Inicio Opinion Un hilo conductor que marca un cambio de tendencia regional

Un hilo conductor que marca un cambio de tendencia regional

A DESOVILLAR

Entre las reuniones que Alberto Fernández mantuvo en México y la libertad de Lula en Brasil, se percibe un cambio en el continente, en el que la Argentina tiene un rol decisivo. Sin embargo, la gravísima situación boliviana indica que no hay una definición inequívoca, sino una disputa regional de resultado abierto.
POR HORACIO VERBITSKY
Entre las reuniones que Alberto Fernández mantuvo en México y la libertad de Lula en Brasil, hay un hilo conductor cuyo recorrido dibuja un marcado cambio de tendencia regional, en el que la Argentina tiene un rol decisivo. A los actores locales remisos a tomar nota, Alberto les dedicó su mensaje ante los secretarios generales de la CGT. Sin embargo, la gravísima situación boliviana donde se teme el derrocamiento por la violencia de Evo Morales, indica que no hay una definición inequívoca, sino una disputa regional de resultado abierto. Es imposible no vincular el nuevo alzamiento de la Media Luna boliviana, con la amenaza de la Sociedad Rural de volver a las calles si el futuro gobierno reimplanta las retenciones eliminadas por Maurizio Macrì y aumenta las de la soja.
En México, el presidente electo se reunió con el jefe de Estado, Andrés Manuel López Obrador pero también con dos funcionarios clave del gobierno de los Estados Unidos: el encargado del Hemisferio Occidental (como allí llaman a Subamérica y el Caribe) en el Consejo Nacional de Seguridad, Mauricio Claver, quien antes fue director por su país en el Fondo Monetario Internacional y el delegado del presidente Donald Trump para los asuntos vinculados con Venezuela, Elliot Abrams.
López Obrador comprometió su ayuda a la Argentina en materia comercial, donde hay un gran desequilibrio favorable a México, pero también su intercesión ante Trump por el trato a la Argentina en el FMI y para la designación del próximo presidente del BID. En principio, Macrì había acordado con Trump y con el presidente brasileño Jair Bolsonaro, que esa posición fuera ocupada por Rogelio Frigerio (n). El saliente ministro de Obras Públicas pidió el apoyo de Fernández para su postulación, pero el presidente electo le dijo que tenía su propio candidato, un hombre de su confianza que conoce muy bien el funcionamiento de esa entidad crediticia interamericana.

