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Un estudio que marca un paso para adelante

Miembros de la consultora contratada por el anterior gobierno nacional para la realización de un estudio integral de la cuenca del río Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó visitaron la semana pasada el sector inferior de la cuenca, la más extensa de todas las que existen dentro del territorio argentino. Puede considerarse que la noticia tiene cierta entidad bajo dos aspectos: el primero es la condición de «integral» del estudio; la segunda el hecho que lo realice una consultora particular en lugar de una oficial, especialmente universidades, que cuentan con carreras afines y especialidades al tema a estudiarse. La segunda de las consideraciones se explica fácil -y un tanto irónicamente-cuando se sabe que el trabajo fue prohijado por el gobierno macrista, del que ya se conoce largamente su inclinación por lo privado…
En realidad, el estudio hace hincapié en un enfoque global, con especial consideración a los aprovechamientos de la cuenca (escenarios de gestión lo llama) con vistas a los usos, existentes o no, en las provincias de aguas abajo y determinar las causas por las que no se puede utilizar el recurso hídrico en esas áreas.
Se trata de un planteo perogrullesco, ya que la respuesta es sencilla y fácil de datar en tiempo y espacio: el aprovechamiento egoísta y desmedido que hacen las provincias arribeñas del recurso y, especialmente, de los afluentes que nutren al colector. Si, como es de esperar, la consultora profundiza los aspectos históricos y técnicos, verá que lo que hoy es un surco sometido a la erosión era hace poco más de un siglo un curso de agua con un caudal medio largamente superior al del río Colorado.
Más allá de esos lunares, no se puede dejar de considerar como positivo que el quehacer actual aparece como el complemento del estudio de una primera parte comenzada durante la gestión de Macri, cuando se la archivó tras las presiones políticas de las provincias cuyanas (vaivenes, las calificó piadosamente un funcionario pampeano) que aceptó el por entonces secretario de Recursos Hídricos de la Nación, de triste memoria por su ausencia cuando la audiencia de la Corte Suprema por el Atuel.
Con todo, y aunque el estudio tenga carácter global, es innegable que su reactivación sugiere una mirada más integradora, federal podría decirse, en la intención de crear una herramienta técnica que puede servir después como un elemento político destinado a darle un orden más imparcial a los caudales que resten, por cierto que no muy abundantes. Ese enfoque no hace solamente a los intereses pampeanos: recuérdese que la misma actitud irracional para con el agua desecó las grandes lagunas de Guanacache, de muy particular ecología en medio de los desiertos centrales del país. La misma suerte corrieron las integrantes del gran sistema de Puelches, las que tempranamente tuvieron aprovechamientos ictícolas, hasta que faltó el agua.
La finalización de este estudio -y se hacen votos para que se concrete-sería una forma de ver el país como una unidad (las cuencas suelen tener esa función) y no como una arrebatiña de intereses, desinteresados de los que llegan tras los primeros aprovechamientos. Sin embargo, el optimismo no debe opacar la realidad; por un lado seguramente hay que destacar la oposición de La Rioja, San Juan y Mendoza (que acaso con esta postura sume un motivo más para crear un país aparte, como amenazara poco tiempo atrás…). Pero además de los reclamos de los regantes -que son legítimos pero no pueden ser desmedidos-habrá que precaverse contra la oposición de los intereses mineros heredados del macrismo, responsables del desastre ecológico ocurrido en la alta cuenca del Desaguadero.
La solución a semejante problemática sería la constitución de un comité de cuenca, una entidad por la que viene bregando nuestra provincia, y de la que el presente estudio, si es objetivo y se concreta, marca un paso hacia adelante.