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Un nuevo caso de explotación

La pandemia que afecta al país y al mundo ha puesto al descubierto las graves falencias que presenta la sociedad humana, las conductas abusivas de los poderosos sobre los débiles y las reacciones insólitas de gobernantes y gobernados. Los ejemplos son múltiples pero por citar algunos podría recordarse que van desde los suicidios paranoicos en EE.UU. hasta la orden de disparar a los contagiados en un país de Oceanía; desde el pavoroso espectáculo de los muertos insepultos en las calles de Guayaquil, Ecuador, hasta el autoritarismo sin límite que muestra a diario el presidente de Brasil.
En nuestro país, afortunadamente, no se ha llegado a tamaños extremos aunque, más allá de los desacuerdos y polémicas en torno a la pandemia, se han puesto de manifiesto algunas conductas reprobables que parecen estar latentes a la espera de una posibilidad de manifestarse. Un ejemplo ocurrió en nuestra provincia con el intento de entrada clandestina de un grupo de obreros del norte del país transportados en el interior de un furgón cerrado, en condiciones que no es exagerado calificar como infrahumanas.
El hecho, al margen de su sordidez (viajar más de mil kilómetros sin disponibilidades elementales, en una época de temperaturas bajas) habla también de la conducta inescrupulosa y abusiva de los responsables de semejante operativo de traslado para con los trabajadores, como también su indiferencia con relación al alto riesgo que implica transportar personas en esas condiciones desde una provincia muy afectada por el Covid-19 como lo es el Chaco a otra que tiene, como la nuestra, condiciones sanitarias muy diferentes.
El justificativo de esa forma de trasporte que ofrecieron los representantes de la empresa que llevó a cabo el traslado de los operarios (y que es también la usufructuaria del campo donde se habría efectuado el trabajo) no suena creíble. Dictaminada la obligada cuarentena por el personal de epidemiología la firma responsable de la tarea y el transporte no quiso hacerse cargo de los gastos que demandarían para alojar al contingente un hotel. La situación de vulnerabilidad e indefensión en que se encuentran los trabajadores lo muestra el hecho de que, consultados por las autoridades intervinientes, ninguno de ellos se atrevió a realizar una denuncia sobre el maltrato que padecieron.
Otro aspecto a tener en cuenta en este caso es que si la tarea que motivaba el viaje era realizar un desmonte, la cantidad de personas induce a pensar en una superficie de bosque muy considerable. Los promotores de la tarea y del viaje ¿contaban con la autorización de la Dirección Provincial de Bosques? Es otra cuestión que deberán abordar quienes investigan el caso.
La historia suele presentar repeticiones tan crueles como irónicas; este grave suceso recuerda inmediatamente el resonante caso de «un soldado y dos caballos» ocurrido en la década de los ochenta y que trascendiera por este diario. A pesar de las décadas transcurridas, los comportamientos abusivos de los que detentan una posición de poder continúan, aunque en este caso el origen está en las relaciones socioeconómicas profundamente asimétricas entre poderosos empresarios y humildes jornaleros.