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Un doloroso industricidio

El gobierno nacional se desespera por barrer del debate político a la economía. Es comprensible, este es un año electoral y ha sido tan catastrófico el desempeño del gobierno en la materia que ni buscando con lupa se encuentra alguna buena noticia para los argentinos que no forman parte de la elite económica, es decir la inmensa mayoría.
Bajo el macrismo no es la producción sino la especulación lo que florece, y sobran las estadísticas que lo demuestran. Hace pocos días esta columna comentó las fabulosas ganancias que obtuvieron los bancos el año pasado cuando poco menos que duplicaron las ganancias obtenidas en 2017.
Claro que semejante esplendor en las finanzas, con tasas de interés que son récord en todo el mundo, está enterrando a los otros sectores que no gozan del mismo buen trato por parte del gobierno. Uno de ellos es la industria manufacturera que muestra un derrumbe estrepitoso. El domingo este diario publicó un informe lapidario elaborado con datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) que publica la AFIP. El año pasado cerraron sus puertas nada menos que 1.328 establecimientos industriales, y en lo que va de este gobierno el número alcanza la escalofriante cifra de 2.871.
Semejante catástrofe tiene una incidencia directa en la destrucción de puestos de trabajo, índice que también está rompiendo récords en forma acelerada. Una investigación del Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA) con datos de la Secretaría de Trabajo reveló que en 2018 la crisis de la industria manufacturera dejó en la calle a 49.465 trabajadores, y en el trienio de Cambiemos acumula una pérdida de 115.941 empleos menos.
El último dato negativo lo aportó la Cámara de la Mediana Empresa (CAME) en las últimas horas al informar que la producción de las Pymes industriales se derrumbó en diciembre último un 5,9 por ciento anual.
La matriz productiva del país está cambiando a pasos agigantados. Y este es el verdadero «cambio» que vino a realizar Cambiemos camuflado bajo las promesas electorales de felicidad, bienestar, pobreza cero y caída de la inflación entre tantas otras. Hoy el macrismo está haciendo todo lo contrario a lo que prometió y estos elocuentes números de la evolución de la industria lo muestra con toda crudeza. Ni siquiera pudo avanzar -al contrario, está cada vez más lejos- en cumplir con el rimbombante y demagógico «unir a los argentinos» pues los está separando mucho más que antes. De la mano de Cambiemos se está agrandando aceleradamente la desigualdad económica entre los ricos, por un lado, y los sectores medios y bajos por otro. La destrucción del aparato industrial y la consiguiente la reprimarización de la economía -la producción de productos primarios con poco o nulo valor agregado- promueve sociedades más desiguales y atrasadas.
Los países más desarrollados son los que han apostado principalmente por la industria y la investigación en ciencia y tecnología, y para hacerlo se han protegido con barreras aduaneras. Hasta los países más liberales y admirados por los CEOs de este gobierno hoy practican ese pragmatismo. Pero acá las anteojeras ideológicas y la alianza con el FMI son más fuertes. Por eso el país está cada vez peor.