Un monumento

Cuando se escriba la historia del Poder Judicial pampeano será imposible no hablar del caso Sergio García. Todavía más, ese caso deberá ser presentado como el que constituyó una de las manchas más agraviantes de la historia judicial pampeana, la que mostró con crudeza inigualable los niveles de insensibilidad a que puede llegar un poder del Estado. La burocracia estatal, en su más amplio sentido, es pródiga a la hora de presentar ejemplos de maltrato a las personas. Muchos casos han merecido la atención del periodismo a causa del daño que han llegado a provocar a las víctimas de la insensibilidad del funcionariato. Sin embargo cuesta encontrar un ejemplo que alcance el extremo de crueldad que encierra este caso.
Cada vez que Sergio García es noticia, lo es por alguna novedad adversa. Y hoy vuelve a ocurrir lo mismo. Acaba de ser internado en uno de los hospitales públicos de la ciudad a causa de un problema de salud, problema originado por permanecer casi a la intemperie, con el solo resguardo de una carpa en este invierno gélido. Tanto tiempo sentado en una silla que no es la adecuada y viviendo en las condiciones tan degradantes que debe soportar han mellado su cuerpo. Pero ante la adversidad, la mayor preocupación de este hombre que sufrió un accidente que lo dejó parapléjico, es que, otra vez, la burocracia estatal le juegue una mala pasada y ordene retirar del lugar sus pocas pertenencias. Recordemos que se encuentra apostado en el playón de los tribunales en reclamo de justicia, esa justicia que se le viene negando desde hace más de un lustro. Recordemos también que los responsables de su accidente fueron el Estado -municipal y provincial- y una empresa constructora privada.
El mayor acto de justicia -además del resarcimiento económico que espera desde hace años- hoy debería ser el de erigir un monumento, en un lugar bien visible y delante de la fachada de la Ciudad Judicial, que represente al propio Sergio García mirando hacia los altos ventanales, demandando con su mirada la clemencia de los jueces que desde hace tanto tiempo le viene siendo negada.

Bomba de tiempo
El objetivo más importante del nuevo acuerdo con el FMI no es el desarrollo del país sino asegurarle a los acreedores externos el cobro de la sideral deuda contraída por el macrismo en sus dos años y medio de gobierno. El que crea otra cosa se equivoca. El Fondo no es una organización benéfica que promueve el desarrollo sino un recio gendarme que cuida los intereses del sistema financiero global.
Según el Observatorio de la Deuda Externa de la UMET (Universidad Metropolitana del Trabajo) al terminar este año la deuda externa argentina sumará 349 mil millones de dólares, lo que equivale al 82 por ciento del PBI. Desde que asumió el macrismo comenzó un frenético proceso de endeudamiento y Argentina es el país que mayor deuda contrajo en este período. También es el que más altas tasas de interés ofrece a los capitales de todo el mundo, de ahí que se haya convertido en el mayor casino para esos poderosos especuladores globales. La bicicleta financiera ha estado alimentando la deuda y facilitado la fuga de buena parte de los miles de millones de dólares que se tomaron en nombre del Estado argentino.
La partida presupuestaria más grande es la destinada al pago de los intereses de la deuda; y el año que viene esa situación empeorará. El ajuste implacable que empieza ahora para garantizar el pago de la fiesta del endeudamiento estará vigilado muy de cerca por el FMI, con lo cual habrá recortes muy pronunciados en salud, educación, obras públicas, etc.
El presidente norteamericano entre 1797 y 1801, John Adams, dijo cierta vez que hay dos formas de someter a un país: por las armas o endeudándolo. Las experiencias anteriores de Argentina con el Fondo y las de muchos otros países nos dicen cuán certeras fueron aquellas expresiones.