los datos como su análisis comparativo. Los censos captan la información de todo el territorio provincial, pero se desactualizan rápidamente a la par de las transformaciones vertiginosas de las relaciones laborales. Las encuestas anuales, EAHU, que excluyen a poblaciones con menos de 2.000 habitantes y la rural dispersa, se realizaron solo entre 2010 a 2014, porque fueron discontinuadas por el Indec de Todesca. Quien sí brinda información actualizada pero reducida a cada aglomerado es la sempiterna EPH.
Además, ofrecen información el MTSS, el SIPA, los gobiernos provinciales y municipales, pero todos dejan afuera los empleos informales y por lo tanto la utilidad de estas fuentes es nula para el análisis comparativo de este caso.
Hay tres órdenes a tener en cuenta al analizar a las personas ocupadas. Por un lado está el sector privado con sus diferentes categorías (asalariados y los no asalariados), y por otro los empleados públicos que pueden ser nacionales, provinciales o municipales. ¿Como medirlo?
La forma más generalizada establece la relación del empleo público con el conjunto de categorías laborales. Si bien existen otras formas de expresarlo, las mismas no son homogéneas y por lo tanto distorsionan e impiden el cotejo entre países, regiones u otros agregados geográficos.

En otros países.
De acuerdo a la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP) la proporción, sumando los empleados públicos que tiene (nacionales, provinciales y municipales) sobre el total de ocupados ubica a nuestro país apenas por encima de la media de las 35 naciones más desarrolladas (que forman la OCDE). En el 2016 estaba en una posición intermedia junto a Bélgica, Canadá, Grecia, Eslovenia y Gran Bretaña. La proporción, se encontraba en el 18,8 % de empleo público sobre el total nacional. ¿Alguien podría afirmar que el porcentual de empleo público de Gran Bretaña, Canadá o Bélgica es excesivo? Es difícil creerlo.
Los países con índices más elevados son los escandinavos que tienen porcentajes del 30% y los de menor proporción llegaban al 10% como es el caso de Japón, Corea del sur o Chile. Con respecto a los países de América Latina, en nuestro país, la proporción es más alta que, por ejemplo en Uruguay (12,7) Brasil (11,5) y México (10%) pero ¿alguien podría afirmar que en esos países un menor índice ha sido la base de la eficiencia del Estado? Vuelvo a pensar que es difícil.

En nuestro país.
El empleo público en Argentina tuvo una dinámica que fueron imponiendo los gobiernos de turno. Su cuantificación hay que vincularla con el momento y las políticas vigentes, puesto que no es lo mismo una administración que se proponga retraer el Estado con privatizaciones y despidos con otra que extiende servicios y los restaura en áreas donde se hubiere eliminado, impulse estatizaciones, cree empresas y regule al sector privado en ciertos mercados con un modelo de Estado presente.
La simple aritmética no alcanza a decir demasiado acerca del tamaño óptimo de la burocracia estatal y sus capacidades. Tampoco dice mucho la comparación entre países, provincias o regiones. Las precauciones o recomendaciones al comparar el sector público deben acompañarse con una discusión sobre el modelo que se pretende para el desarrollo, el alcance y la composición de los servicios que se prestan en cada lugar. Sin embargo, para tener referencias, se refuerzan las ideas con algunos datos.
El último censo (2010) arrojó para el país 3,6 millones de empleados públicos en un concierto nacional de algo más de 18 millones de ocupados. Por jurisdicción fue de un 25% para la Nación, un 51% para las provincias y un 23 % para los municipios. Ello dio una proporción del 19,9% de público sobre total de ocupados. Para tener un dato nacional más actual, la EAHU daba un 17,7% en 2014. Sin embargo, en 2015 había un 18,1% y en 2016, un año después, había 18,8%, o sea que el propio gobierno de Cambiemos aumentó la proporción en su primer año, ya sea porque aumentó el empleo público o porque disminuyó el empleo privado. Desde mi óptica, creo que ese aumento de proporción fue por las dos causas combinadas.

Estructura provincial.
En 2010, la estructura ocupacional divide a la actividad privada en 9% de patrones (13.700), 43% de obreros/empleados privados (63.200), 19% de cuentapropistas (28.114) y 5% de trabajadores familiares (6.900). El resto, un 24%, son empleados públicos (35.300) de los tres niveles, nacional (4.800), provincial (22.900) y municipal (7.500). En 2001 había sido el 27,9%.
La EAHU 2014, al ser otra herramienta, da obviamente una estructura con algunos puntos de diferencia, puesto que además deja afuera las áreas rurales y las poblaciones pequeñas. La EAHU 2014 da un 22,3% de empleo público para la provincia.

Lo que dice ahora la EPH.
Procesando la última base, del primer trimestre de este año, podemos construir un ranking ordenando los aglomerados de las 24 jurisdicciones, sabiendo que para este caso, al tomar las capitales, se sobreestiman varios puntos porcentuales en la variable respecto al resto del territorio. De ese ordenamiento surge una alta dispersión con límites extremos que van desde el 13% (Gran Córdoba), 15,7 (Gran Mendoza), 16.5% (CABA) al 46% (Río Gallegos), 42% (Viedma), 39,7% (La Rioja) y 38,3% (San Luis). El promedio arroja un 29%. Santa Rosa-Toay tiene 28,7% y se encuentra en el grupo central junto a Corrientes (27,1%) y Formosa (30,4%).

Una mirada crítica
Los datos expuestos son contundentes. La ubicación media pampeana en ese ranking federal habla de una ponderación relativa discreta. Sin embargo, se ha instalado una idea generalizada que alimenta el mito del exceso de empleados públicos, cosa que supe escuchar entre funcionarios y opositores de todas las épocas, pero esa afirmación se contrapone con la realidad de los números.
Se ha llegado a decir que hay más empleados públicos que privados, cuando en realidad los privados más que duplican a los públicos, incluso en nuestra capital, donde hay 26.800 públicos contra 57.700 empleados/obreros privados, y 34.000 patrones, cuentapropistas y trabajadores familiares. En el interior provincial, esta diferencia es mayor aún.
Analizando el incremento del empleo público en La Pampa, que está fuertemente ligado a los servicios básicos de Educación, Salud, Seguridad y Poder Judicial, podríamos afirmar que hay más razones para entender a la dimensión pública como una solución y no como un problema (sin considerar el costado económico, que vuelca millones de pesos en el mercado local, lo que seguramente pone muy contentos a los comercios de la provincia que hoy están en franco retroceso. Quienes lo descalifiquen o desmerezcan deberán explicar muy bien qué quieren decir cuando hablan de achicar el Estado. Quienes presuman saber su tamaño óptimo que lo confiesen y lo pongan a discusión, porque hasta ahora no ha ocurrido. Este Estado, con este tamaño, con esta gente, es el que permite que La Pampa sea una de las provincias con mejor calidad de vida, se la mire desde donde se la mire. O por lo menos lo fue hasta ahora merced a políticas nacionales y provinciales que cuidaban el empleo. Desde el cambio de gobierno nacional, en diciembre del 2015, hacia adelante, cuando estamos viendo que lo único que aumenta es el endeudamiento y la carestía, solo se da lugar al pesimismo.
Para complemento, el 16 de septiembre hice una introducción a la evolución del empleo formal en la provincia. http://www.laarena.com.ar/opinion-avances-que-supimos-conseguir-2009005-111.html y además se puede consultar mi blog: lapampaendatos.wordpress.com.

* Ex Director General de Estadística y Censos (2005-2015)