Hablar claro.
La reunión con el estadounidense de origen cubano Mauricio Claver fue gestionada por la embajada de Estados Unidos en México, que se comunicó en forma directa con Alberto. A diferencia de este encuentro, que fue público, el presidente argentino recibió a Abrams sin que trascendiera. En este caso, el vuelo del viejo halcón a México fue anunciado a Fernández por la oficina del Secretario de Estado, Mike Pompeo, quien es el único ministro de Relaciones Exteriores de su país que antes se desempeñó como Jefe de la CIA.
Con el presidente Ronald Reagan, Abrams fue subsecretario de Estado para asuntos Subamericanos, organizó a los contras y su financiamiento con recursos obtenidos mediante la venta de armas a Irán, pese a que estaba bajo embargo estadounidense. Abrams fue condenado por su participación en ese operativo clandestino, pero el presidente George Bush padre lo indultó. Con el presidente Bush hijo fue uno de los organizadores de los ataques contra Irak. Su designación a cargo de Venezuela, en enero de este año, pese a que en la interna republicana había militado duramente en contra de Trump, fue un anuncio de que Estados Unidos procuraba el liso y llano derrocamiento de Maduro. Pero esa estrategia fracasó, y eso fue perceptible en los encuentros con Fernández.
Se habló con gran sinceridad, con la presencia de sólo dos personas más: el futuro canciller argentino Felipe Solá y un empresario argentino que acompañó a Claver. Ese misterioso personaje cumple en la OEA el tipo de funciones que en otro tiempo desempeñó Luigi Einaudi. Con la diferencia de que el italiano era embajador de Estados Unidos en la OEA.
En una entrevista que le realizamos en Habrá Consecuencias, por El Destape Radio, Solá anticipó que la Argentina no canjearía su posición sobre Venezuela por apoyo estadounidense en las negociaciones con el FMI. Ninguno de los funcionarios estadounidenses lo planteó en forma tan cruda. Ambos siguieron un libreto común. Dijeron que el presidente Trump quería ayudar al futuro presidente en sus negociaciones con el FMI, y que necesitaba que tuviera éxito, en una región convulsionada por las rebeliones populares en Ecuador y Chile.
Acerca de la situación en Venezuela, ambas partes coincidieron en la búsqueda de una salida electoral, sin proscripciones. Pero los estadounidenses pretendían que el presidente Nicolás Maduro primero renunciara, que las elecciones fueran preparadas durante un año por un mandatario interino con supervisión internacional y que Maduro pudiera presentarse en igualdad con el resto de los aspirantes. Fernández les dijo que ése no era un planteo realista. El propio Abrams reconoció que Maduro retenía el apoyo del 35% de los venezolanos, incluyendo en esa suma un 15% propio y un 20% del chavismo puro y duro. Fernández también planteó la inutilidad del bloqueo económico que hace sufrir al pueblo y no tiene efectos políticos y sostuvo que para que la convocatoria electoral tuviera sentido, debía garantizarse que, en caso de derrota, Maduro y los miembros de su gobierno no fueran perseguidos.
Tuvimos una mala experiencia con el levantamiento del bloqueo- dijo Claver, nacido en Miami, de familia cubana. Ante la incomprensión de su interlocutor aclaró que refería a la decisión del ex presidente Barack Obama respecto de Cuba, que Trump rectificó.»Desde el punto de vista latinoamericano, el levantamiento del bloqueo a Cuba fue la mejor medida de política estadounidense hacia la región» repuso Fernández, quien se preocupó por aclarar que apenas conoció a Maduro durante una visita de Chávez a la Argentina, pero que no tenía relación con él.

Miami 2020.
Estos planteos de los funcionarios estadounidenses dan la pauta de la evaluación que hacen sobre el fracaso de las políticas tendientes al cambio de gobierno y lo que ellos llaman nation building. El título del presidente ante sí, Juan Guaidó, tiene tanto valor como el del zar Simeón de Bulgaria, quien pasó más de medio siglo en el exilio, hasta que en 2001 ganó una elección y gobernó como primer ministro durante cuatro años, caso único entre las monarquías pre comunistas. En 2005 fue derrotado y se retiró de la política. Ni las Fuerzas Armadas ni las masas se plegaron a los intentos de derrocamiento violento de Maduro, que incluyeron un atentado con cohetes desde drones. Tanto Claver como Abrams admitieron que el Grupo de Lima estaba muerto, pero pidieron que el nuevo gobierno argentino no protocolizara esa defunción con el anuncio de su retiro, lo que evidenciaría el fracaso de la estrategia desplegada por su gobierno. El interés de los emisarios guarda relación con la campaña para la reelección de Trump, quien dio cambio de domicilio a Miami, porque Florida es un estado clave para la definición electoral.
En lugar del Grupo de Lima, los estadounidenses aceptarían la constitución de un nuevo grupo de países que actúe como gestor de la solución, donde estarían representados México, la Argentina, otros países de la región y un par de naciones europeas, aunque sobre este último punto hay más dudas.
El diálogo con Abrams incluyó un repaso por la situación regional, en el que Fernández llamó la atención sobre la violenta represión de manifestantes pacíficos en Ecuador y acerca de la tremenda desigualdad en Chile, «El único milagro chileno es la paciencia que tuvo su pueblo», dijo el presidente electo argentino. Cuando señaló que el 1% de los chilenos acumulaban tanta riqueza como los tres deciles inferiores, Abrams reaccionó con incredulidad.
-No puede ser. Ni en Estados Unidos es así.
-Pero en Chile sí-respondió Fernández, quien zanjó la discusión mostrándole en su teléfono los datos oficiales que confirmaban su aserto.
No está claro si Abrams sabía que Fernández recibió dos llamados de su colega de Chile, Sebastián Piñera, quien lo invitó a que antes de asumir visitara su país. Fernández se rehusó, porque los anuncios de Piñera sobre un endurecimiento de las medidas represivas, van en la dirección contraria a la de sus ideas. En esas condiciones, no cree que su eventual visita vaya a ser de alguna utilidad para el mandatario.
Los estadounidenses también plantearon la situación en Bolivia. Fernández fue categórico: «Evo ganó las elecciones por más de diez puntos, y se están discutiendo décimas». Los acontecimientos posteriores, con el nuevo levantamiento de la Media Luna y los motines policiales, sugieren que no fue convincente. Es impensable que la emergencia del nuevo líder cívico Luis Camacho, bien al estilo del venezolano Guaidó, haya ocurrido sin intervención de la embajada estadounidense. Abrams, vale recordarlo, fue uno de los funcionarios de su país que avaló el golpe de 2002 contra Hugo Chávez. Las noticias que llegan desde La Paz dan a entender que Evo ha perdido el control de la calle y que los militares por ahora no se inclinan por reprimir la sublevación policial, cuyos líderes simpatizan con Camacho. El ex ministro del Interior de Evo, Hugo Moldiz, quien en mayo de 2015 debió renunciar por presión de la policía que resistió un plan de reestructuración, advierte que esta madrugada se prevé que el motín policial se extienda a La Paz, librando el camino para que los manifestantes de la derecha dura (y de la izquierda que imagina estar en vísperas de la revolución) ingresen a la casa de gobierno. Sólo podrían impedirlo los movimientos sociales que intentaban retomar el control de la calle, añadió Moldiz. Bolivia tiene un antecedente ominoso: el del fugaz presidente Gualberto Villaroel, un militar nacionalista al estilo de Perón, con quien estaba en contacto, que en 1946 fue derrocado por una turba que lo asesinó a puñaladas, lo arrastró por la calle y lo colgó en la Plaza Murillo.

