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Un hombre que honró a la política

PUNTO DE VISTA

HECTOR GOMEZ
Ha muerto un hombre que honró a la política argentina como pocos. Miguel Lifschitz a los 65 años desapareció de la escena provincial y nacional. No tenía que fallecer, como no tuvieron que hacerlo los más de 60.000 argentinos que ya no están.
Su muerte es injusta, no tenía edad para morir, es injusta porque era un hombre dedicado a la función pública en importantes cargos, en todos los cuales tuvo un desempeño adecuado, a la antigua, donde el comportamiento digno era fundamental. Es injusta porque tenía aún mucho para ofrecer. En una política degradada era una «rara avis», dedicaba su tiempo en favor de los otros, especialmente de los menos favorecidos. No buscó réditos económicos ni honores, solo buscaba desde la función pública ejercer la mejor política, aquella que busca el progreso social y económico de todos por igual. Provenía del viejo tronco socialista de Palacios, Alicia Moreau de Justo, revivido por la pertinaz militancia de Estévez Boero.
Conocí ocasionalmente a su padre en mi ciudad natal a los 14 años, prestaba su oficina para que los estudiantes de la vieja Federación Rosarina de Estudiantes Secundarios (FRES) nos pudiéramos reunir.
Fue un gran intendente y un gran gobernador, la alianza Socialista-Radical produjo profundos cambios en Rosario y en la provincia de Santa Fe, un verdadero ejemplo de la buena administración y progreso.
Murió porque no estaba vacunado, prefirió esperar el turno y desechar el ofrecimiento de adelantarse. Prefirió asumir un riesgo personal y conservar sus convicciones más íntimas.
Será recordado no solo por su acción de gobierno sino también por su comportamiento ético. Dejó la vida en aras de sus más profundas convicciones.
Políticos como Miguel Lifschitz son indispensables para sanar una Argentina tan dañada.