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Un homenaje a la unidad

I. El gran acto que organizó el peronismo nacional en Santa Rosa presentó varios condimentos fuertes. En primer lugar se trató del cierre de campaña para la fórmula presidencial del Frente de Todos en coincidencia con el Día de la Lealtad, fecha emblemática para la militancia. Asimismo constituyó un reconocimiento explícito al PJ pampeano por su temprana -y exitosa- apuesta a la unidad y al armado de un frente que Carlos Verna se encargó de destacar mencionando los nombres propios de todos los aliados. También debe incluirse en este punto el reconocimiento al primer triunfo del PJ logrado en una provincia en los albores de este agitado año electoral.
Pero hay otras aristas que también estuvieron presentes en el acto: mostrar al peronismo como un Ave Fénix que logra renacer de sus derrotas y fuertes divisiones merced a una capacidad de reconstruirse que a esta altura es innegable. La expresión «tragarse sapos» que expresamente citó en su discurso el gobernador pampeano tiene directa relación con este proceso de alineamiento de planetas internos que dejaron sus órbitas erráticas para encolumnarse tras un único liderazgo y volver al ruedo desde una posición de fortaleza.

II. Hay una larga historia de encuentros y desencuentros que avala esta observación. En las últimas décadas, a cada derrota siguió un triunfo inmediato en cuyo intervalo el peronismo supo manejar sus fuertes tensiones internas, superarlas, reagrupar fuerzas y volver al gobierno. A saber: De la caída ante Raúl Alfonsín en 1983 a la victoria de Carlos Menem en 1989; del traspié ante De la Rúa en 1999 al logro de Néstor Kirchner en 2003; y del fracaso ante Mauricio Macri en 2015 a esta casi segura victoria en 2019 con los dos Fernández a la cabeza.
Con sus singularidades, estas tres etapas tuvieron puntos en común, como el hecho de que los procesos de descomposición lograron ser restañados. En nuestra provincia el peronismo supo de esos enfrentamientos que llegaron a extremos «salvajes», como lo reconoció el propio gobernador en su discurso. Vernistas y jorgistas no se dieron tregua durante largos años y llegaron a 2015 tan enfrentados que perdieron nada menos que la comuna de Santa Rosa.
A nivel nacional las convulsiones no fueron menores. Tanto en el Congreso como en las gobernaciones provinciales el PJ se convirtió en un rompecabezas fragmentado con acusaciones recíprocas de todo calibre. Tan mal parado llegó a estar que, hasta la crisis de 2018, todos descontaban la reelección del macrismo a pesar de haber aplicado una durísima receta neoliberal con gran incremento del desempleo y la pobreza.
Pero no fue hasta la jugada de ajedrez de CFK que se abrió la puerta hacia la unidad partidaria al ceder el primer lugar de la fórmula presidencial a Alberto Fernández, quien luego sacó a relucir su capacidad negociadora para reunir a todas las tribus dispersas, restaurar la paz interior y devolver la esperanza en un triunfo.

III. El acto a orillas de la laguna santarroseña mostró con elocuencia ese armado, y así se pudo apreciar en la foto de tapa de este diario con la dirigencia reunida en primer plano en un marco de militancia multitudinaria. Solo sectores marginales quedaron afuera y jugando en otros espacios, el grueso se encolumnó detrás de «los Fernández» y hoy hasta los encuestadores más cercanos al gobierno vaticinan que el Frente de Todos volverá a repetir el holgado triunfo de las PASO.
Si a alguien se le hubiera ocurrido rebautizar el acto y denominarlo «el día de la unidad» no habría recibido demasiadas críticas. Eso es lo que quedó plasmado con mayor fuerza la tarde del jueves, incluso en los discursos que, más allá de los matices propios de cada orador, apuntaron a destacar el proceso de reunificación que convierte a la elección del 27 de octubre poco menos que en un trámite para posibilitar el regreso del peronismo a la Casa Rosada.