Las carpetas de Macri.
Aún en la discrepancia, los diálogos de Alberto con Abrams y con Piñera fueron más lógicos que el que mantuvo con Macrì el 28 de octubre, en el que el presidente saliente sólo pareció motivado por sus intereses personales. Por ejemplo, dijo que se proponía transferir de la Nación a la Ciudad de Buenos Aires por decreto el puerto (a cuyo control aspira Nicky Caputo) y la Inspección General de Justicia, lo cual convertiría a la capital de la Argentina en una guarida fiscal. Alberto le dijo que no lo hiciera, porque en tal caso él anularía esos decretos al asumir. No lo mencionó en la reunión, pero también considera transferir del Poder Ejecutivo a la Cámara de Casación Federal el programa de protección de arrepentidos, tal como solicitaron algunos de los encuadernados por el doctor Glock y el fiscal Carlos Stornelli, quien teme una decisión en contra del consejo evaluador creado por el procurador interino Eduardo Casal.
Durante el desayuno en la Casa de Gobierno, Fernández reclamó que Macrì terminara con las falsas acusaciones por corrupción contra Cristina y le advirtió:
-AF: Los mismos jueces que usaste para perseguir a la oposición se van a encarnizar con vos cuando dejes el gobierno.
-MM: Yo nunca hablé con un juez para pedirle que persiga a nadie.
-AF: Lo hicieron otros en tu nombre: Garavano, Pepín, De Andreis, Torello. ¿Vos nunca te enteraste de nada?
Macrì minimizó la mayoría de las causas y negó seriedad a uno de los denunciantes, el diputado Rodolfo Tailhade.
-¿Vos me querés decir que las denuncias de Elisa Carrió son más serias?, respondió Fernández.
El primer presidente latinoamericano que fracasa en su intento de reelección sí se mostró inquieto por cuatro de las causas que lo comprometen y había preparado una carpeta con sus explicaciones sobre cada una de ellas: el Correo Argentino, el soterramiento del tren Sarmiento, los parques eólicos y las autopistas por peaje. Antes de terminar su mandato, Macrì intenta aliviar su situación en esos expedientes. En la del Correo, la estrategia sigue siendo apartar a como dé lugar a la fiscal Gabriela Boquín.

