Un golpe a las economías regionales

El desarrollo de la industria de los biocombustibles fue una de las apuestas que el kirchnerismo hizo para apuntalar las castigadas economías regionales. La producción de bioetanol a partir de la caña de azúcar y de biodiesel con aceite de soja surgió como una alternativa productiva en los últimos años a partir de una legislación que protegía a las pequeñas y medianas empresas dedicadas a su fabricación y, a su vez, obligaba a las empresas expendedoras de combustibles de realizar “cortes” de la nafta y el diesel con el 10 por ciento de biocombustibles.
Se desarrolló así en las zonas productoras de los insumos básicos necesarios para la fabricación de este combustible vegetal, una incipiente industria que le dio valor agregado regional a la producción primaria de la caña de azúcar y de soja a la vez que permitía ahorrar combustibles fósiles que, como se sabe, integran el grupo de las energías “no renovables”, introduciendo un porcentaje creciente de un combustible que es, al contrario, renovable a partir de que su producción es el fruto de un cultivo.
Las petroleras resistieron siempre esa política nacional de desarrollo de los combustibles vegetales y de la obligación de tener que comprar biocombustibles a las pequeñas y medianas empresas argentinas que las producían. Su negocio es la refinación de petróleo y el porcentaje de “corte” de las naftas y diesel con derivados agrícolas atentaba contra su negocio.
Esas quejas, que el kirchnerismo no ignoró, han tenido ahora su correlato en una inconsulta medida del gobierno nacional donde las cosas han comenzado a cambiar en éste y otros aspectos desde la irrupción en el gabinete nacional de un empresario surgido de las filas de una de las empresas extranjeras que maneja buena parte del negocio petrolero y de los combustibles en la Argentina.
Pese a las promesas de apuntalar las economías regionales que el actual presidente hizo a las provincias durante su campaña, en la semana se supo que, a través de una resolución, dispuso una rebaja cercana al 30 por ciento en el precio del bioetanol y algo menor en el caso del biodiesel. La medida impacta de lleno en las economías regionales del noroeste argentino y del área pampeana donde la producción de ese alcohol derivado de la caña de azúcar genera decenas de miles de empleados directos y centenares de miles de empleos indirectos.
No fue sólo la contradicción de una medida que atenta contra las economías regionales que fueron uno de los caballitos de batalla para cuestionar al kirchnerismo, sino además por la forma inconsulta que se realizó en un gobierno cuyo discurso repite en cuanto micrófono se les pone delante que son el gobierno del “diálogo” y que vinieron a trabajar “juntos” para así cambiar el país.
Está claro que en esta oportunidad, como en un número creciente de medidas que el gobierno toma y, sin ir más lejos, en los anuncios de reforma laboral, no hubo diálogo ni intención de trabajar con los pequeños y medianos productores de las provincias.
Sí, en cambio, parece claro que la medida tiene nombre y apellido: el de las empresas petroleras aliadas al gobierno que a partir de ahora ahorrarán un 30 por ciento en la compra de ese combustible. Como es costumbre en esta era macrista, los diarios afines al gobierno informaron con bombos y platillos la reducción del uno por ciento en el precio de las naftas y relegaron al fondo de las páginas la noticia del impacto que tendrá en las economías regionales.