Un hombre de su tiempo

A 50 AÑOS DEL ASESINATO DE ERNESTO CHE GUEVARA

Hace medio siglo, en 1967, caía en combate Ernesto Guevara de la Serna. A pesar de todos los intentos por
desdibujar su figura, por separar aquel pasado de este presente, el Che regresa una y otra vez. Como ahora,
cinco décadas después de su asesinato.
EDUARDO LUCITA*
¿Qué es lo que hace que historiadores, periodistas, políticos, intelectuales, cineastas… vuelvan una y otra vez a estudiar y analizar su breve y meteórica vida revolucionaria? ¿Qué es lo que lleva a que su nombre y su imagen aparezcan enarbolados, tanto en manifestaciones como en canchas de fútbol, por crecientes franjas de la juventud?
Seguramente su heroísmo sin límites, su desprendimiento de todo lo material, su lucha denodada por destruir un sistema injusto y construir una sociedad más humana. Sus facetas más conocidas estimulan esas actitudes: el “guerrillero heroico”, el “aventurero rebelde” el “internacionalista consecuente”, todo eso fue, pero también fue un hombre de ideas.

Un hombre de su tiempo.
Internarse en el mundo de ideas guevariano requiere pensar en la utopía de su tiempo -que fue también el nuestro- y colocar a Guevara en el contexto de la teoría y de la práctica de la revolución latinoamericana, de las ideas y las concepciones que emergían del proceso revolucionario y que se entrecruzaban, en complementación y disputa, con otras ideas y corrientes en tensión por los acontecimientos que recorrían el mundo de ese entonces.
Es en ese curso de la historia mundial y latinoamericana en que deben inscribirse las ideas y el pensamiento de Ernesto Guevara, surgidos al calor de la revolución cubana, en el seno de su dirección y del joven partido comunista nacido después de la revolución.
La particularidad de las mismas radica en que se fueron elaborando en el combate diario por la construcción de una sociedad distinta y en la confrontación con el marxismo de manual, con el “escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la teoría marxista”, con la vulgarización de un pensamiento que, nacido libertario y creador, resultó convertido en dogma fosilizante.

Un pensador rebelde.
En esta breve nota -recuerdo/homenaje- queremos ir al encuentro de una de sus facetas más creadoras, tal vez poco conocida, pero no menos importante. Se trata de ir al rescate del Che como hombre de ideas, portador de un pensamiento crítico, rebelde e insurgente.
Lo primero que encontramos en él es la revalorización del humanismo marxista, que fuera sepultado durante décadas por la escolástica estalinista, y que está en el centro de su universo de ideas y preocupaciones, en su visión revolucionaria del mundo. Para él se trataba de construir “un sistema marxista, socialista, coherente, o aproximadamente coherente, en el que hemos colocado al hombre en el centro, en el que se habla del individuo, de la persona y de la importancia que este tiene como factor de la revolución”.
Cualquiera sea el ángulo desde el cual se intente abordar la lectura de sus textos e intervenciones hay un vértice de atracción, un hilo conductor que recorre cada uno de los momentos de su vida revolucionara -en la lucha contra el reformismo, en la conquista del poder, en la construcción del socialismo, en la dinámica de la revolución mundial- y ese punto de atracción es el hombre, el hombre nuevo como hacedor de historia y artífice de las transformaciones sociales.
Pero el horizonte de ideas guevariano no se detenía en la articulación de recursos escasos y necesidades amplificadas, propio de todo período de transición. El socialismo como simple método de reparto social, como nueva conciencia productivista, no le interesaba, sí le interesaba como una concepción capaz de potenciar las posibilidades del proceso de transformación en ese período.
Arturo Guzmán, ex ministro de Minería y Metalúrgica de Cuba, sintetizaba así su visión del Che: “en su prédica constante sobre la necesidad de formar un hombre nuevo, el hombre producto del socialismo y constructor del comunismo, que viviera para y por la sociedad, Guevara plantea el desarrollo de la conciencia como el único camino posible que conduce a la nueva sociedad. Plantea que con las armas melladas del capitalismo el socialismo no puede formar a su hombre; que el estímulo material es un mal necesario, pero al que hay que erradicar definitivamente; ningún hombre consciente puede ser sustituido por hombres que se muevan empujados por estímulos materiales. Viéndolo en perspectiva histórica el hombre nuevo ya es viejo para él; en su propia vida vemos las virtudes que él pregona necesariamente para ese nuevo ser social”.

Filosofía de la praxis.
Lo paradojal es que Guevara no era un teórico, no disponía de una formación rigurosa y conocía poco, y tal vez mal, las diversas corrientes y posiciones históricas que se confrontaron en el movimiento comunista internacional. No era un teórico, se elevaba desde la práctica para mejor comprender y extraer las conclusiones teóricas sin prejuicio alguno. Se fue forjando en esa “escuela del hacer”, que ejercitaba como pocos, en la que construía a pasos acelerados su pensamiento. Su honestidad intelectual para sacar conclusiones sin prejuicio alguno lo llevó a enfrentarse -a medida que tomaba contacto con realidades que desconocía- con el marxismo de manual, con las burocracias de Estado del Este y de la propia URSS.
Disputaba por la implantación de una cultura solidaria a la par que era portador de un nuevo estilo, franco, punzante, autocrítico, como cuando reconoció públicamente sus errores al forzar la industrialización acelerada o la escasa participación de los obreros en el control de las fábricas.
Antidogmático por excelencia, libertario en sus concepciones, antiburocrático en la gestión, coherencia política y moral, estilo autocrítico, directo y frontal. Son atributos de su acción que acompañaban la preponderancia casi excluyente que le daba a la formación de conciencia. Ese estilo lo tornaba incontrolable para la vieja guardia estalinista del PSP (Partido Socialista Popular), que buscaba recortar su poder y descalificarlo. Filosofía de la praxis / pensamiento crítico / socialismo revolucionario, son los ejes que han recorrido todo su pensamiento.
Portador de una inmensa voluntad que muchas veces rozaba con el voluntarismo, de una fuerte preocupación por promover la participación de las masas, para lo que depositaba una excesiva confianza en el ejemplo moral de los dirigentes -como portadores de fe y generadores de voluntad colectiva- del cual su propia vida era más que emblemática. Portador también de una impaciencia revolucionaria que lo llevaba a forzar muchas situaciones.

Ilumina con luz propia.
Cualquiera sea el balance que se haga de su corta y meteórica vida política militante no puede desconocerse que sus ideas tuvieron -y tienen- el valor de haber revalorizado las potencialidades creadoras de un marxismo vivo y abierto. Sus concepciones éticas y humanistas son hoy -cuando el capitalismo demuestra que la corrupción y la pérdida de valores es esencial a su lógica interna y se declara incapaz de dar respuestas a las necesidades crecientes de la humanidad- profundamente subversivas. Tal vez aquí se encuentren las razones del regreso de su pensamiento rebelde e insurgente.
Si cincuenta años después, con la distancia que el tiempo pone respecto de las pasiones y de las luchas de ese entonces, intentamos una revalorización del Che es porque pensamos que es posible considerar el conjunto de su pensamiento como un aporte a la refundación del marxismo moderno y una recuperación de los aspectos centrales del pensamiento marxiano.
Desde esta perspectiva fue un hombre de su tiempo pero que nos ilumina con luz propia el presente.

* Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).