Operaciones que se derrumban.
A la antológica definición de Luis Majul sobre un empate técnico en las elecciones presidenciales han sucedido deslizamientos que buscan cierto equilibrio entre el irrenunciable desgaste del presidente electo y la necesidad de evitar el ridículo autodescalificatorio. El más original fue el gurú fallido Miguel Ángel Broda, para quien Fernández «le sacó a Macri ‘sólo’ 8 puntos porcentuales».
Como de costumbre, el único analista de la corriente principal que no retaceó importancia al resultado electoral de octubre fue Rosendo Fraga, cuya honestidad intelectual lo lleva a definirse como de centro-derecha. En su informe de noviembre dijo que «el mundo interpreta que ganar en primera vuelta por ocho puntos de ventaja es un triunfo contundente», y también consideró un éxito el llamado de Trump.
Nadie lo ha dicho, pero ese contacto fue gestionado por un rabino, del sector mayoritario de la colectividad judía que desea una pronta renovación de la dirigencia de AMIA y DAIA, que quedó irremisiblemente pegada al gobierno saliente, incluso como punta de lanza en sus políticas más controvertidas. Su desorientación se explicitó en la comida anual de esta semana, donde el presidente de AMIA, Ariel Eichbaum, instó al próximo gobierno a mantener la política del actual respecto de lo que llamó «la lucha contra el terrorismo», una grosera presión, equivalente a la de los bancos extranjeros que pidieron la confirmación de cuatro funcionarios jerárquicos de la gestión de Maurizio Macrì: Guido Sandleris, Emilio Basavilbaso, Mariano Federici y Leandro Cuccioli, nada menos. Del mismo modo, Macrì cree que puede liderar la oposición e incluso pretende colocar en la presidencia del PRO a Patricia Bullrich, quien negocia en Israel la compra de nuevos artefactos para el espionaje político, del tipo de los que se utilizan en forma desembozada en la serie de HBO Our Boys, una obra de propaganda sobre el conflicto israelo-palestino.
Esas operaciones se derrumban una tras otra frente a los duros hechos. Lo mismo ocurre con la fisura entre el presidente electo y su vice.

La guerra judicial.
Las definiciones de Alberto Fernández durante su visita a México, en la entrevista que concedió a Rafael Correa para la televisión rusa, en el encuentro de los miembros del Grupo de Puebla y ante los secretarios generales de los sindicatos de la CGT, no dejan margen a la especulación.
El ex presidente ecuatoriano conduce un programa en las emisiones en castellano de la televisión rusa. En respuesta a sus preguntas, Alberto Fernández impugnó la política judicial seguida en toda la región para sacar de juego a los líderes progresistas o populistas, como el propio Correa, Lula y Cristina. El mismo mensaje transmitió ayer al inaugurar las deliberaciones del Grupo de Puebla, en el que se alistan dirigentes progresistas opositores a los gobiernos de Brasil, Chile, Colombia y Ecuador y donde se proyectó el primer video grabado por Lula en libertad. Fernández recordó que cuando decidió visitar a Lula en su celda de Curitiba durante la campaña electoral hubo quienes le dijeron que no convenía, pero que él no hacía lo conveniente sino lo necesario, que es estar junto a los perseguidos en forma injusta. Entre ambas reuniones, visitó la CGT, donde se reunió con los secretarios generales de los gremios que la integran. Antes de comenzar preguntó por qué no estaba Hugo Yasky, el secretario general de la CTA que en el plenario realizado en Lanús con presencia de Alberto, anunció que comenzaba el proceso de negociación para el reintegro de la CTA a la CGT. Los cegetistas le explicaron problemas burocráticos que lo dificultan, pero Fernández repuso que esa unidad era imprescindible, que comprometería para ello la acción de su gobierno y le transmitió al secretario general Héctor Daer que él no podría participar del acto si la conducción cegetista no hacía una referencia explícita a la central creada durante el menemismo para oponerse al plan de privatizaciones. El propio Daer cumplió durante sus palabras introductorias con el pedido de Alberto. Cuando tomó el micrófono, Fernández dijo que su victoria fue posible «porque nos unimos. El secreto de este triunfo no es otro que la unidad y el esfuerzo particularmente de Cristina, porque ella es la esencia de este triunfo que hoy tenemos».
Ni La Nación ni Clarín ni Perfil destacaron ese párrafo del mensaje. Quien quiera oír, que oiga.